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Woodstock / El banquete de los pordioseros

El siglo XX tiene una serie de acontecimientos que han marcado su historia, momentos muy difíciles para la humanidad, de hecho, casi todos los eventos trascendentales del siglo pasado han sido catastróficos, como es el caso, por ejemplo, de las dos terribles guerras mundiales que sumieron al planeta en la incertidumbre, el miedo, la muerte y la inseguridad. También tuvimos sucesos que llenaron de regocijo a buena parte del género humano, como la caída del muro de Berlín y el consecuente fin de las atroces dictaduras comunistas, hecho que inobjetablemente sacudió y puso de fiesta a toda Europa.

Pero los grandes parteaguas del siglo XX no se dieron sólo en el ámbito político, felizmente estas sacudidas estructurales tuvieron repercusión también en los terrenos del arte y la cultura, fueron varios los momentos trascendentes desde un punto de vista cultural, social y artístico que podemos contar en el siglo XX, pero el objetivo de las presentes líneas no es el de hacer un recuento de esos acontecimientos, sino de dedicarnos concretamente a uno, a la celebración de tres días de música, paz y amor en la granja de Bethel, en el estado de Nueva York, medio millón de jóvenes desaliñados, con el cabello largo, vestidos de colores se trasladaron a la campiña neoyorkina para escuchar a algunos de los más grandes íconos del rock, claro, faltaron algunos indispensables: The Beatles, que por aquel verano de 1969 estaban ya entonando el canto del cisne; The Rolling Stones que en su afán de realizar su propio festival, se metieron en líos muy serios en su concierto de Altamont; Bob Dylan que se recuperaba de su accidente en motocicleta muy cerca del lugar del gran festival; The Doors que intentaban inútilmente poner orden a la caótica y decadente vida de Jim Morrison, pero sí estuvieron otros igualmente indispensables como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Crosby, Stills & Nash, Santana, Creedence Clearwater Revival, Joan Baez, The Who, Sly & The Family Stone, Ten Years After, podemos ver en la película documental a Alvin Lee cargando una enorme sandía después de su impresionante presentación. La Butterfield Blues Band con aquella estremecedora “Marcha del Amor”. Joe Cocker con su botas azules con estrellas plateadas interpretando uno de los mejores covers que se han realizado en la historia del rock, “With a little Help from my Friends” del Sgt. Peppers de The Beatles y que en esta versión se utilizó como rúbrica de la serie de televisión Los Años Maravillosos, la mejor serie para la humilde opinión de quien esto escribe. También estuvo Jefferson Airplane con una demoledora Grace Slick. No podía faltar Canned Heat, Sha-na-na o Country Joe Mc Donald.

En fin, Woodstock, celebrado del día 15 a la mañana del 18 de agosto de 1969, significó para la historia del siglo XX, algo más que un simple festival presentando algunas de las mejores bandas de rock del momento tocando en vivo, dio lugar a lo que hoy conocemos como la Nación Woodstock, reunió a una generación inconforme con lo que estaba sucediendo en el mundo, una generación con sus propios ideales, con sus mitos y realidades, una generación que se inconformaba por la guerra de Vietnam en la que los Estados Unidos decidió meterse hasta el cuello sin que nadie lo llamara. Muchos de los jóvenes estadounidenses fueron llamados a filas señalados por el dedo inquisidor del buen Tío Sam y llevados a Vietnam a pelear por una causa que no era de ellos, a pelear una guerra que tampoco era de ellos, y muchos de esos jóvenes ahí perdieron sus valiosas y nacientes vidas. Otros jóvenes prefirieron no lustrar sus botas ni recortarse el cabello, se vistieron con un pantalón de mezclilla, ataron una cinta a su cabello, y con sus manos hicieron en símbolo de amor y paz, ellos no irían a Vietnam a matar gente que nada les debía ni a defender causas que no conocían, ellos irían a Woodstock a pasar en armonía y equilibrio a vivir intensamente tres días de música, paz y amor, probablemente por esta razón es que fueron satanizados y vistos como animales en cautiverio, señalados acusadoramente por defender su derecho a existir, por preferir la convivencia con sus semejantes a participar en la gran masacre de la humanidad, es decir, la guerra.

Cerca de medio millón de jóvenes se reunieron en Woodstock, en la provincia de Bethel, en el estado de Nueva York. La lluvia detuvo por algunas horas el festival lo que hizo que éste se prolongara hasta la mañana del 18 de agosto. Seguramente el agotamiento físico y el deseo de evitar el congestionamiento en las carreteras obligó a muchos asistentes a salir del lugar antes de que se declarara finalizado el festival. Para cuando Jimi Hendrix se presentó en el escenario, a juzgar por lo que se ve en el documental, no había más de 15 mil o 20 mil personas aguardando al mejor guitarrista en la historia del siglo XX y lo que va del XXI, la mayoría se perdió una de las mejores presentaciones de Hendrix. En su ejecución de Purple Haze incluyó el Himno de los Estados Unidos, como  para decirles a las autoridades de su país que no por no traer el cabello corto ni las botas lustradas, que no por haberse negado a ir a Vietnam, dejaban de amar a su país. El himno de los Estados Unidos sonó en Woodstock, no con una banda militar, fue tocado con una guitarra Fender Stratocaster por el mejor guitarrista en la historia del rock, James Marshall Hendrix, un aspirante a militar que cambió el fusil por un arma mucho más elocuente y convincente, un instrumento musical.

Hace 44 años se celebró el más grande y ambicioso festival de rock que registra la historia, medio millón de hippies le dijeron al mundo que sabían cómo comportarse y se ganaron la simpatía de los vecinos del lugar, primero escépticos y algunos hasta molestos en un primer momento, después se dieron cuenta que aquellas hordas de greñudos no buscaban problemas, sólo pretendían pasar tres días de música, paz y amor.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches