Opinión

Medición de las anormalidades democráticas / El Apunte

Después de 10 años de presentar la medición del índice de desarrollo democrático en América Latina, el nuevo IDD de la Fundación Konrad Adenauer, no es portador de buenas noticias. Superada la crisis económica internacional, la recuperación de índices económicos y sociales no ha estado acompañada por una mejora en los indicadores de democracia para los ciudadanos, ni en la calidad institucional, que son pilares fundamentales del desarrollo democrático.

Brasil y México, los dos países más grandes, junto a otros más pequeños de América Latina, no han logrado superar su fuerte clima de violencia e inseguridad, presentando un alto número de víctimas. Esta situación afecta derechos y libertades fundamentales, e incluso impacta –por acción u omisión– en el sistema político institucional.

Si el mejor país tiene un 10 en el IDD, México se encuentra con una calificación menor a cinco, habiendo presentado un 6.5 en el 2009. En el último año, México ha caído un 9.7 por ciento en su IDD. Se encuentra entre aquéllos que no logran “mejorar su calidad institucional y eficiencia política”. La desigual distribución de oportunidades en América Latina, implica, por ejemplo, que el acceso a los servicios educativos, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, es escaso para los sectores de ingresos medios y bajos de la región. Hoy nos enteramos de que medio millón de mexicanos que deseaban acceder a la educación profesional se quedaron afuera de las universidades públicas, entretanto 1 millón de hectáreas se quedó sin sembrar, mismas donde se podrían haber producido los más de 11 millones de toneladas de alimentos que importaremos este 2012 para comer.

México bajó su calificación en materias como derechos políticos; condicionamiento de libertades y derechos por inseguridad y percepción de la corrupción.  Además, no mejora en materia de género en el gobierno, libertades civiles, ni en anormalidades democráticas. Ha mejorado su matriculación en secundaria y ligeramente el PIB per cápita.

Las cosas no son normales, ni deseables. Recientemente la CEPAL reiteró la necesidad de mejorar la redistribución de la riqueza en los países de la región: “Porque la desigualdad no es solamente que haya más pobres, sino el problema es que hay mucho más ricos y muy ricos que no quieren ceder sus beneficios. Somos sociedades fracturadas porque no tenemos espacios de diálogo y de deliberación serios, porque no tenemos igualdades plenas en materia económica, en titularidad de derechos, en acceso a educación, a empleo. La nueva ecuación mercado-estado-sociedad nos tiene que acercar a la noción de que lo público es un espacio de los intereses colectivos y no le pertenece sólo al estado”.

Según palabras de Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, durante su conferencia magistral en los foros de reflexión organizados en el Estado de México, el principal problema que impide el crecimiento económico en el país es la desigualdad. Señaló que ningún país en el mundo ha tenido una transformación económica tan  dramática como México; sin embargo, esto no ha alcanzado para que tenga un desarrollo económico  ideal; y en este sentido, el principal obstáculo que ha enfrentado es la desigualdad.

La mayor anormalidad democrática en México es la falta de poderes ciudadanos. No participamos por decisión u omisión en la toma de decisiones, particularmente en el ámbito púbico, y no mejora para la mayoría el poder adquisitivo de sus bolsillos. Según cálculos del Banco Mundial, una décima parte de los mexicanos concentra una riqueza de 439,597.2 millones de dólares (41,3 por ciento del ingreso total). Antes de 2006, este selecto grupo acumulaba el 35,4 por ciento del ingreso del país. O sea, que el ingreso se ha concentrado en pocas manos casi un 6 por ciento más.

Calificación de la democracia en México. Base 10 mil

Fuente: Serie de los puntajes obtenidos en el Índice de Desarrollo Democrático, años 2002 a 2011

 


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Eugenio Herrera Nuño

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