Opinión

¡Ni una, ni cien! -Tears in heaven- / Cocina Política

Eric Clapton, su voz que canta: Recordarías mi nombre si te encuentro en el cielo? ¿Sería igual que antes si te encuentro en el cielo? Sé que debo ser fuerte y continuar, porque sé que aunque quisiera, yo aún no pertenezco aquí al cielo.

Desde esta Cocina, frente al procesador, esta Cocinera, esta mujer y este ser humano, está pensando si desea resignarse a estar en una sociedad donde una jovencita desaparece… simplemente se esfuma sin dejar rastro alguno.

Desde mi Cocina estoy meditando si deseo permanecer callada, luego de que un pequeño de 11 años decide quitarse la vida en la oscuridad de un clóset, en su recámara, en su propia casa, escondido en su hogar.

Clapton, su canción Tears in heaven (lágrimas en el cielo) escrita con Will Jennings: “¿Volvería a tener tu mano en la mía si te encuentro en el cielo? ¿Me ayudarías a ponerme de pie si te encuentro en el cielo? Entre el día y la noche encontraré mi camino, porque sé que aunque quisiera, yo aún no pertenezco aquí al cielo”.

Una. Andrea Nohemí Chávez Galván no está hoy entre nosotros. Hace tres meses debió volver a su hogar después de una jornada cotidiana. Pero no fue así. Obligados como estamos a permanecer esclavos de la cultura de la muerte, de la violencia y la crueldad; una desaparición no representa estadísticamente mucho, pero humanamente lo significa todo.

Que una joven estudiante desaparezca sin dejar  huella, significa que nuestras hijas, o nuestras hermanas o  nuestras madres o quizá nuestras amigas: una de ellas, la que usted más ame, o necesite o admire o respete o… hoy por la tarde, simplemente ya no estará. No estará su voz, sus mensajes, sus llamadas, sus correos, sus abrazos, sus bromas, su mal humor, sus quejas. No habrá nada. No habrá ni el consuelo de una tumba, a donde pueda llevar flores.

¿Resignarse? ¡Jamás! Más allá, pero mucho más allá de la fuerza oscura o peregrina, humana o bestial que sustrajo a Andrea Nohemí; están sus padres, sus amigos y amigas y sus maestros. Pero también estamos Usted y yo que no podemos, no debemos aceptar que exista una joven declarada “formalmente desaparecida” en Aguascalientes. En otras entidades dicen ¡ni una más! Aquí diga Usted conmigo ¡ni una sola! Andrea Nohemí debe volver a casa.

Clapton: “El tiempo puede doblarte, puede hacerte arrodillar, el tiempo puede romper tu corazón y hacerte decir por favor, por favor”.

Cien. El suicidio número 100 del año 2012 en el estado de Aguascalientes. El día dos de noviembre, día de todos los muertos. Y todos los muertos suicidas, aquí en Aguascalientes, sólo en este año, suman cien. Aquí donde Usted y yo vivimos. No le estoy hablando de una tierra lejana y ajena. Le hablo del joven esposo de mi sobrina Lidia, le hablo de mi querido formador normalista y compañero político el profesor Francisco y por absurdo que parezca, le hablo de un pequeño de 11 años, Daniel Alejandro, que bien pudo ser mi alumno como maestra que soy. Que era de la edad de su sobrino, su primo, su hermano ¿su hijo?

¿Usted desea vivir en esta psicosis suicida? ¿Se resigna a  estar en una sociedad que aprende día con día a ver el suicido como una opción? ¿Esta epidemia en franca propagación no merece una acción tan contundente como el daño que causa? Y la mejor pregunta de todas: ¿Quién sigue? Puede ser mi padre, o el suyo. Quizá el más querido de mis hermanos, o de los suyos. Yo no tengo hijos, pero muchos a quienes amo sí los tienen, y Daniel Alejandro era el hijo de alguien.

¿Qué sigue? Me pregunto y le pregunto. Y me cuestiono a mí y le cuestiono a Usted, porque queda claro que no hay autoridad gubernamental, social o eclesiástica que emprenda un combate inteligente y rotundo contra este flagelo. El punto es que al margen de la evasión de responsabilidad en este asunto, en nuestras casas, en nuestro núcleo social y familiar puede haber permeado ya la cultura del suicidio como una opción para “enfrentar” los problemas sin que nosotros lo percibamos… hasta que sea demasiado tarde.

Las organizaciones cuya tarea es apoyar a los familiares de personas “formalmente desaparecidas”, sugieren colocar un farol fuera de casa, para que su luz guíe el camino de regreso. También se coloca el farol como símbolo de rebeldía perenne, y adicionalmente, como un símbolo de esperanza. Ante la desaparición y el suicido, esta cocinera coloca hoy un farol en su casa y en su corazón. Usted, que lee estas líneas y escucha estas palabras. ¿Qué hará?

Finalmente una disculpa, para la joven Andrea Nohemí y el pequeño Daniel Alejandro, donde quiera que se encuentren; por no haber logrado que hoy se encontraran aquí, con nosotros.

[email protected]


Vídeo Recomendado


The Author

Socorro Ramírez

Socorro Ramírez

No Comment

¡Participa!