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[Especial] Entrevista a Carmen Boullosa autora de La patria insomne

  • Los poemas siempre son la patria de los sentmientos
  • El artista tiene que pensar en el valor intrínseco del arte, la belleza, la fuerza que tiene una obra de arte: Carmen Boullosa

 

Este país se desangra lentamente en medio de una guerra que pocos entienden, pero que ha dejado un rastro de dolor a lo largo y ancho de la geografía nacional. La patria duele y en ese dolor nos perdemos, caminamos sin rumbo. La patria duele y en ese dolor la poeta y escritora mexicana Carmen Boullosa no puede no escribir para tratar de entender lo que pasa, lo que sucede a nuestro alrededor. Escribir para darnos cuenta de la magnitud del horror, escribir para recordar cómo era la vida antes de que la violencia se lo comiera todo, antes de que el sueño nos fuera arrebatado.

Porque Carmen Boullosa escribe desde el insomnio, desde la incapacidad de descansar ante el dolor que nos rodea, por eso su poemario lleva el insomnio en el título, porque el sueño, la tranquilidad nos fue arrebatada, pero la poesía puede ser un camino para entender el porqué de nuestra tragedia. La patria insomne (Hyperion-UANL) es el más libro reciente de poesía de la escritora mexicana nacida en la Ciudad de México y autora de De un salto descabalga la reina (2002), La Milagrosa (1992) y Mejor desaparece (1987).

Javier Moro Hernández: La patria insomne gira en torno al dolor, ese dolor que compartimos como país pero también habla sobre el dolor personal, el duelo personal que nos han dejado 60 mil muertos en esta país.

Carmen Boullosa: como tema el dolor público empatado con la historia personal no sonaba muy apetecible para un poeta, a menos que uno opte por algo muy lírico o por algo muy público, pero La patria insomne no es muy lírico ni es muy público, porque es las dos cosas en realidad, entre los dos se encuentra un centro que es guiado por la brújula de López Velarde y Gorostiza, por un lado, y por toda una carga acústica que proviene de la infancia en la que se puede encontrar desde el himno nacional pasando por Agustín Lara y Cri Cri, pero algo que sí debo decir es que yo no elegí el poema, no lo hubiera elegido como tema, no hubiera elegido el formato, no fue un proyecto voluntario, no es que yo dijera “hay que confrontar esta realidad nuestra”, no fue así. En realidad fue la única manera que yo pude, no te voy a decir digerir, porque esta experiencia de dolor ansioso es indigerible, porque no solamente es dolor, porque dolor sientes en una guerra, algo que no tiene lo que estamos viviendo desde hace seis años, porque tiene características muy peculiares, es por un lado una guerra enclavada en instituciones sociales, políticas, judiciales que además no nació en México, porque es resultado de un coletazo transnacional que nos convirtió en el centro del tráfico de drogas, cayó un ramalazo que nosotros no creamos. Es una guerra con características muy peculiares, casi una catástrofe y ante eso lo lógico es que yo escribiera un ensayo, incluso una novela, un texto en donde uno intentara darle a las cosas coherencia, buscar una trama en donde pudiera buscar una explicación. Pero escribí el poema y no lo pude vivir de otra manera, porque además no sé vivir las cosas si no es escribiendo, entonces lo viví arrellanándome en López Velarde, fue la manera en la que tuve de formularle y que no fuera nada más la depresión más desolada, porque si piensas que éste es el país que hemos hecho, entonces la desazón es también de insatisfacción, de ausencia, de esperanza, pero yo no escogí el texto, fue un poema que tuve que escribir y que escribí.

JMH: leyendo el poema pensé que la patria es la infancia, el recuerdo de la infancia.

CB: la patria es una palabra muy dificultosa porque no queremos pelear por un territorio nacional sino por un mundo habitable, en el que quepamos todos. Es una palabra muy incómoda, pero es la manera como tiene uno para describir su terruño, su mundo social, y la patria es la cuna, claro, la infancia, porque uno no tiene cuna cuando ya es adulto, pero por suerte cuando uno es adulto puede recurrir a la cuna de vez en vez porque la vida a veces no es fácil, pero al querer volver a la cuna nos damos cuenta de que ahora se encuentra en llamas, nuestra cuna es un polvorín que está en llamas, entonces no hay una manera de sobrevivir si no es diciéndolo, no es que restaure, no es que sane, pero por lo menos lo enuncia, porque no enunciarlo sería la asfixia, la resignación  y además el país no tiene por qué asfixiarse, y no tenemos por qué aceptar esta catástrofe.

JMH: el poema tiene momentos de recuerdos, pero también tiene momentos reflexivos, tipo ensayo que se conjugan con momentos líricos.

CB: yo no llegaría al punto de decir ensayo, porque en el ensayo siempre quieres una coherencia, incluso cuando es el ensayo personal, el ensayo en el que hablas de la infancia, la adolescencia, el primer amor, uno intenta convertirlo en una narrativa, intentas convertir la memoria en una narrativa y en La patria insomne sólo está la sensación o la percepción, y a la percepción sólo podemos describirla con imágenes, con sensaciones en verbo, lo que me lleva a pensar que el libro es un poema de sensaciones, digamos, es como la prehistoria de la ideas, porque los poemas siempre son la patria de los sentimientos, la cuna en donde pueden estar los sentimientos: la pasión, la ira, lo que es inexpresable pero que le da una forma, y el poema está pensado como un todo fracturado, un todo con un tono común que es el dolor y el sarcasmo, y una mirada un poco animal al mundo de los hombres, tal vez como mirada interna, sobre lo que estamos viviendo, más que como la miraría un estudioso. Me hubiera encantado ser el estudioso, por otra parte; pero estaba yo al nivel de un perro, porque mi cabeza era completamente incapaz de ordenar y comprender. Me pasé casi tres años preguntándome cómo fue posible que nos pasara esto, nunca me imaginé que fuera a pasar esto. Ya no pienso así, con el tiempo he ido formulando de una manera diferente, pero cuando escribí el poema estaba en un proceso de sorpresa, entonces son las impresiones, una mirada pre-ensayística, buscando una explicación, sí hay un ánimo de buscar, de preguntarse en donde estaba la razón de todo eso que nos estaba pasando, pero mi percepción del poema es que no aterriza en el mundo de un pensamiento y creo, todo poema es diferente en realidad, pero creo que en el caso de este poema es lo que lo salva, es justo que no termina de aterrizar.

JMH: el arte, la poesía pueden ser, no me gusta usar esta palabra en este contexto, pero pueden ser armas para defendernos de lo que nos está sucediendo, de esta violencia que nos está consumiendo.

CB: la lengua no es un escudo, pero sí es un arma valiente, porque no es un escudo pero tampoco es algo que destace sin ver que está aportando, no sólo dinamita, es como un arma antigua, como un estilete que tiene una punta que con precisión va apuntando lo que quiere señalar o lo que quiere clavar, y en el acto de clavar hay siempre una relación de dolor, porque el poeta mismo se lastima a sí mismo cuando utiliza esa arma. La diferencia entre un arma eficaz y un poema es que el arma eficaz no busca lastimar a quien la utiliza, pero aquí hay una participación del fenómeno que uno está deteniendo, uno no es ajeno, yo no soy ajena a lo que está sucediendo, porque es cierto que yo no soy narcotraficante, pero algún día me resigné a la opacidad de la justicia, es cierto que tampoco es mi responsabilidad total, tampoco mandé el ejército a las calles, ni manejo la industria del secuestro, pero tampoco se trata de una victimización.

JMH: ¿qué papel deberían jugar los escritores en un momento histórico como el que estamos viviendo?

CB: yo creo que cada quién debe hacer su trabajo, aunque sea un trabajito pequeño, y es más importante que el artista sea auténtico con su arte, que no está nada más pensando en el pago de la complacencia, el artista debe estar pensando en  el valor, voy a decir algo muy pasado de moda, pero el artista tiene que pensar en el valor intrínseco del arte, la belleza, la fuerza que tiene una obra de arte.

JMH: a dos años de haber escrito La Patria insomne, ¿cómo lo percibes, cómo la sientes ahora mismo?

CB: el libro está muy bien hecho, es de una manufactura preciosa, el sello Hyperion es lindísimo y, además, la Universidad de Nuevo León permite que el libro circule en México, pero mi primera reacción que tuve ante el libro fue de dolor, algo que no me pasa nunca con un libro. Yo siempre que recibo un libro tengo deseos de festejar, pero con La patria insomne pensé que es la corroboración de un panteón y de un panteón que nos pertenece a todos. Aunque honestamente, preferiría que no lo hubiera tenido que escribir, preferiría que no estuviera esto que está pasando, pero creo que el poema es lo que tenía que ser, un poema que es uno, que está roto, como un espejo roto, que contiene una parte de mi infancia, una parte muy personal, una parte muy pública, creo que tomo la distancia y la cercanía que necesitaba con el tema, pero en realidad yo no puedo juzgar, el que tiene que juzgar es el lector.

CB: ¿cómo se dio la colaboración entre Hyperion y la Universidad de Nuevo León?

JMH: yo le escribí a Jesús Monarriz de Hyperion y le mande el libro, y él me dijo que lo quería publicar, pensé que era importante que lo sacara con algún sello mexicano porque si no el libro no circularía y soy una autora mexicana, y ya ves cómo están las cosas en España, y eso que todavía no llegaba el horror por allá, así que le hable a José Garza, que ya había hecho una impresión de El complot de los Románticos de Siruela y le pregunté sí le interesaría, y pues le interesó a los dos, y les gustó, fue un asunto muy cordial, muy expedito y esperemos que el libro circule en México, porque esa era la idea.


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Javier Moro Hernández

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