CulturaLocal

Septiembre; zona de desastre: entrevista a Fabrizio Mejía Madrid y a José Hernández

  • Novela gráfica, homenaje a la sociedad civil mexicana que surgió por el terremoto de 1985

La editorial Sexto Piso creó recientemente su colección Sexto Piso Ilustrado, en donde ha venido apoyando la creación de novelas gráficas que son fruto de la unión de la pluma de reconocidos escritores mexicanos y del talento de reconocidos ilustradores, generando así el nacimiento de una colección que enriquece la tradición mexicana del cómic y la novela gráfica. Éste es el caso de Septiembre; zona de desastre, donde el escritor y cronista Fabrizio Mejía Madrid unió esfuerzos con el dibujante y monero de La Jornada José Hernández, para presentar una obra que le hace un homenaje a la sociedad civil mexicana nacida a la sombra de la destrucción provocada por el terremoto de 1985 que asoló a la Ciudad de México.

Javier Moro Hernández (JMH): ¿Cómo surge el proyecto de hacer este libro?

Fabrizio Mejía Madrid (FMM): La primera idea era simplemente reconocer que no existe una película, una gran novela, una obra de teatro o exposiciones sobre el terremoto, siendo un episodio tan importante en la historia de la ciudad y del país, porque de ahí se desata una serie de imaginarios y realidades que cambian al país para siempre, en el caso de la democratización, en el caso del reconocimiento colectivo de que tenemos muchas más potencialidades de lo que nos permite el Estado, y un día estaba platicando con Diego Rabasa, editor de Sexto Piso, que me dijo que en la editorial estaban impulsando la novela gráfica hecha por mexicanos y de ahí surge la idea de hacer una obra sobre el terremoto y de inmediato yo le hablé a Hernández…

José Hernández (JH): Y me dejó un recado en el que me decía que me invitaba a un proyecto que no podía rechazar y quedamos de vernos, pero fue muy curioso porque el día en que quedamos de vernos en un café en Coyoacán empezó a temblar, un temblor muy fuerte, el más fuerte después del 1985, y les dije que no tenían que hacer eso para convencerme, y empezamos a trabajar, Fabrizio empezó a escribir el texto y yo empecé a investigar, a releer textos de Monsiváis, pero yo creo que una de las razones que esgrimió Fabrizio es que Monsiváis tenía que aparecer como personaje, por lo [que] releí sus textos, los textos de Poniatowska, a revisar imágenes, pero también a recordar porque yo estuve en una brigada en el terremoto y luego ya empezamos a revisar el texto y a trabajar juntos hasta tener más o menos definitivo.

JMH: ¿Los dos estuvieron en brigadas en ese año?

FMM: Sí, pero la historia es de la experiencia de una brigada, que por cierto no se llamaban brigadas, sólo era un grupo de cuates que teníamos la urgencia de ayudar en lo que fuera, y sí, la historia es un poco autobiográfica en ese sentido, es la historia de esa brigada, que es una de las muchas que existieron, porque a todos nos pasó más o menos lo mismo, vimos el horror, vimos la solidaridad, nos enfrentamos con cosas que son difíciles de asimilar, por ejemplo yo me acuerdo mucho de la sensación de tristeza que me provocaba darte cuenta de que había un derrumbe pero que no recordabas qué había ahí antes de eso.

JH: Sí, un lugar que era supuestamente familiar para ti que de repente desaparecía y no lograbas recordar qué había antes. Pasabas todos los días por ahí y no recordabas.

FMM: La historia en un inicio era una especie de cuento, una serie de viñetas sobre la experiencia de esta brigada que yo me imaginaba como una especie de historia como la película The Warriors, como un transcurso por la ciudad en la que una serie de amigos se van a enfrentando a una serie de aventuras y situaciones mínimas y pensé que Hernández, que había estudiado cine, podía adaptarla para el cómic y yo la única obligación que tenía era la de engarzar una historia íntima, que es la del protagonista de 16 años con una historia más amplia y colectiva, que es la historia de las costureras, la de Tlatelolco y Plácido Domingo, la de Rockdrigo y el edificio de la calle de Bruselas, los topos, hasta el último rescate que era el de Venustiano Carranza y Circunvalación y ahí se cerraba la historia, hasta que Hernández, con buen ojo de guionista, me dijo que la historia necesitaba un remate y así encontramos la idea del canario.

JH: Que ya estaba en la novela, pues una de las imágenes de los rescates era la imagen del canario, pero ahí quedaba y como yo estudié guión para cine y nunca había hecho novela gráfica pensaba que necesitaba usar las herramientas y sí necesito una estructura para contar esta historia y me hace falta un remate, así que pensándole llegué a la conclusión de usar el canario, que además era una idea visualmente muy atractiva, por lo que decidimos retomarlo y darle una  jaula nueva porque la que tenía estaba completamente destruida, pero no deja de ser curioso que yo, que soy el dibujante, encontré una solución narrativa y cuando se la platiqué a Fabrizio, él, que es el escritor, encontró una solución gráfica, pues me propuso que el canario fuera el único que apareciera en color.

JMH: ¿Cómo fue el proceso de trabajar juntos? ¿Fabrizio escribió el texto primero y de ahí salieron las viñetas o trabajaron juntos todo el proceso, cómo fue?

JH: Fabrizio me mandó un texto primero, una especie de cuento en donde ya venía bien claras la serie de viñetas de la historia, pero yo las sentí como viñetas aisladas, obviamente tenían un desarrollo, pero yo sentí que les faltaba una estructura de historia y empezamos a trabajar y buscamos varias opciones, como la que el papá se muriera en el Tres Leches y el chavo lo va a buscar, y finalmente dimos con la idea del canario y ya Fabrizio empezó a trabajar un poco más cerrado.

FMM: Una historia más cerrada, en la que por ejemplo el canario tenía que repetirse tres o cuatro veces para que se convirtiera en personaje y ya después nos reunimos varias veces para ver los dibujos, pero yo la verdad es que no tenía que decir nada sobre los dibujos de Hernández, porque la elección que yo había de él era precisamente porque me gustaba cómo dibujaba y no había más que decir y yo solamente lo veía, nos juntábamos en la mañana en el mismo café en donde nos habían temblado, que se convirtió en una especie de laboratorio y yo siempre le decía “qué chingón”, “qué chingón” y ya, no tenía mucho más que aportar.

JMH: Hay viñetas que son retomadas de fotos originales de la época y eso lo hace aún más vívido, más realista, sobre todo para las personas que vivieron el temblor.

JH: Llegué a pensar en la pertinencia de poner las fotos tal cual pero al final no me pareció que no era una solución que funcionara, porque hay muchas fotos que son muy características, que se han visto mucho, como la foto del Hotel Regis con el reloj de Haste, que quedó detenido justo a la hora del terremoto, las 7:19 de la mañana, pero había otra muy famosa del Eje Central con fierros retorcidos y al fondo la Torre Latino y está una mujer parada ahí, una escena desoladora, muy fuerte. Entonces lo que hice fue escoger las fotos de los derrumbes, de los escombros, que me parecieron muy características y las imágenes que más ayudaban a contar la historia, encontré una que me gustó mucho que es la imagen de un edificio derruido y enfrente estaba una persona observando el derrumbe, me gustó mucho y lo único que hice fue meter al protagonista pero la foto es prácticamente la misma.

JMH: Sobre la elección de las viñetas del Fisgón que aparecen en el libro.

JH: Eso es algo que recuerdo mucho de esos momentos, La Jornada cumplió un año justamente el 19 de septiembre, porque La Jornada nació en 1984 y yo era lector del periódico y recuerdo los cartones de esos días, recuerdo mucho por ejemplo uno en donde estaba el Plan DN-III, el plan de rescate del gobierno, pero estaba en la lista de desaparecidos, por ejemplo, entonces sí quise meter algunos cartones de los que recuerdo, porque sí creo, y está mal que lo diga yo, pero muchos de los mejores cronistas son caricaturistas.

JMH: Fabrizio, el temblor es un parteaguas de la historia de este país, pero hay muy pocos libros que lo aborden, muy pocas exposiciones que se hayan montado para hablar sobre él.

FMM: Hay básicamente crónica y recuerdo que en esa época, en esos días, José Emilio Pacheco escribía su Inventario en la revista Proceso en la que publicó una serie de poemas sobre el terremoto muy duros y digamos que es el pretexto para Batallas en el desierto que sin embargo no es un libro sobre el terremoto, sino sobre la infancia que ya no volverá, que es uno de los temas de la obra de Pacheco y entonces no había, y con esto no queremos decir que ya hay una obra sobre el terremoto, no subsanamos el problema, pero lo que menos queríamos decir, fue nuestro intento, fue decir que en el terremoto hay una épica colectiva, que hay una ciudadanía, una ciudad que se defiende, que resiste y si eso no lo ve un cineasta no sé en dónde estamos parados.

JH: Yo leyendo los testimonios que vienen en el libro de Poniatowska son terribles, hay uno en el que encuentran a un sobreviviente, pero en el lapso en el que intentan el rescate, muere y yo me imaginé que esa sola escena puede salir toda una película muy conmovedora, porque son historias muy fuertes.

JMH: Hablando de la épica, es necesario hablar de esa naciente ciudadanía, que está en el centro de su libro, que toma conciencia de que el Estado no estaba haciendo nada por rescatar, por ayudar.

FMM: Sí porque habían mandado a los soldados en el marco de este plan DN-III a acordonar y no solamente no ayudabas, sino que obstaculizaban. Por ejemplo, la historia real de cómo pudimos entrar a Tlatelolco es que uno de los chicos con los que veníamos en las brigadas se llamaba Francesco y cuando yo le grito, ellos piensan, ellos escuchan “francés” y piensan que venimos con ellos y nos dejan pasar. Si no hubiera sido por eso no nos dejan pasar. Entonces el papel del ejército que había sido terrible en el 68 vuelve a ser un horror en el 85, es como el centro de muchos cambios a nivel cultural, por un lado el caso de la ciudad es el nuevo orgullo de pertenecer a una ciudad de estas dimensiones y que es capaz de organizarse sola.

JH: De entrada, tres años después en las elecciones el PRI perdió la presidencia y la Ciudad de México es el corazón de esa respuesta, y que haya perdido el PRI tiene mucho que ver con la respuesta que el gobierno tiene en el terremoto y la ciudad adquirió una conciencia cívica que no tenía antes de este suceso, y no en balde el bautizo como sociedad civil que es el personaje de la historia.

The Author

Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández