Opinión

Leyendas de Aguascalientes / Cocina Política

La semana anterior comenté en este espacio, que unos simpáticos jóvenes ofertan en la plaza principal de Aguascalientes capital, un paseo-espectáculo al que llaman “Leyendas de Aguascalientes”. El recorrido lo ofrecen a través de una compañía que se hace nombrar “Operadora Turística Enlace Cultural”. En el volante que reparten para su promoción puede leerse: “ven y disfruta de las leyendas de esta bella Ciudad, como la de Juan Chávez,  El Fantasma del Jardín,  Los Plata,  La Llorona, entre otras”.

Sumarse al recorrido, que se realiza a pie, tiene un precio por adulto de 50 pesos; el día que esta Cocinera participó del mismo, habríamos unos 40 adultos más “niños gratis” en el grupo. El caso es que de las cuatro leyendas ofertadas, una de ellas, la de “El fantasma del Jardín” se narró de manera más bien superficial, sin contar con una adecuada investigación que respaldara lo narrado. La de “Los plata” se narró de manera equivocada, ya que no se correspondió con la versión que los hidrocálidos conocemos y disfrutamos. La de Juan Chávez se omitió. Y la de “La Llorona”, que no es de las más representativas de nuestra tradición popular aquicalidense, se contó asociada a un edificio en donde no surgió.

Además de recomendar que ese entusiasta grupo de jóvenes se informe bien sobre nuestros mitos y leyendas, en beneficio del turismo que nos favorece con su visita; esta Cocinera, rebosada del espíritu que ronda en estos días nuestra mexicana vida, le deja a Usted aquí una de nuestras más tradicionales leyendas hidrocálidas, tal y como me la contaron las abuelas, materna Juana Zamora Casillas y paterna Mariquita Ornelas Aguayo, habitantes hoy, ambas dos, del hermoso cielo azul de Aguascalientes.

El fantasma del Jardín. Por ahí a mediados de 1800, venido de Guadalajara, se instala en las inmediaciones del Jardín de San Marcos el rico comerciante don Felipe Rey González, abarrotero de oficio (no, no es el que Usted piensa, es otro).

El rico abarrotero hace crecer su fortuna de manera mágicamente prodigiosa (no, no es el que Usted piensa, es otro), a tal grado que llega a temer que alguno de los bandoleros que azolaban a la población lo hiciera blanco de sus ataques. Fue entonces que ideó un “entierro”, es decir, sepultar bajo tierra sus inmensas riquezas, como era costumbre en la época. Así que don Felipe Rey González esconde en el Jardín de San Marcos, a la altura de su propia vivienda, aquel fabuloso tesoro.

El aprensivo Felipe concibe un método para ejercer continua vigilancia sobre su fortuna enterrada: cada tarde juega matatena con sus amigos, justo bajo el árbol en donde dio sepultura a su cofre lleno de monedas y joyas. Infortunadamente y como suele suceder, a la pasión del juego, un día de aquellos se arma tremenda gresca que termina con la intervención de las autoridades policiacas, yendo a parar don Felipe Rey y sus amigos a la cárcel de la Villa. Estando ahí, en su lúgubre celda, don Felipe Rey ruega a la Virgen del Pueblito, es decir a la Virgen del Carmen, que lo libere de su prisión y ofrece a cambio, mandarle decir varias misas concelebradas, así como cederle parte de su apreciado tesoro.

Cuentan que tras de su encierro, Don Felipe Rey no volvió a ser el mismo, ya que su salud se deterioraba día con día, y aunque podía haberle solicitado a su esposa o hijos que cumplieran con lo prometido por él a la Virgen, no lo hacía, ya que temía revelar en dónde se encontraban sus riquezas.

Contaban las abuelas que el codicioso comerciante murió sin cumplir sus promesas (no, no es el que Usted piensa, es otro) y desde luego, sin revelar el destino de su fortuna. Así que, en castigo por su omisión, fue sentenciado su espíritu a rondar eternamente por el Jardín de San Marcos y el templo del mismo nombre.

Cuando esta Cocinera Política, apenas jugaba a “los trastecitos” y fungía como jefa de su grupo en la primaria; le encantaba escuchar la leyenda de “El Fantasma del Jardín”. Sin embargo, siempre que terminaban de contarla, levantaba yo mi manita y preguntaba “Bueno,  y si don Felipe nunca reveló sus secretos ¿Cómo se supo de la promesa y  del tesoro?”, por toda respuesta recibía un “¡Silencio niña! Esas cosas siempre se saben”.

Como una nota personal, debo agregar que la eterna condena quizá no le pese tanto al fantasma de don Felipe Rey González, ya que si es tan avaricioso como lo fue en vida, tal vez disfrute de seguir vigilando su amado caudal. ¡Vaya Usted a saber!

Un día de éstos pase Usted por ésta su cocina, en donde se come, se lee, se estudia y se conversa de todo…particularmente de política.

 

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Socorro Ramírez

Socorro Ramírez

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