Opinión

Renuncia por motivos de salud / Héctor Grijalva en LJA

 

En septiembre de 1976 se estrenó la película Renuncia por motivos de salud actuada por Ignacio López Tarso y dirigida por Rafael Baledón. El argumento lo escribió Fernanda Villeli conocida autora de telenovelas. La cinta nació de una buena idea, un guión convencional, una dirección intrascendente y soberbias actuaciones de López Tarso, Carmen Montejo y Aarón Hernán. El tema central es la renuncia del secretario de obras públicas por no convenir a los negocios que realizaba el señor presidente. El nuevo secretario resulta ser un hombre honrado que premia a su ingeniero en jefe (López Tarso) por su honestidad. Es un filme de denuncia que hace un panegírico en contra de la mordida y critica las por aquel entonces tan populares “renuncias por motivo de salud” que eran la medida habitual utilizada para dejar un cargo, por instrucciones del jefe superior y dar un conveniente aspecto de civilidad. La cinta fue un desastre en taquilla. Nadie la vio aun cuando ganó el Ariel por el mejor guión y sorprendentemente obtuvo el premio del Festival Internacional de Cine de Moscú, a la mejor película. En la Unión Soviética de Brezhnev. El filme pudo estrenarse porque llegó a las pantallas en los últimos días del presidente Echeverría y antes de que tomara el poder López Portillo. De modo que no hubo nadie que la prohibiera, si es que acaso resultara políticamente inconveniente. Ya durante el sexenio lopezportillista, la cinta no tuvo ningún reestreno ni pasó por televisión. Nunca sabremos si ello se debió a que era mala como obra fílmica o a que haya sido censurada por la directora de cinematografía Margarita López Portillo, hermana del presidente. Actualmente este tipo de renuncias ya no suceden. Hemos visto a funcionarios realmente enfermos que continúan en sus funciones hasta su muerte o hasta que les resulta físicamente imposible continuar su labor como el caso de Alonso Lujambio, quien fuera secretario de educación en el sexenio de Felipe Calderón y murió de cáncer en la médula siendo senador. Son impactantes las escenas de sus últimas apariciones, cuando ya sin cabello, con un parche en el ojo y con protuberancias en el cráneo asistía a las sesiones. Más recientemente el gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, quien dejó el cargo a un interino por no poder continuar en su cargo debido a una enfermedad no descrita pero que tiene todo el aspecto de un cáncer. Y a nivel internacional todos vimos a un Juan Pablo II físicamente incapaz de sostenerse de pie o emitir palabra, aparecer en el balcón del Vaticano para saludar a los feligreses de la Plaza de San Pedro y morir en absoluto agotamiento. La madre Teresa de Calcuta agobiada por cardiopatía, neumopatía y fracturas renunció al cargo de superiora de Misioneras de la Caridad, pero sus discípulas no aceptaron la defección y siguió en su puesto hasta su muerte. Esto nos lleva a preguntarnos ¿cuándo es verdadera la renuncia por motivos de salud? Por qué razón algunos funcionarios que muestran rozagante aspecto aducen ese argumento, que en realidad debería llamarse “motivos de enfermedad” para no seguir en un cargo o no continuar teniendo apariciones públicas. Recientemente un ex gobernador de Tabasco se ha amparado en una crisis hipertensiva para no viajar a su estado natal y cumplir un mandato judicial, debido a que le resulta riesgoso subir al avión. El pretexto es a todas luces insuficiente. Porque ¿no existen las ambulancias aéreas? Desde hace muchos años los enfermos graves de cualquier padecimiento son trasladados de emergencia por vía aérea a hospitales de alta especialidad en lugares remotos. Aquí en nuestra ciudad hemos visto niños quemados que con gran celeridad son enviados a hospitales de nuestro país o de Estados Unidos por la Fundación Michou y Mau que dirige Virginia Sendel. Los directivos arreglan a gran velocidad sus visas, boletos de avión y contactos para que viajen con gran rapidez, sin riesgos y por ello salven sus vidas. Los trasplantes de órganos son una feliz realidad y cuando un donador hace su regalo de vida, los pacientes receptores son enviados por vía aérea o terrestre, lo que resulte más rápido, al sitio donde serán intervenidos. Y todos ellos son enfermos graves. Ahora nos damos cuenta de que la salud y la enfermedad han sido utilizadas por los personajes públicos de acuerdo con sus necesidades. Para hacer o no hacer lo que se tiene que hacer. Un recurso que ha resultado tan útil no puede terminar fácilmente. Seguramente seguiremos escuchando a los funcionarios o ex funcionarios esgrimiendo sus padecimientos reales o ficticios para cumplir o evadir sus responsabilidades. Siempre podrán “curarse en salud” ya sea que la tengan o no.


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Héctor Grijalva

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