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The Insolence of Office / México y selección mexicana

I

Hace poco un arquitecto me comentó que iba a lanzar una convocatoria nacional para buscar la identidad del diseño de nuestro país. Su preocupación: lo mexicano se puede identificar claramente en la comida, en los colores, en la gente, mas no en el diseño. ‘¿Cómo es una silla mexicana?’, decía. Al inicio de su conversación tuve un ejercicio de paciencia y tolerancia digno de un tibetano. Después de 10 minutos mi estado zen se convirtió en estado medieval y le arrojé varias preguntas que sintetizo en dos: ¿podemos seguir hablando de que hay algo que nos identifique como mexicanos?; a estas alturas del partido donde seguimos hablando de globalización: ¿qué es lo nacional, qué no lo es? Después de unos incómodos instantes de no saber qué más decir, abandonamos la conversación.

No sé qué signifique ser mexicano, pero cuando uno viaja al extranjero y escucha un mariachi o ve un restaurante de comida mexicana, uno se siente alegremente partícipe de una abstracción. Recuerdo a San Agustín: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé”. Evidentemente es una frase comodín que estoy usando a mi conveniencia, pero ocurre lo mismo con los cuestionamientos ontológicos de una nación.

Habrá quien lea a Borges, coma tacos, tome whisky, y haya nacido de padres sudamericanos, accidentalmente, dentro de nuestro territorio, y sea un mexicano de pies a cabeza. No se puede generalizar. Prefiero, para ahorrarme problemas, hablar de manera particular. Bill Nighy, si la memoria no me falla, en una entrevista con Charlie Rose, dijo que había dos cosas que lo hacían sentirse orgulloso de ser inglés: The Rolling Stones y Harold Pinter. En mi caso, copiando su comentario, me alegra saber que nací en el mismo país que Octavio Paz y el grupo Contemporáneos. Me gusta saber que, en cuanto a mis intereses, México ha contado con intelectuales de primera línea. A otros les podrá dar orgullo la gente del campo, los músicos, los bailarines, las marías, los niños de la calle, los muralistas, el cine, el mar, los paisajes, las ciudades, las mujeres, el tequila, etc. Que cada quien asocie su pasaporte con lo que mejor le plazca y listo. El fútbol, por ejemplo; sin embargo, este deporte es un caso aparte: a algunos los enorgullece y a otros, en función del resultado de la selección mexicana, los avergüenza. (Habrá otros escenarios culturales que cumplan con lo anterior, pero quiero centrarme en el balompié).

II

Quien entienda el fútbol como unos cuantos tipos persiguiendo un balón durante 90 minutos, supongo que también entenderá una obra literaria como una sucesión de páginas que conforman un libro. Quien entienda el fútbol como un instrumento alienador de masas, puede ser que tenga razón, pero tendría que pensar que entonces los eventos culturales que convocan a un montón de gente también lo son. No sé si aquello sea inexacto o esto impreciso, pero entender el fútbol de manera superficial o inyectándole atributos ideológicos que no le corresponden, me parece equivocado. Mi lectura del fenómeno: lo entiendo como un depósito momentáneo de alegría o frustración nacional.

La selección mexicana de fútbol, en el transcurso de las últimas dos semanas, perdió en casa contra Honduras y de visita contra Estados Unidos. Su pase al mundial de Brasil se ha complicado. Esos juegos se han caracterizado por tener un planteamiento táctico desordenado, pobre y estéril. Chepo de la Torre, cabeza recientemente cortada, no tuvo personalidad y en el momento de dar explicaciones frente a la prensa, se comportaba como un jugador más. A uno le entran ganas de pasar por la guillotina a todos. ¿Por qué? Me da igual si sueno romántico: les falta corazón: juegan como si de un país irrelevante se tratara. No se dan cuenta -y aquí quizás exagere- que no sólo están jugando por ellos, sino por todo un país que, por lo regular, no tiene alegría colectiva.

La selección no se va a arreglar de la noche a la mañana con un nuevo técnico. Falta menos de un año para Brasil 2014. ¿Qué necesitan los jugadores? Saber que representan a un país donde hay gente que todos los días sale a romperse la madre en lo que sea que haga. Uno espera ver lo mismo con esos jugadores. Hay pocas cosas que reúne a millones de mexicanos. Una de ellas es el fútbol. No sé qué sea México, pero sé que ese deporte, durante un partido, participa en esa cosa rara que llamamos identidad y nos hace sonreír o nos hace enojar.

@jorge_terrones

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Jorge Terrones

Jorge Terrones