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El Norte, una región literaria todavía inexplorada

Foto Editorial Planeta

El periodista está acostumbrado a escribir siempre bajo presión, siempre bajo tensión y siempre bajo ruido

Entrevista a Alejandro Páez Varela, autor de El reino de las Moscas

Alejandro Páez Varela es periodista y escritor nacido en Ciudad Juárez, ciudad que lo ha marcado en su labor profesional, que ya abarca varios años trabajando en varias redacciones del país. Actualmente es director de contenido del portal de noticias Sinembargo.com y además es autor de, entre otros libros, Corazón de Kalashnikov, novela con la que inició una trilogía sobre el amor y la violencia en Ciudad Juárez, que continúa ahora con la segunda entrega: El Reino de las Moscas, editada en Alfaguara en este año, que cuenta la historia de tres mujeres: Ana, Magdalena y Esperanza, quienes viven las consecuencias de enamorarse en medio de la situación de violencia que se vive desde hace ya varios años en la ciudad norteña, símbolo del abandono y la impunidad, pero también de la esperanza con la que miles de sus habitantes se enfrentan día a día contra las duras condiciones de la vida.

El Reino de las moscas es una novela de ritmo avasallador, una novela que golpea, pero que al mismo tiempo indaga en los sentimientos buscando profundizar en ellos, buscando saber qué es eso que los hombres llaman amor y que nos hace sentirnos tan diferentes y al mismo tiempo tan cercanos. Claro, sin olvidar el lado social de nuestra realidad, la violencia hoy tan común en muchas partes de nuestro país.

Javier Moro Hernández: ¿cómo fue el génesis de El Reino de las moscas?

Alejandro Páez Varela: El Reino de las moscas es el segundo de tres libros, en realidad yo había pensado que fuera una sola novela, a la cual no le he encontrado el nombre, lo diré al final de la tercera parte, con la idea de que la editorial publique las tres, aunque a mí no me molesta que esté distribuida en estas tres entregas, porque son novelas con un entramado fino, complicado, que yo mismo iba a tardar muchos años en terminarlas por muchas razones. La primera es que como tú sabes, combino mi parte periodística con la literatura y ésa me limita para tener todo el tiempo como lo tiene un escritor tradicional y el génesis Ciudad Juárez y es todo lo que he venido recolectando como reportero durante muchos años, esto es completamente ficción, aunque hay mucho de un levantamiento que hace un periodista cualquiera sobre la realidad, se apega mucho a la realidad y hay una lógica en eso, el narrador escribe de lo que conoce, de lo que va viendo.

JMH: en ese sentido hay una relación directa con tu novela anterior, Corazón de Kakashnikov, en ésta también hay tres mujeres que son el eje central, que son Ana, Magdalena y Esperanza, y quería preguntarte por qué el eje de estas dos novelas son mujeres.

APV: y de la tercera también  va a ser eso. Pero en realidad hay muchas razones, pero la primera es que te diría que yo vengo de una familia en donde las mujeres tuvieron siempre mucha fuerza, mi madre siempre fue muy fuerte, muy poderosa, tengo cuatro hermanas, crecí entre mujeres; lo segundo es que Ciudad Juárez es una mujer en muchos sentidos, es una ciudad administrada por mujeres, conducida por mujeres, que padece lo que es ser mujer en un país como este, en donde la violencia no respeta géneros, donde la miseria se ensaña con las mujeres en particular, y sí revisas la historia de Ciudad Juárez siempre ha habido mujeres muy poderosas en la ciudad, actualmente, por ejemplo, una parte importante del PIB lo generan las mujeres por la industria maquiladora, pero en general las mujeres siempre han participado en la economía, ha sido una ciudad que ha aceptado que los hombres migren a Estados Unidos a trabajar, en tanto  que las mujeres asumen el control de las casas,  y eso implica muchas cosas. Entonces para mí fue muy natural que la historia se centrara en personajes femeninos. Por el otro lado, siempre me ha interesado explorar la relación entre los hombres y las mujeres: el amor, el desamor, que están presentes en casi todo lo que yo escribo.

JMH: leí algunas entrevistas previas sobre esta novela en la que mencionas que este es un libro sobre el amor, hay violencia, sí, pero esta es una novela que explora el amor.

APV: sí, mi idea malograda en esta novela y en la anterior y seguramente en la que sigue es ésa, era hacer una novela sobre el amor, y lo he dicho anteriormente que si yo hubiera nacido en Dinamarca y no es Ciudad Juárez es probable que me hubiera salido una novela completamente de amor ridículo y sufrido como la de Corín Tellado. Pero nací en Ciudad Juárez y hay una huella muy fuerte de mi origen en mi literatura.

JMH: ¿qué hace que Ciudad Juárez sea este polo que atrae las miradas para la ficción y que al mismo tiempo viva una realidad tan difícil?

APV: México en general es un gran imán para la narrativa y aquí han existido siempre escuelas muy poderosas de narrativa, de este libro El reino de las moscas decía hace poco Cristina Rivera Garza en Tijuana que huele un poco a Pedro Páramo, pero yo creo que son las geografías los que nos llevan a eso. Aunque ahora hay una relación más intensa de las editoriales con el norte de México, en primer lugar porque hay más literatura norteña circulando, aunque en realidad siempre hemos tenido autores muy poderosos circulando, Fuentes Mares, Jesús Gardea, etcétera., que han representado con mucha dignidad a la literatura norteña. Yo creo que tiene que ver con que la situación particular que vive el norte actualmente ha obligado a los ojos del lector y de las editoriales a voltear hacia el norte porque hay historias que contar, y que no se han contando, porque con toda certeza te digo esa región esta todavía inexplorada, lo ha sido durante quinientos años y lo sigue siendo ahora.

JMH: ¿el norte de México y el sur de los Estados Unidos pueden ser una región distinta al resto del país, al resto de México y al resto de los estados Unidos?

APV: sí, por supuesto. Hay una idea siempre de un país de en medio, hay una idea de una nación del medio, que observa, traduce, arropa, provoca cosas totalmente distintas al resto de sus ombligos geográficos o políticos: nada se parece Texas a Washington, como el DF no se parece a Chihuahua, y son situaciones que les dan una particularidad, por ejemplo yo tengo una hermandad plena con el sur de Estados Unidos, hasta por razones geográficas y por razones de la misma geografía literaria, me puedo identificar perfectamente con Cormac Mccarthy porque conozco muy bien de lo que él esta hablando, ya sea en All those pretty horses o en cualquiera de sus libros, él va brincando de Chihuahua a Texas y de Nuevo México a Sonora con gran facilidad porque conoce que esas fronteras no son a nosotros dadas como cualquiera podría imaginarlas.

JMH: quería preguntarte, ¿cómo fue el proceso de escritura del El reino de las moscas?

APV: pues yo soy muy ordenado, digamos para trabajar, conservo mucho la idea del reportero y más en estos entramados que hago de tiempo, de personas, de personajes, soy muy ordenado y no me siento a escribir hasta que no tengo bien comprado el personaje y no tengo bien comprado las situaciones en las que voy a enredar al personaje. No te digo con esto que no se transforma el personaje en el camino, se transforma por supuesto, todos los personajes sufren una transformación conforme tú mismo te estás transformando y las voces cambian mucho, el sentido de lo que estás escribiendo cambia mucho, sin embargo  yo sí preparo un guión, se parece mucho a lo que hacemos los reporteros, nos sentamos a escribir cuando entrevistamos a todos los entrevistables para un reportaje y entonces emprendemos una idea y entonces terminamos, hacemos una entrada y entonces acabamos la salida de un reportaje y en eso nos parecemos, mi literatura mama del periodismo sin ningún problema.

JMH: me llamó la atención que en El reino de las moscas es que los personajes están muy ubicados en lo que está sucediendo en el norte del país desde hace unos años hacia acá, pero además hay un paso hacia atrás, para narrar los orígenes familiares, por ejemplo los Labrada y los Martínez, y eso me hace pensar que el norte no surge de la nada, hay un proceso, hay una razón de ser.

APV: yo quería regresarme a eso porque en realidad así están construidas las historias en todo el país, incluyendo el norte, o sea, hay odios de apellidos en el norte de México que tienen 200 años y hay odios en Culiacán y hay odios, te garantizo, en cualquier región, incluyendo San Luis Potosí, Zacatecas, donde las familias siguen en un revanchismo desde hace muchos años, y yo quería más bien plantear cómo las fronteras de la moral y la ética son tan breves, de tal forma que tú puedes empezar queriendo un personaje que se va a transformar en el tiempo: Liborio juega un poco con eso, con la idea de un personaje que es amoral, que no tiene necesariamente una ética sino que va resolviendo en el camino, que no es necesariamente tan malo como parece ni tan bueno, es un cabrón como lo era Villa que es muy parecido a mi Liborio Labrada, son tipos a los que la historia termina castigándolos o tratándolos de alguna manera, algunos castigándolos y otros con premio. Entonces para contar esta parte tenía que caminar, dar unos pasos en el tiempo y construir mi personaje y despojarlo de esta idea de la ética y de la moral.

JMH: ¿cómo estás trabajando la próxima novela que cerraría esta trilogía?

APV: pues como puedes imaginar el proceso electoral me detuvo un tiempo porque soy periodista, a mí me gustaría dedicarme nada más a la literatura o al periodismo, pero pues soy un animal de los dos lados, así que estoy trabajándola con más detenimiento, aunque tengo un periodo de entrega pactado con la editorial, estoy disfrutando además muchísimo mis personajes, porque aunque como pasa entre ésta y Corazón de Kalashnikov en donde se asoman ciertos personajes, o retomo ciertos personajes para convertirlos en protagonistas,.Mi última novela será una novela que termine por darle coherencia al sentido de la trilogía y que permita ponerla antes o después y llevar nombre independiente o unificarlas.

JMH: cómo es trabajar, escribir en medio de este barullo, de todo este ruido mediático que nos rodea y que de alguna manera absorba a tu lado periodístico.

APV: pues es complicado, aunque yo digo que los periodistas tenemos muchas facilidades que no tienen los escritores o muchos escritores, porque un periodista se sienta, como lo hago yo, en un Sanborns y escribo, porque el periodista está acostumbrado a escribir siempre bajo presión, siempre bajo tensión y siempre bajo ruido, o sea el ruido a veces nos distrae pero muchas de las veces no, y eso a mí me pasa con mucha facilidad, a veces hasta extraño el ruido, no soy un escritor de literatura de mi casa o que me encierro a escribir, porque yo escribo casi a caballo, porque lo he hecho toda la vida, entonces para mí escribir en el lobby de un hotel me da lo mismo que escribir en mi casa, es exactamente lo mismo y si tengo veinte minutos para escribir un texto que me está rebotando, me está agobiando, me siento y lo hago casi en cualquier parte, en una cantina, lo que sea, es lo mismo para mí y eso es algo que me viene de mi formación como periodista.

JMH: de alguna manera hasta extrañas el ruido de la redacción.

APV: sí, se extraña, muchas veces lo he comentado que una última revisión de un texto largo me gusta meterme a un Vips, y me adapto perfectamente si me esta interrumpiendo la señorita con la cuenta con el café con esto, o si el señor de al lado está contando algo y uno siempre está con la oreja parada, porque es lo que haces en la redacción, no hay un impedimento, al contrario, se alimenta, cambian los sonidos, todo te alimenta, pero no todo el mundo es así, es una manera atípica de un hombre que tiene muchos años en las redacciones.

 


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Javier Moro Hernández

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