Opinión

De música sacra…con motivo del quincenario de Nuestra Señora de la Asunción / El banquete de los pordioseros

 

No me considero un conocedor de música, sí soy un apasionado de ella, soy un melómano incurable, disfruto inmensamente la audición musical, ya sea en una sala de conciertos o cualquier recinto habilitado para tocar música, una galería de arte, un templo, el patio central de algún edificio importante; o bien, en la intimidad de la casa con mi equipo de sonido eligiendo libremente lo que deseo escuchar. Así he pasado muchos años de mi vida, diría que todos, sucumbiendo sin resistencia a los encantos de Orfeo, que con su lira, eleva el espíritu hasta realidades inconcebibles y a las que sólo la música nos puede llevar.

Recuerdo que hace algunos años tenía un programa de radio que se transmitía todos los sábados de las 10:00 a las 12:00 del mediodía, al terminar el programa me dirigía hacia la Catedral Basílica de esta ciudad con el único fin de escuchar los coros que a esa hora, generalmente, tenían algún oficio en Catedral: bodas, graduaciones o cualquier tipo de celebración, eso era lo de menos, lo importante era escuchar la música, aquellas  voces. Con frecuencia no sabía qué coros eran, seguramente el de Los Ángeles de Catedral, o el de los Carmelitas Descalzos o algún coro parroquial, algunas veces acompañados con órgano, como es lo propio de la liturgia, en ese tiempo todavía no estaba el monumental órgano Rufatti, o bien, con algún ensamble de cuerdas se entonaban hermosos cantos, Kyrie, Gloria, Sanctus, Benedictus, Agnus Dei, en fin, lo propio de la liturgia romana, pero eso sí nunca escuché canto gregoriano, siendo éste la piedra angular de la música sacra.

Por alguna razón que no entiendo, o no quiero entender, se ha expulsado definitivamente el Canto Gregoriano de las celebraciones litúrgicas, desde la misa ordinaria hasta la más grande solemnidad y poco a poco, las celebraciones litúrgicas se han visto invadidas por música arreglada o acondicionada a las necesidades de los cantos, canciones populares promovidas por la radio comercial han desplazado poco a poco a los cantos propios del ritual romano y aunque les cambien la letra y éstas sean, más o menos cercanas a las exigencias de la liturgia, no dejan de ser tonadillas que en la mente de quienes las escuchan o las entonan en una Celebración Eucarística, tienen sugerencias de cualquier tipo, pero de ninguna manera logran acercar a los fieles a Dios, que es en realidad el objetivo de los cantos en los oficios religiosos.

Los contenidos literarios de los cantos y las buenas formas de la estructura musical que la Iglesia pide para la música de sus celebraciones, ya no digamos que sea  o por lo menos se parezca al canto gregoriano, ha sido desterrada del horizonte religioso, posiblemente por la anuencia de algunos párrocos que permiten esto en su Parroquia con la sobada justificación de que es necesario que el pueblo participe más de los cantos y se involucre más con las celebraciones, aunque esto desvirtúe los objetivos básicos de la música que se propone el acercamiento con el Creador. La música sacra está hecha para esto, éste es su único y verdadero fin, para esto fue creada, y las formas y contenidos de la misma van encaminadas a este objetivo. De ninguna manera una canción del artista de moda, por mucho que nos guste, va a poder lograr el mismo efecto en un templo, la música del artista en cuestión no es música diseñada para acompañar una celebración religiosa, evidentemente no está pensada para que los feligreses se acerquen a Dios, es sólo una canción pensada, diseñada y planeada para vender cualquier cantidad de copias, romper los récords de ventas y ocupar los lugares de  privilegio en las engañosas  y manipuladas listas de popularidad; entonces, si esto es así, ¿por qué extraña necedad hay maestros de capilla, cantores, o no se quién más, que insisten en cambiarle la letra a esas canciones baratas, perecederas, con fecha de caducidad, simplemente porque la melodía les pareció bonita?

La música que está destinada para acompañar los oficios religiosos se llama música sacra, y está diseñada para este fin, su función es solemnizar una celebración litúrgica y generar sentimientos piadosos en la feligresía y para eso existe, tiene como objetivo el de generar una atmósfera favorable para elevar el espíritu, acercarlo un poco a Dios, estimular la contemplación y generar en nuestro interior sentimientos de arrepentimiento y fortalecer nuestros propósitos de enmienda, sí, todo esto hace la música, la que está apegada a los textos bíblicos, la que está sujeta a ciertas normas que han sido establecidas con total conocimiento de causa por parte del Vaticano y que está diseñada para  los instrumentos que se utilizarán en los oficios religiosos, teniendo al órgano tubular como el principal medio para esta música o en caso de no contar con uno, el órgano eléctrico, pero sin descartar otros instrumentos como el violín, viola, violoncello, piano, flauta y por supuesto, la voz humana, solista o coral, que es indispensable para todo culto religioso.

La Iglesia Romana se basta a sí misma en su muy rico acervo cultural, creo que no hay ninguna necesidad de pedir prestados himnos a las iglesias evangélicas, que por otro lado son muy bellos y de gran valor artístico, pero alejados de nuestras creencias, aun cuando les cambiemos las letras. Los coros evangélicos, que en lo personal me encantan por sus fuertes y sólidas bases jazzísticas con un gospel entonado con lujo de técnica por educadas  voces afroamericanas, no me hacen sentir cerca de Dios, en todo caso se me antoja estar en Nueva Orleans tomando una cerveza en Bourbone Street y seguir escuchando jazz por un buen rato.

Como alguna vez dijo el tercer Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, para ser exacto, aquel 14 de agosto de 1943 cuando se encontró con un coro de 400 voces blancas, niños del catecismo entonando las Vísperas Pontificales en honor de nuestra Patrona, la Virgen de la Asunción: “Así es como soñaba mi Catedral”. Yo también así sueño mi Catedral, ahora con su monumental órgano destinado tanto para las celebraciones eucarísticas como a recitales para este instrumento, y así sueño todos mis templos, los destinados a la celebración de los oficios de la religión que orgullosamente profeso, la católica, con cantos sacros que propicien una atmósfera de sacralidad, que me impulsen a desprenderme de lo terrenal, que inviten al recogimiento espiritual, a ser una mejor persona, un mejor cristiano y que me acerquen, íntimamente a Dios.

Quiero dedicar estas líneas que hace ya algún tiempo escribí y que ahora retomé y retoqué para el Banquete del día de hoy, a mis alumnos de la Escuela Diocesana de Música Sacra, en ellos está el compromiso de rescatar la verdadera música para alabar, agradecer y pedir a Dios.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches