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ENTREVISTA / Mario Bellatin, autor de El libro uruguayo de los muertos

 

Deseo una escritura que se sostenga sólo por las reglas que ella misma propone

“Escribir sin escribir, idea que me fascina pero que todavía no soy capaz de definir de manera racional”

  

El libro uruguayo de los muertos (Sexto Piso, 2012) es el más reciente libro del escritor mexicano Mario Bellatin (1960), libro en el que el proceso de la escritura se abre ante nuestras miradas como una explosión vital que no tiene fronteras determinadas, en el que la escritura se muestra como un río vertiginoso que corre sin freno (aparente) hasta desbordar nuestras ideas más conservadoras sobre la literatura.

Mario Bellatin (Vía)

Bellatin es autor de Flores (Premio Xavier Villaurrutia 2000), El jardín de la Señora Murakami (2000), Salón de Belleza (2000) y El Gran Vidrio (Premio Mazatlán de Literatura 2008), un escritor que desborda con creces la frontera de la literatura, al ser un creador, un artista interesado en las formas de vinculación de ésta con otras actividades artísticas como el cine, el teatro, el performance, también fue director de la Escuela Dinámica de Escritores.

En El libro uruguayo de los muertos el autor nos permite entrar a través de su escritura a su muy personal mundo, a través de notas y cartas que le escribe a un extraño y desconocido remitente, del que nunca sabremos su nombre, pero que tampoco necesitamos saber, porque de alguna manera ese lector innombrable que aprende y conoce todo lo que el autor hace, también somos nosotros. Un libro en el que los muertos están vivos, en el que Frida Kahlo no ha muerto y vende comida en algún mercado del país, un libro en el que se nos cuentan una y otra vez de manera obsesiva los proyectos del autor, que siempre son los mismos pero que al mismo tiempo cambian constantemente. Un libro, en fin, en el que la realidad es un pretexto para escribir, para dejar que las palabras la reconstruyan.

Javier Moro Hernández (JMH): Una idea me saltó al estar leyendo El libro uruguayo de los muertos, me parece que el ejercicio literario que haces puede ser infinito, un círculo que es al mismo tiempo una puerta para miles de historias que se cuelan a través de él.

Mario Bellatin (MB): Quizá me quise demostrar algo acerca de la imposibilidad de la escritura de tener límites. Muchos hemos pensado en cierto momento que los libros se hacen de tal o cual manera, y siempre ha sido un reto para mí probar qué sucede si se cambia tal o cual precepto. Es de este modo cómo en este libro traté de crear una estructura que fuera capaz de contener una escritura sin fin. En efecto, es un libro que podría tener 10 páginas o mil y no creo que en ninguna de las dos opciones se vería afectada su esencia.

JMH: También me queda la impresión de que para Mario Bellatin la literatura trasciende (y por mucho) el libro. Esto es, que el libro como soporte ha sido rebasado por la literatura y ésta no tiene porqué circunscribirse solamente a este soporte, se puede llevar más allá.

MB: Yo en lugar de literatura preferiría hablar de escritura. Recuerdo que desde siempre me he preguntado qué es realmente la literatura, y he escuchado cientos de definiciones de las cuales muchas me parecen válidas, incluso siendo opuestas unas a otras. Pero de lo que no me cabe duda es de la escritura. Desde su aparición física –el ejercicio de escribir, de ir llenando de palabras una superficie en blanco– hasta sus posibilidades simbólicas, lo locuaz de sus silencios, sus posibilidades –como lo señalas– de abrir puertas para que se cuelen por ellas miles de historias. Muchas veces las preguntas que esta escritura me plantea me han llevado a utilizar otros soportes para seguir escribiendo. Para hacer un ejercicio de escritura sin necesitar, por ejemplo, las palabras. Es el famoso, para mí solamente, término de escribir sin escribir, idea que me fascina pero que todavía no soy capaz de definir de manera racional. ¿Qué será eso que tanto me interesa “escribir sin escribir”, que es incapaz de tomar una forma determinada?

JMH: Alguna vez Rafael Lemus escribió que la literatura (en específico la novela) era un arte conservador que

no se había modificado demasiado desde el siglo XIX. Qué opinas de esta idea, y qué significa para ti la idea de la crítica de que tu obra narrativa es difícil de asir, de definir.

MB: Se debe replantear, pero no ahora, sino que se ha debido hacer todo el tiempo, qué se entiende por género literario, por ficción, por realidad, por literatura, por tradición, por arte, en fin, por una serie de ideas que muchas veces damos por respondidas y utilizamos de una manera inocente, lo que da como resultado que nos encontremos frente a una rama del arte atada a una serie de prejuicios, ideas absurdas, que impiden que sea un espacio en movimiento, en búsqueda, en avance y retroceso constante, para convertirse en una suerte de cliché fácilmente clasificable hasta por el más mediocre de los estudiosos. Si alguien se acerca a mis libros teniendo una idea predeterminada de lo que se debe hacer y lo que no, pues es posible que se encuentre en un terreno que no le es familiar, ya que he intentado que halle aspectos que no se encuentren presentes en otros libros.

JMH: En ese sentido El libro uruguayo de los muertos es un libro que podría decir que se bifurca en varias direcciones; hacia tu vida privada (que es parte también de tu obra), hacia la vinculación que tu obra literaria tiene con el arte contemporáneo, con el teatro. ¿Hasta dónde se puede expandir la literatura, cuáles son sus fronteras, sus límites?

MB: No creo que sea así. Lo que aparece en el libro es un juego de apariencias. No aparece ni mi vida privada, ni la vinculación que mi escritura pueda tener con el arte contemporáneo ni nada que no remita a la escritura misma. Lo que deseo es que no se sostenga esta escritura, por lo en apariencia circunstancial, sino sólo por las reglas que ella misma propone, y todo esto con el fin precisamente de conseguir lo contrario: que se puedan mirar los elementos circunstanciales, los que aparecen como accidentales, pero desde una perspectiva distinta.

JMH: En este libro cuentas mucho de tu vida privada y familiar para construir la voz narrativa, me hace pensar en un juego de espejos entre el autor, el narrador y el lector: Tú puedes ser todos al mismo tiempo.

MB: En realidad soy todos y ninguno. Y creo que esa confusión de dónde empieza uno y dónde termina el otro se da precisamente por creer que tenemos las respuestas para definir lo que es realidad y ficción. Lo que existe es una escritura, quiero creer que al menos de eso no puedo dudar.

JMH: En ese sentido, los muñecos que aparecen en tu libro, es una imagen que cautiva pero que al mismo tiempo dan la sensación de ser imágenes de un sueño, de una pesadilla, ¿Para Mario Bellatin en dónde termina la realidad y comienza la literatura?

MB: Es curioso que me preguntes precisamente por los muñecos. Allí está uno de ellos, en la portada del libro. La foto fue tomada con una cámara pinhole y el original es en colores, donde se aprecia mejor justamente lo de la sensación entre sueño y pesadilla.

JMH: Mario por último, quería que me platicaras un poco sobre el proyecto de los Cien mil libros de Mario Bellatin.

MB: Tengo escrito un librito sobre el proyecto. En líneas generales se trata de recuperar mi obra para tenerla físicamente conmigo y hacer con ella lo que me parezca necesario en ese momento. También pongo como fin tener 100 títulos –una cifra utópica porque nunca llegaré a ella– como una guía de escritura, como una suerte de vector. Tengo como regla siempre cargar con los libros, con al menos un ejemplar, para canjearlo según las circunstancias.

 


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Javier Moro Hernández

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