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El banquete de los pordioseros / Hendrix

Hola, te doy la bienvenida, gracias por compartir conmigo la mesa en este Banquete de los Pordioseros. El tema obligado en esta ocasión es, por supuesto, el 43 aniversario luctuoso del que para un servidor ha sido el mejor guitarrista en lo que va de la historia del rock, sí, evidentemente me refiero a James Marshall Hendrix, pero antes de ocuparnos de este virtuoso de la guitarra nacido en Seattle, en el estado de Washington, sólo quiero recordar lo que sucedió en la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985, pero más allá de hablar del terremoto, de eso habrá innumerables medios ocupados de este asunto, lo nuestro es la música, y además de que resulta imposible olvidar el hecho de que en este trágico evento falleció el buen Rockdrigo González, el Profeta del Nopal sepultado en los escombros de su casa en la Colonia Roma, a quien por cierto valdría la pena dedicarle un Banquete, quiero compartir contigo, amable y generoso lector, una pequeña curiosidad. Si has leído, como sin duda así ha sido, “El Llano en Llamas” de Juan Rulfo, recordarás sin duda aquel relato de esta colección llamado “El Día del Derrumbe” que inicia con este diálogo: “Esto pasó en Septiembre. No en el Septiembre de este año sino en el del año pasado. ¿O fue el antepasado, Melitón?

–No, fue el pasado.

–Sí, si yo me acordaba bien. Fue en septiembre del año pasado, por el día veintiuno. Óyeme, Melitón, ¿no fue el veintiuno de septiembre el mero día del temblor?

–Fue un poco antes. Tengo entendido que fue por el dieciocho.”

Y así continúa el cuento de Rulfo llamado “El Día del Derrumbe” en las inmortales páginas de El Llano en Llamas. Es curioso, ¿no? Sí, lo sé, es una casualidad la cita casi exacta de Juan Rulfo con respecto a la fecha del terremoto que sacudió a la capital del país. Es sólo eso, una curiosidad y no quería dejar de compartirla contigo, de cualquier manera que sirva como una invitación a leer esta obra sublime de Juan Rulfo, y de una vez, ¿por qué no? podemos leer “Pedro Páramo”.

Pues bien, vámonos a lo que nos ocupa, la música y particularmente a Jimi Hendrix. Como sabemos, Hendrix falleció el 18 de septiembre de 1970, muy pocos días después de su presentación en el Festival de la Isla de White al sur de Inglaterra, eso fue el 30 de agosto de ese 1970. Él, siendo estadounidense, tuvo que nacer musicalmente en el Reino Unido. Fue en Londres en donde por vez primera llamó la atención de las luminarias inglesas del rock, Eric Clapton, Pete Townsend y otros íconos de la guitarra se sentían atraídos, y quizás celosos, de ese joven desconocido que acababa de llegar de Estados Unidos. Sus enormes manos, posiblemente con ese mismo padecimiento ¿padecimiento? que sufrieron Sergei Rachmaninov o Nicolo Paganini llamado aracnodactilia, es decir, un crecimiento anormal en sus manos, deformación, sin embargo que para un guitarrista como Hendrix, un pianista como Rachmaninov o un violinista como Paganini, los tres sublimes compositores, los dos últimos en los fascinantes terrenos de la gran música de concierto, les permitía hacer cosas en sus respectivos instrumentos que para otros músicos con las manos, digamos, normales, resultaban inaccesibles.

Pero además de esa circunstancia que le permitía que su dedo pulgar de la mano derecha –él era zurdo- abarcara por completo el diapasón de su fender stratocaster, tenía otras ventajas contra las que definitivamente otros guitarristas como Jeff Beck, el mismo Clapton o Jimy Page no tenían nada que hacer, Jimi Hendrix era afroamericano, y más allá de un color de piel, esto es cuestión de sensibilidad, de la profundidad con la que se hace música, y más si hablamos de blues. Los músicos blancos, británicos o no, pueden ser muy diestros en el aspecto técnico, sin duda tienen acceso a las mejores academias de música del mundo, pero no tienen esa sensibilidad que da el hecho de pertenecer a una raza que históricamente ha sido tratada con desprecio, que han hecho su música trabajando en los campos de algodón de Alabama, Georgia, Louisiana o Texas, bajo un inclemente sol y con jornadas de sol a sol. El blues ha surgido de esos campos trabajados con manos callosas al ritmo de una armónica o de una guitarra. Para  tocar el blues no se necesita ir al conservatorio, esa música se aprende en la calle, es el refugio de las injusticias que sufrían los negros arrancados de África para trabajar los plantíos del sur de la Unión Americana.

Pero Jimi Hendrix va mucho más lejos, por eso, en mi opinión es el mejor. No se contenta con hacer llorar a la guitarra y claro, a los que lo escuchamos. No es suficiente crear riffs tan demoledores como el de Voodoo Chile o arrancarle sonidos a la guitarra inéditos hasta ese momento. No fue suficiente aquel ritual en el escenario del Festival Pop de Monterey, California al quemar su guitarra mientras tocaba “Wild Thing”. Nada de eso, sus ambiciones musicales iban mucho más allá que el simple hecho de apantallar a sus seguidores en Woodstock tocando la guitarra con los dientes, eso, en honor a la verdad, cualquiera que se preste de ser un buen guitarrista lo puede hacer. No, es no basta. A mi entender, el gran mérito de Hendrix es que antes de él, el blues estaba de un lado, el jazz en el otro extremo y el rock estaba en medio, después de Jimi Hendrix, nada fue igual, él es el punto de convergencia de toda la música, principalmente de estos tres apasionantes lenguajes, él tomó en sus manos al jazz, al blues y al rock e hizo con sus manos una extraña mezcla con todo esto y nos la entregó como su principal testimonio de su paso por este mundo.

Jimi Hendrix murió hace 43 años, uno de los más importantes miembros del club de los 27, hoy tendría 70 años, apenas 70 años, muy pocos si lo comparamos con lo que durará su música, ésta sin duda es para siempre.

Por cierto, también por estos días, el 15 de septiembre si no me equivoco, se cumplen años de la muerte de Rick Wright, el tecladista de Pink Floyd, cómo olvidarlo, creo que el próximo banquete estará dedicado a él, ¿estás de acuerdo? Hasta entonces, si Dios no dispone lo contrario.

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Rodolfo Popoca Perches

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