Opinión

¡¡¡Avándarooooo!!! / El banquete de los pordioseros

Este es el viernes más cercano al 11 de septiembre, pero ¿qué sucedió el 11 de septiembre? Bueno, varias cosas, y vámonos por orden cronológico. Ese día, en 1971, se celebró nuestro propio Woodstock en Avándaro, Valle de Bravo, en el Estado de México, de este acontecimiento es del que nos ocuparemos en esta entrega del Banquete de los Pordioseros, pero antes de abordar el tema, no quiero dejar de mencionar otras dos efemérides que hacen del 11 de septiembre un día señalado, lamentablemente, por situaciones trágicas.

Hace exactamente 40 años América Latina, Chile particularmente, sufrió uno de los golpes de estado más crueles y de fatales consecuencias, el militar y dictador Augusto Pinochet derrocó al Presidente elegido democráticamente por el pueblo de Chile, Salvador Allende, sitiándolo en el Palacio de la Moneda, a partir de esa fecha Chile sufrió casi dos décadas de vejaciones a los más elementales derechos humanos.

Más próximo a nosotros, me refiero a términos cronológicos, fue el ataque al World Trade Center en la Isla de Mannhattan en la cosmopolita Nueva York, la seguridad del país más poderoso del mundo había sido vulnerada.

Evidentemente, y por ser esta una columna dedicada a la música, nos ocuparemos del Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, pero antes de eso, y abusando de tu generosa paciencia, amigo lector, permíteme dedicarle unas líneas al golpe de estado en Chile, ya que se cumplen 40 años de aquella tragedia.

Considero necesario iniciar estas líneas de la toma del Palacio de la Moneda, con una declaración de principios, por aquello de las malas interpretaciones, así que ahí va. No soy simpatizante del socialismo, no creo en las políticas de izquierda, no al menos al estilo anacrónico de la stalinista y por fortuna desaparecida Unión Soviética. Tampoco lo soy al estilo lamentoso de los trovadores cubanos que acompañan sus coplas, muchas veces improvisadas, otras pensadas a conciencia, con los delicados arpegios de su guitarra, no soy izquierdista en esos términos, pero no creo que sea necesario compartir esas políticas de izquierda para detestar las violaciones a los derechos humanos, para despreciar irreversiblemente ese radicalismo derechista  que atenta contra la dignidad humana. Rechazo categóricamente toda autoridad castrante y dictatorial que se sirve del pueblo en función del beneficio propio. Señalo con dedo acusador a quienes han llevado al pueblo al extremo de sacrificar su individualidad, a obligarlo a entregar sus mejores años a un empresario que sólo ve en él un medio de enriquecimiento, haciéndole creer, sin embargo, que él es importante para la empresa, cuando en realidad lo es sólo en función del beneficio económico que representa, convirtiendo su derecho a cubrir todos sus satisfactores en una necesidad enajenante sacrificando, como en alguna ocasión dijo mi buen amigo, el poeta Ricardo Esquer, su libertad creadora.

Bien, esta es mi declaración de principios para poder decir, sin que se me tache de socialista de los años sesentas, que celebro el incuestionable triunfo de la democracia en Chile y que reconozco en Salvador Allende a un verdadero líder, no el que intimida con toques de queda y discursos agresivos, sino el líder que lo es porque el pueblo así lo decidió y es líder porque convence, no porque somete.

Bien, pues si no dispones lo contrario vámonos a Avándaro, y te invito a abordar el asunto del festival desde la óptica de la capa de hielo tan delgada que sostenía a un muy complicado ambiente político que se respiraba en México. Todavía estaban las heridas muy sensibles de aquel 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, seguramente todavía no se acababan de limpiar las manchas de sangre del edificio Chihuahua cuando vino otra circunstancia que nuestra tierra, como dice José Cruz de Real de Catorce, abonada de dolor y placer, volvía a sufrir. El 10 de junio de 1971, conocido como el “Jueves de Corpus” por haber coincidido con esa fecha litúrgica, el grupo armado de los Halcones disparaba contra estudiantes del Poli y de la UNAM, quienes marchaban en el Casco de Santo Tomás en la Ciudad de México en apoyo a los estudiantes de la Universidad de Nuevo León, lo menciono porque sólo tres meses más tarde, el 11 de septiembre de ese mismo año, 1971, se celebraba el primer gran festival masivo de rock en México, el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, la verdad qué valor para asistir a esta fiesta en donde el principal ingrediente fue la música, lo de ruedas era por una carrera, creo que de motos que se tenía planeada y que finalmente se suspendió, y digo qué valor porque no se tenían garantías de que no hubiera brotes de violencia, sin embargo se reunieron ahí más de 100 mil personas, de hecho no hay cifras oficiales, hay quien afirma que se juntaron cerca de 250 mil amantes del rock.

Nuestro propio Woodstock no contó con Hendrix ni con la Janis, ni Joe Cocker ni Ten Years Alter, tampoco fueron “Tres días de Música, Paz y Amor”, fueron sólo 24 horas, y estuvieron, en un escenario débil y un sonido pésimo, algunos de los protagonistas de la cultura roquera de México. Abrieron los Dug Dug’s y cerró Three Souls in my Mind, hoy simplemente el Tri, parafraseando a Lora. Entre estas dos bandas desfilaron grupos como El Ritual, Peace and Love, Tinta Blanca, en ese entonces llamada White Ink y otros más que han quedado como un verdadero testimonio histórico de ese primer gran festival de rock en México. También hubo grandes ausentes, principalmente Javier Bátiz y la Revolución de Emiliano Zapata claro, cuando tocaban rock y componían canciones como Nasty Sex o Shit City, antes de que doblaran dócilmente las manitas ante la industria discográfica y pudieran ganar dinero fácil con canciones malolientes y totalmente perecederas.

Esto sucedió hace 42 años en Valle de Bravo, en el Estado de México, aunque el festival, en honor a la verdad, tuvo fatales consecuencias, los medios de comunicación, principalmente los alineados, satanizaron el festival, a la juventud y claro, al rock. A partir de este momento se prohibió la difusión masiva de esta música y al rock le costó mucho trabajo ganarse un lugar, o por lo menos ser tolerado, que no aceptado, por “las buenas conciencias”, como dijera Carlos Fuentes.

Por cierto y ya para terminar, quiero afinar más mi declaración de principios, mucho antes de que existiera Marx, Lenin, Mao, o cualquier otro líder de izquierda, ya Cristo había hablado a favor de los más desprotegidos, había apostado por los pobres y fue demasiado claro y contundente en lo que hoy conocemos como “El Sermón de la Montaña”, en eso es en lo que yo creo, sí, soy orgullosamente católico.

 

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Rodolfo Popoca Perches

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