Opinión

Día Mundial del Hábitat / El Apunte

El primer lunes de octubre de cada año se conmemora el Día Mundial del Hábitat. El Programa Hábitat de Naciones Unidas es la instancia encargada de todos los asuntos relacionados con los asentamientos humanos, teniendo como mandato promover ciudades social y ambientalmente sustentables, y ciudadanía social y ambientalmente responsable, cuya resultante deseable es la de asegurar para todos el derecho a tener, o por lo menos a ocupar, una vivienda adecuada.

En Aguascalientes, el Censo de Población y Vivienda 2010 consignó un total de 290 mil 777 viviendas particulares habitadas, es decir, un incremento de poco más de 90 mil viviendas en 10 años; esta cifra refleja los avances del estado en materia de política habitacional. Ya que entre el 2000 y el 2010 la tasa de crecimiento se ubicó en 3.7 por ciento, lo que significa que el número de viviendas continuó creciendo por encima de la tasa de crecimiento poblacional.

La ciudad de Aguascalientes presenta muchas áreas y lotes sin construir, que además cuentan desde hace años con la dotación completa de servicios, en algunos casos llevan así décadas, y su vocación parece ser más especulativa que la de construir asentamientos; por otro lado, hay miles de viviendas construidas pero abandonadas o simplemente vacías, que al no venderse ni rentarse, tampoco remedian las necesidades de los numerosos solicitantes de vivienda.

El Día Mundial del Hábitat permite reflexionar sobre el estado actual de nuestras ciudades, y tomar decisiones para ofrecer a los habitantes una vida mejor. Las políticas contrarias a la razón, la objetividad y la proporcionalidad generan exclusión, asentamientos precarios y desintegración social.

Existe una relación entre el fraccionamiento del territorio, la estratificación por niveles socioeconómicos y el deterioro del entorno en donde se vive. Considerando que en la ciudad de Aguascalientes y los municipios conurbados se ha venido incrementado la violencia en la medida en que se ha deteriorado su medio físico natural y social, se aprecia como un factor precursor de violencia la forma en que se ha venido poblando el territorio en las últimas décadas, su polarización en clases sociales le ha dado al hábitat aguascalentense  una estructura segregada.

El crecimiento horizontal y discontinuo de la ciudad de Aguascalientes tiene dos vertientes: la primera, derivada por la ocupación de demandantes de terreno rural cercano al espacio urbano, para construcción de vivienda popular, cedido por los ejidatarios que, con la venia del 27 constitucional, han vendido las parcelas; y una segunda, propiciada por una clase social local terrateniente dada a la venta urbanizada de terrenos, antes ranchos familiares que hasta ahora ha permitido la expansión de la urbe, dejando de lado el potencial de los desarrollos verticales.

Por otro lado, el desarrollo horizontal crea una enorme plancha de cemento que impide el paso del agua hacia el subsuelo, lo que tiene un impacto ambiental, debido a la relación consumo/recarga de agua del acuífero.

Una reflexión profunda del hábitat local tendría que dar cuenta de la pérdida de centralidad, de la atomización del paisaje extendido y desigual y, lo que se ha intentado remediar últimamente, la ausencia de espacios de proximidad que permitan al menos intentar lo que difícilmente se puede lograr por cuatro o más integrantes de un hogar, instalados en 32 metros cuadrados de construcción, en medio de un entorno tan densamente poblado como su propio espacio vital.

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Eugenio Herrera Nuño

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