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[Especial] Entrevista a Martín Kohan, autor de Bahía Blanca

El enamorado absoluto une la más radical necesidad de olvido con la más radical imposibilidad de olvido

 

Bahía Blanca (Anagrama, 2012) es la más reciente novela del escritor argentino Martín Kohan (Buenos Aires, 1967). Se trata de una novela de silencios, que nos habla de un profundo desamparo, una tristeza que se ve reflejada en la desolación de una ciudad, que como nos dice el autor, funciona como un reflejo de lo que el protagonista, Mario Novoa, necesita para olvidar, para empezar de cero. Porque así empieza Bahía Blanca, con Mario, un personaje que nos habla directamente y nos cuenta que se va a esta ciudad industrial del sur argentino (Bahía Blanca), pero jamás nos explica por qué y para qué.

Platicamos vía correo electrónico con Mario Novoa, autor de La pérdida de Laura, El Informe y Ciencias Morales, sobre Bahía Blanca y la tristeza que parece impregnar las páginas de su libro más reciente; esto fue lo que nos platicó.

Javier Moro Hernández (JMH): Martín, quería empezar por preguntarte cuál fue el génesis de Bahía Blanca, de dónde surgió la idea de escribir esta novela.

Martín Kohan (MK): Bahía Blanca no surgió de una idea, sino de varias, como suele ocurrirme cuando se trata de novelas. En parte surgió de la intención de construir una situación de negación total, o un personaje que fuese un negador perfecto. La pensé, en ese sentido, como una especie de épica del olvido; es decir, suponiendo que lanzarse a olvidar puede ser también una aventura (pero una aventura inmóvil, aquietada, desatenta). Pensé en un personaje que se decide a olvidar y lo consigue: olvida; pensé en colocar al lector ante la situación de contemplar esa proeza de olvido sin dejar que se enterara de qué era lo que se estaba olvidando. Bahía Blanca surgió también de Bahía Blanca, una ciudad que queda al sur de la provincia de Buenos Aires, o mejor dicho, de la mitología adversa que pende sobre esa ciudad: el mito de ciudad maldita, ciudad de mala suerte, ciudad de negatividad; creencias que el personaje convierte en un valor absoluto: ésa es la ciudad a la que él quiere ir, ésa y no otra. La historia que el personaje olvida, y que en un momento determinado va a irrumpir en su logrado olvido y va a tener su desarrollo en la novela, es ante todo una historia de amor. Bahía Blanca es a mi juicio una historia de amor.

JMH: Una de las primeras impresiones que se me quedaron después de leer Bahía Blanca es la idea de la desolación: las primeras imágenes que tengo de la ciudad es que a pesar de cierta actividad externa, ésta en realidad nos oculta una desolación interior, que además funciona un poco como metáfora sobre el estado de ánimo del personaje principal, Mario Novoa.

MK: Creo, en efecto, que Mario Novoa es un personaje particularmente desolado (noto que casi todos mis personajes lo son, y no porque me haya propuesto insistir sobre eso: me salen, o se me imponen, esos tipos solos, más bien amargos, no del todo decadentes pero sí asomados a lo que será su decadencia). Es un solo de verdad: aislarse es lo que mejor le sale. Comparto tu idea: la ciudad se ve desolada porque él es un desolado. No termina de trabar relación con nada, tampoco con la ciudad.

JMH: En el mismo sentido, me parece que la aparente decrepitud y frialdad de Bahía Blanca funcionan para ocultar a los lectores lo que realmente le está ocurriendo, lo que realmente está pensando Mario

MK: Bahía Blanca es en Bahía Blanca tan sólo lo que Mario Novoa imagina. No creo que convenga hacer una lectura realista al respecto: Novoa precisa ponerse “en blanco”, borrarlo todo, negarlo todo; y cuando llega a la ciudad la hace funcionar tal como él la necesita (que es como la novela la necesita, por otra parte). No le pide a Bahía Blanca otra cosa que eso: concederle la ilusión de poder vivir como si nada le hubiese pasado antes. Lo entendemos un poco más adelante, cuando tiene que dejar Bahía Blanca y nos enteramos de qué era lo que le había pasado antes.

JMH: Martín, quería preguntarte si te gusta el cine y qué tipo de cine ves.

MK: Me gusta el cine, y puedo llegar a disfrutarlo mucho; aunque no siempre tengo ganas de ir al cine y ver una película, no siempre me siento en condiciones de estar sentado y en silencio durante dos horas: a veces no puedo. Cuando sí puedo, pueden llegar a atraerme distintos tipos de película, aunque tiendo a preferir las de atmósfera más que las de trama. Puedo mencionarte la última que vi, y que va exactamente en la dirección que señalas: Le Havre, de Kaurismaki.

JMH: Te pregunto lo anterior porque tu novela me recuerda mucho a cierto cine nórdico, de tomas largas, descansadas, sobre ciudades aparentemente vacías, en donde lo que ocurre es al interior; al interior de los muros, pero también al interior de los personajes, y me llama la atención esta característica de tu prosa, que nos recuerda más a un cineasta noruego que a un escritor latinoamericano.

MK: Debo decir que tengo muy presente situaciones o escenas de películas cuando escribo; pero muy a menudo no sé ni intento saber a qué película corresponden exactamente. Me vienen a la mente y trabajo con encuadres o ángulos o amplificaciones detallistas que sé que me vienen del cine, sin saber de qué film o director exactamente.

JMH: ¿Qué significa el sur en la literatura argentina?, sí acaso significa algo.

MK: El sur significa varias cosas en la literatura argentina. De modos diversos, y bajo estéticas diversas, diría que es un espacio siempre mitológico y a la vez una promesa de poder llegar a tener una vida distinta de la que se tiene. Y eso vale tanto para un cuento como “El sur” de Borges, como para el héroe de El juguete rabioso de Roberto Arlt. Dos textos por demás disímiles de dos escritores por demás disímiles, pero que coinciden precisamente en eso: sus personajes sienten que podrán vivir, o morir, de una manera distinta y hasta mejor, si dejan todo y se van al sur.

JMH: ¿Cómo visualizas tú a Mario Novoa?

MK: Para mí Mario Novoa es el enamorado absoluto: el que une la más radical necesidad de olvido con la más radical imposibilidad de olvido. También es el que actúa con la convicción de que no hay nada que el amor no justifique. Y también es el que no soporta la fatalidad del desacople entre el amor y el tiempo. ¿Cómo puede ya no querernos más una persona que alguna vez nos quiso tanto? ¿Cómo podemos ser ya nada para ella, si alguna vez lo fuimos todo?

JMH: Martín, en el marco de la soledad en la que vive Mario, los encuentros casuales rompen de cierta manera su rutina, pero también sus intenciones, pienso en el encuentro que tiene en Bahía Blanca con Ernesto Sidi, antiguo compañero de trabajo y amigo. Pienso también en su vecino de Bahía Blanca, en la chica que encuentra sus documentos; son personajes que rompen de cierta manera su cotidianeidad, su forma de pensar, pero que no terminan de sacar del todo a Mario de su ensimismamiento.

MK: Efectivamente, Mario Novoa no deja de encontrarse con unos o con otros, y de hecho la novela en su primera parte se construye sobre ese mundo de soledad interferida o interrumpida. Pero como nada de eso deja de sentirse como una interferencia o como una interrupción, el imperio de la soledad es lo que se impone. Luego, cuando lo negado aflore, cuando lo olvidado vuelva, sabremos un poco mejor por qué: Mario Novoa es un abandonado, y por lo tanto nada puede expresarlo mejor que la soledad.

JMH: Me llama mucho la atención ese ensimismamiento de Mario, que se acerca en muchos sentidos a la obsesión.

MK: La obsesión es una marca que mi escritura ha impreso sobre otras novelas. En Ciencias morales, por ejemplo, eso está; en Cuentas pendientes yo creo que también. Mis personajes se aferran a los detalles como si sólo en los detalles pudiese alojarse una verdad, y luego insisten sobre esos detalles como se insiste con lo que se siente verdadero. También creo que esa obsesividad encuentra su mejor lugar en Bahía Blanca, justamente porque es una novela de amor. Amor obsesivo es una redundancia, ¿o no? La forma en que escribo encontró por fin su tema.

JMH: Martín, para terminar, ¿qué diferencias encuentras como autor entre Bahía Blanca y tus obras anteriores?

MK: Dos cosas: una es que me decidí por fin a escribir una novela de amor; la otra es que me permití ser más autobiográfico en Bahía Blanca que en cualquiera de mis novelas anteriores (lo que no implica que sea completamente autobiográfico, como entenderá quien la lea). Y tal vez una tercera cosa: me parece que lo que he venido buscando con la escritura a través de distintos textos, lo encontré en Bahía Blanca.


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Javier Moro Hernández

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