Cultura

El proceso creativo no necesita de misterios, por sí mismo es complejo y completo

ENTREVISTA / EDSON LECHUGA, AUTOR DE GOTAS DE MERCURIO

Creo que el lector es el sitio en donde sucede la literatura

Gotas de Mercurio (Montesinos y Colofón, 2012) es el libro más reciente del escritor mexicano avecindado en Barcelona, Edson Lechuga (1970), autor de la novela Luz de Luciérnagas (Montesinos, 2010) y del libro de poesía El canto de los búhos (Anónimo Drama Ediciones, 2000). Gotas de Mercurio es una novela que indaga sobre el pasado del escritor Sergio Bretón, sobre sus traiciones, sobre sus amores, sobre sus fugas, en una historia en la que se imbrican sus amores pasados y presentes, su familia y sus mujeres, todo para contarnos del porqué de su huida, su fuga hacia adelante.

Javier Moro Hernández (JMH): ¿cómo nace la idea que da origen a Gotas de Mercurio?

Edson Lechuga (EL): Gotas de Mercurio nace hace siete años, la idea, en un autobús México-Xalapa y ahí después de unas lecturas tomé unas notas sobre un personaje atravesado por la calle, las drogas, la noche, las putas, el alcohol, un personaje que exigía su espacio de tiempo, de páginas y tinta. Después pensé de que no era capaz, no fui capaz en aquellos años de imponerme como autor a ese personaje, pero se quedó ahí, latente, fue un muerto que enterré vivo y que estuvo rasguñando, rasguñando y de vez en cuando echaba como vistazos a ver qué había, hasta que hace dos años, una vez terminada Luz de luciérnagas, me di a la tarea de ponerme en serio y a sufrir, abrirme en canal y pues Gotas de Mercurio es el resultado.

JMH: una pregunta que me surgía cuando lo leía, era sobre las dos historias, pues Sergio está viviendo una relación con Silvana y al mismo tiempo está escribiendo la historia con su hermano y con Lara, lo que hace que Gotas de Mercurio se lea en tres tiempos narrativos diferentes que tienen como punto de intersección a la voz de Sergio.

EL: sí ofrece en realidad cuatro o cinco niveles de lectura, y además una serie de triángulos, por un lado está el pasado remoto, que es Pahuatlán y el triángulo construido con Elisa y Marta; el pasado cercano que el triángulo está construido con Diego y Lara y el presente que está en Barcelona y el triángulo construido por Silvana, en el que yo pensaba que el tercer eje era la voz uruguaya, pero me acaban de decir que les parece que es el gato el tercer eje, porque es el que vigila, es el que está en la penumbra, el que no permite entrar a Sergio y que es una parte importante del desenlace de la novela, además un gato que Silvana nombre “bichito” y que Bretón nombra “gato” o “pinche gato”, además de que una parte esencial de la personalidad de Silvana que se encuentra construida a través de tres elementos: es fotógrafa, lectora y amante de los gatos, por lo que entonces el gato se vuelve una parte importante de la trama de la novela. Pero por otra parte está otro nivel de lectura que ofrece Lara, con una serie de correos electrónicos en el que espeta y denigra a Sergio Bretón, le dice sus “netas”, le dice “yo soy tu pasado, la encargada de decirte lo que tienes que hacer”, pero por otro lado está la historia que escribe Sergio Bretón, que es como una especie de delatar el proceso creativo, de cómo en el proceso creativo tomamos la realidad y la ponemos al servicio de una cosa artificial, pues lo que podemos ver en Gotas de Mercurio a través de todas estas tramas y triángulos, la historia del dolor del traidor.

JMH: de alguna manera tanto el proceso creativo lo empataría un poco con el proceso que ha vivido Sergio Bretón al engañar y traicionar a su hermano Diego, o ponerse frente a su personaje del profesor (en la historia que está escribiendo) para engañar a su alumno que es novio y está enamorado de Dorina, con quien su personaje tiene un affaire. Lo que hay, además de triángulos, es una serie de personajes espejos de Sergio.

EL: hay una intención de desmitificar la imagen del escritor, esa imagen del escritor nocturno, taciturno, meditabundo, que en la madrugada siente un impulso brutal por escribir una novela. Yo creo que el escritor toma trazos de la realidad, al menos es mi caso, y construye artefactos narrativos, falsos, que están al servicio de otra cosa diferente a lo que es él. Hay un momento en el que Sergio hablando de Bolaño dice: “El personaje de los Detectives Salvajes Arturo Belano que dejemos de fingir todos sabemos pues todos sabemos no es más que Roberto Bolaño”, así como yo Sergio Bretón no soy otro más que el profesor de hispánicas, y esto deja por ahí en entredicho, tácitamente, que el profesor de hispánicas sería igual a decir Esdon Lechuga. Tácitamente hay esta especulación, esta tendencia.

JMH: otro punto del que quería hablar es sobre los recursos literarios que utilizas para narrar, por ejemplo, pienso en las fotografías que viene acompañado por textos, los mails, el mismo lenguaje poético que utilizas en determinados momentos, digamos que es una maquinaria que vas engarzando con estos elementos

EL: no creo que hacer literatura responda a impulsos extrasensoriales, creo que es un ejercicio de honestidad tremendo, en el que debes de atreverte a echar mano de lo que eres, de lo que piensas, de lo que opinas y ponerla al servicio de algo distinta a ti, de un universo distinto a ti y luego buscar la manera más oportuna, de narrarla. Me di cuenta de que no me iba ser posible narrar Gotas de Mercurio de forma cronológica por los niveles de lectura que ofrece o de los que se estaba construyendo. Hice un intento y estaban quedando unas bolas que no sabías por dónde acercarte y tiraba para atrás. En determinado momento me di cuenta de que había determinada información que coincidía o que podía agrupar con otra información, de acuerdo a su consistencia por decirle así, entonces ordeno por consistencia sin atender a lo temporal, a lo cronológico, me di cuenta de que estos grupos provocaban una atmósfera y a partir de eso fue que puse los títulos entre corchetes como Vaho, Raíz, Hiel, Costra, etc.

JMH: pensaste o tenías en mente algún lector ideal para este libro.

EL: creo que el lector es el sitio en donde sucede la literatura, creo que el ejercicio literario unilateral es una idea arrogante, egocéntrica y coja. Entonces siempre al momento de escribir pienso en esta entelequia compuesta por muchas mentes, muchos corazones, que yo identifico como lector, construyo o intento construir un universo cerrado en sí mismo pero habitable, habitable por esta cosa que yo entiendo como lector. En absoluto lo obvio, al contrario lo tengo permanentemente presente.

JHM: estaba pensando que es cierto que desnudas el proceso creativo, pero también demuestras que el proceso creativo es muy complejo.

EL: el proceso creativo no necesita de misterios, por sí mismo es complejo y completo, porque requiere de todos tus significados, una persona, un escritor como cualquiera tiene muchos significados diferentes: ante mi madre soy su hijo, ante mi compañera soy su compañero, ante los partidos políticos soy insignificante, ante el Estado soy un contribuyente, etc., tengo muchos significados que me enriquecen, porque sí soy consciente de eso, me enriquecen y el proceso creativo requiere de todos mis significados, el proceso creativo serio es una reivindicación de lo que soy, me reivindico como lo que soy, un ser humano complejo, el proceso creativo requiere de todas mis miserias y de mis pocas grandezas, porque las miserias me constituyen al igual que las grandes, en este sentido las mentiras me constituyen de la misma manera que el amor, en este sentido la mentira es igual de importante que el amor y esto me parece sumamente importante.

JMH: regresando a Sergio, podemos decir que es un personaje que huye de su pasado porque ha traicionado a gente muy cercana a él, a su hermano, a Marta, de alguna manera trata de huir pero no puede escapar de ese pasado y trata de reconstruirlo a través de la literatura.

EL: hay una cosa muy interesante que le pasa a Sergio Bretón, algo que es muy parecido a lo que me sucede a mí, que es que me he dado cuenta de que llevo una relación más llevadera, más amable con la realidad cuando la textualizo, cuando la escribo, lo que persigo es escribirme, escribirte, escribirla, por eso cada vez me digo con más honestidad y con menos pudor, cada vez me siento más atraído por el ejercicio literario y por la reinterpretación de la realidad a partir del texto, cada vez me es más necesaria, por eso las características de Sergio Bretón y por el leitmotiv y el epígrafe de Vallejo: “Y sí después de tantas palabras no sobrevive la palabra”, es porque temo, al igual que Vallejo, que si se acaba la palabra yo pierda sentido.

JMH: las mujeres, a los personajes femeninos que pueblan tu novela, Silvana, Marta, Lena, son personajes completos, fuertes, misteriosos, y me imagino que tú como Edson Lechuga así las percibes y Sergio vive fascinado por ellas.

EL: lo femenino me fascina, me seduce, me convoca y me tienta terriblemente. Creo que lo femenino es mucho más complejo que lo masculino, que me parece mucho más palpable, mucho más asible, más simple, por lo tanto más fácil, digamos que unidireccional o bidireccional, pero lo femenino es tremendo, y no sólo ahora, en Gotas de Mercurio, pues en mis libros anteriores ya escarbo en abuelas complejas, en personajes femeninos complejos, y ahora en Gotas de Mercurio hago una indagación en estas manifestaciones, en estos significados de lo femenino

JHM: cómo fue el proceso de escribir Gotas de Mercurio, me decías que la idea surgió hace siete años, que empezaste a escribirlo hace dos, pero quería saber sí tenías ya un “guión” determinado para la novela.

EL: fue un proceso indagatorio y de construcción, digamos,  una idea previa de hablar sobre estas cosas que me llaman la atención que me seducen y me convocan, como la traición, el traidor, como el ejercicio literario, como la literatura como salvavidas, como lo femenino, y aparecen dos o tres escenas como las habitaciones de hotel que tanto me persiguen, como las cartas sin abrir, y me lanzo a escribir un primer texto que no sé bien a dónde me va a llevar, pero me predispongo a continuarlo, después me doy cuenta de cómo el texto comienza a cobrar sentido de alguna manera y hecho mano de mi anecdotario y de la cantidad de notas que tomé durante siete años y voy poniendo todo este bagaje al servicio de la novela y es donde empiezan afortunadamente los problemas, porque de repente me encuentro con un mazacote de información, con una historia más o menos claras, o con tres historias más o menos claras, que has de darle un orden pensando en el lector, pensando en ofrecerle un barandal para que te acompañe en este viaje, porque si bien la novela se escribe sola, cobra sentido al momento en el que otro se percata de ella.


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Javier Moro Hernández

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