Opinión

Ser padre o madre, el juego de ser dios / Piel curtida

Algunos requisitos para lograr ser una persona completa y respetable ante los demás estriban en el amor romántico: consolidar una pareja sentimental, duradera, heterosexual y con hijos biológicos. Una aspiración que en todas las esferas de la vida privada y pública cuestiona a quien no la cumple, lo cual puede generar una frustración en diferentes niveles. Esto no es de sorprender pues procrear un ser humano significa el negar la caducidad de nuestro cuerpo, a través de la encarnación de nuestras aspiraciones y frustraciones, la materialización de un ente de quien esperamos respeto, amor y, por qué no decirlo, servidumbre; he aquí la teoría de la generación espontánea de diversas agrupaciones religiosas. Para preservar la piel se curtía con orina y excremento, para continuar un legado hay que cambiar pañales.

El ser padre o madre implica un deseo egoísta, de trascender, si se quiere un eufemismo; aunque es real el sentimiento de amor por un hijo o hija, como extensión de carne propia, también asignamos a nuestros descendientes todo un esquema de actitudes aun antes de que el embarazo termine, años antes de ser posible. Algunos ejemplos de lo planteado son la expectativa del sexo del bebé, la selección del nombre, la escuela, la ropa, las fiestas de cumpleaños; todos éstos construidos con base en lo que queremos exhibir ante los demás a través de un álter ego. Es entonces que durante la adolescencia de los hijos existe un gran conflicto intergeneracional, pues observamos a una persona que está construyendo su identidad, un objeto que pierde su característica de propiedad privada: una cosificación que llega a su límite.

Espero que no se sienta y se siente. La necesidad de dejar huella es una característica propia del humano, pero también el reconocimiento a la autonomía es un valor por promover. El ser padre o madre, además de permitirnos el goce de diferentes satisfacciones y de compartir cariño, también puede significar una violencia legitimada si no nos atrevemos a reflexionar sobre nuestras emociones que se hacen evidentes a través del cuerpo. Si el verbo se hizo carne, el verbo partió del pensamiento.

Según datos del Instituto de Servicios de Salud del Estado de Aguascalientes, el porcentaje de nacimientos en adolescentes es de 28.8 por ciento, lo que posiciona a la entidad en el quinto lugar a nivel nacional. Se suele comentar sobre la necesidad de impartir educación sexual en las escuelas de educación básica, sin embargo, estas iniciativas han sido tachadas como promotoras de la promiscuidad por parte de agrupaciones católicas y organizaciones civiles que también comparten los dogmas de dicha iglesia.

En la página de internet del Comité Nacional Provida México se encuentra un apartado titulado “La mayoría de las adolescentes embarazadas consulta previamente sobre anticoncepción”; aunque se trata de matizar con poca destreza su postura tendenciosa, se plantea que las jóvenes con conocimiento sobre métodos como el condón, dispositivos intrauterinos o pastillas anticonceptivas son quienes terminan embarazadas, y propone de forma tácita el coito interrumpido o el Billings. Esto promueve los valores de la familia monogámica, heterosexual, dirigida por un hombre y con pocas prácticas sexuales; y es en este discurso donde radican algunas de las causas del embarazo adolescente, que es un problema toda vez que la economía requiere de al menos 2.3 perceptores por hogar, el trabajo remunerado de al menos dos personas y un ingreso extra para tener una estabilidad moderada; además de los gastos de servicios médicos, educativos o de seguridad, que debe ofrecer el Estado a la sobrepoblación.

Múltiples estudios sobre el embarazo en la adolescencia demuestran que se culpa a la mujer por no perder su virginidad hasta el matrimonio, ¿y los hombres?, parece que el espíritu santo está muy empeñado en traer cristos al mundo. Por otra parte, las niñas sobreprotegidas por su hogar observan y escuchan que las madres logran el respeto y una estabilidad económica, es así que no tan inconscientemente deciden generar una familia lo más pronto posible. La solución: un embarazo que por nuestra sociedad será obligado a cumplirse con todo y matrimonio. En la contraparte se encuentran los hombres, quienes sencillamente no podrán negarse a fornicar, sino serían homosexuales, el preocuparse por la anticoncepción no será su tarea pues no tienen vagina, y si se da un embarazo, será todo un hombre, pues logró preservar el apellido paterno. Sin bien es necesaria la educación sexual, en su mayoría está bajo la visión biomédica, se requiere de una perspectiva social y crítica para un verdadero cambio.

Con este texto no pretendo una eugenesia de control natal, sino el reconocer nuestros impulsos viscerales racionalizados y comprender que aunque ponemos la materia prima: semen en la vagina, ya sea de forma natural o asistida por la industria biomédica, esto produce una masa de carne que desarrollará una identidad distinta a la caverna materna de la que se expulsó. Es aquí que la adopción podría ser considerada como un indicador de armonía entre la necesidad individual de trascender, de conciencia social de la situación colectiva real y el respeto al derecho ajeno de la personalidad. ¿Cuántas personas o parejas no se sienten hombres o mujeres por ser carne pútrida improductiva? ¿Cuántas personas, en especial con vagina, se sienten inservibles por no ver a sus hijos o hijas a su imagen y semejanza? ¡Cuánto nos cuesta aceptar la mortalidad! Por suerte, quienes creen en un tipo de dios saben que éste tiene esa capacidad de creación y eternidad, dios tiene la piel curtida.

Twitter: @m_acevez

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Juan Luis Montoya Acevez

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