Opinión

Con una pequeña ayuda de mis amigos / El banquete de los pordioseros

 

Recuerdo cuando era joven, sí, todavía lo recuerdo, -ya me imagino las exclamaciones que has de estar haciendo en este momento- pero en serio, alguna vez fui joven, y claro, desde muy temprana edad tenía ya el interés por la música, pero en aquellos años setentas, exactamente como sucede ahora, era imposible encontrar en la radio buenas opciones para escuchar música, mucho menos si había ya en tu interior esa certeza de que debe haber necesariamente algo más de lo que me presenta la radio, de que esto que escucho no puede ser todo lo que hay. Así que te refugias en la sapiencia musical de algunos buenos amigos que por alguna razón siempre están al día en términos de música y buscas más, algo que realmente satisfaga las insaciables ansias de conocer y que la miopía de los programadores de radio les incapacita para proponer algo más ambicioso, exactamente como sucede ahora, es como una especie de Déjà Vu, sufro esa sensación cada vez que ingenuamente enciendo la radio esperando encontrar eso que… no, imposible. Ya lo mencioné en el Banquete de la semana pasada, soy un ingenuo y utópico soñador que piensa que las cosas pueden cambiar, pero basta ya, dejemos de soñar y ubiquémonos en la realidad, no vamos a encontrar nada en la radio, puros refritos y la misma música de siempre, ya lo dijo Led Zeppelin, “The Song Remains the Same”. Por cierto, antes de continuar con mis disertaciones de cómo escuchar buena música más allá de la inmensa aridez del cuadrante, y antes de que lo olvide, quiero agradecer a Héctor Zavala por su amable carta que tuvo la gentileza de depositar en el buzón de mi correo electrónico la semana pasada, me dice en su carta muchas cosas que yo, por una actitud mesurada no me permití decir, al menos no tan abiertamente como atinadamente lo dice él respecto al papel que debe desarrollar las frecuencias de la radio, particularmente la estatal, pero también la radio cultural en general, entiéndase Radio Universidad, que parcialmente se salva del desastre y Estéreo Mendel. Yo no lo menciono porque resulta que para quien esto escribe es sumamente incómodo hacer esos señalamientos, pero el radioescucha tiene todo el derecho de manifestar su inconformidad y, si así lo decide, como sucede con el auditorio inteligente y que no permite que le den gato por liebre, ha decidido apagar la radio. Reitero mi agradecimiento a Héctor Zavala por el detalle de leerme y, más aún, de escribirme. Le pedí autorización para publicar completa o parcialmente su carta y estoy en espera de su respuesta, por lo pronto te sigo platicando que cuando era joven también decidí apagar la radio y buscar con algunos buenos amigos estar actualizado en música.

Son viarios los amigos a los que les debo el haber entrado en contacto con el buen rock, el hecho de conocer más cosas que yo nunca me imaginé que existieran, discos increíbles que han sido la insustituible compañía de mi vida, compañía con la que he crecido, con la que me he equivocado, con la que me he corregido, me he enamorado y desenamorado, todo eso lo conseguí con una pequeña ayuda de mis amigos.

Desde la primaria, un buen amigo a quien de repente sigo viendo por ahí en algún concierto, se llama Fernando Chávez, pasábamos muchas tardes juntos jugando en su casa o en la mía. Cuando estábamos en su casa, su hermano mayor, Vicente, que por cierto tocaba la guitarra en una banda de rock, nos enseñaba sus discos. Fue ahí donde escuché por primera vez a Jethro Tull. ¿Te imaginas un niño de 7 u 8 años de edad escuchando “Aqualung”? fue impresionante, créeme amigo lector cuando te digo que fue una sacudida violenta, todavía en estos días recuerdo lo que sentí, cómo olvidar aquella primera impresión cuando Vicente colocó la aguja sobre los surcos del disco e inició la música. Desde entonces Ian Anderson se convirtió en una de mis referencias musicales.

Más tarde, ya en la adolescencia, mis amigos también compartían conmigo el gusanito por descubrir más cosas, conocer más música. Con Leopoldo González y Guillermo Rodríguez, “el Pato”, era escuchar todas las tardes a The Beatles, como grupo y a los cuatro como solistas. De esa etapa de mi vida recuerdo discos como “Good night Vienna” de Ringo, “Band on the Run” de Paul Mc Cartney, “All things must pass” de George Harrison o el “Mind Games” de John Lennon. Pero también descubrimos el metal, en lo personal me fasciné con aquel doble de Deep Purple Mark I & II, un álbum de recopilación con lo mejor del Púrpura Encendido, también escuché y me gustó Black Sabbath hasta llegar a Led Zeppelin, eso sí que fue en verdad violento, si Led Zeppelin existía, entonces todo era posible, ¿qué más podía esperar? Ya conocía a Led Zeppelin.

Por esos mismos años de transición de los 70 a los 80 pasaba muchas horas con un excelente amigo que por alguna razón que no entiendo, aún lo sigo viendo así que no perderé la oportunidad de preguntarle, pero siempre estaba a la vanguardia en música, se llama Alejandro Arenas, ¡saludos Alejandro! Con él conocí el rock progresivo, si Led Zeppelin me había impresionado, imagínate lo que me pasó cuando conocí a Pink Floyd, pero la vida me tenía aún muchas cosas por descubrir, particularmente mucha música por escuchar. Con Alejandro escuché por vez primera las delicias del rock progresivo, Emerson, Lake & Palmer; Le Orme, Premiata Forneria Marconi, Il Balleto di Bronzo, Yes, Genesis, King Crismon, Camel, en fin, toda esa música que ni en el más atrevido de los sueños podríamos escuchar en alguna frecuencia radiofónica, tampoco ahora, aunque debo darle crédito al programa de radio “Dimensión Ótica” de Radio Universidad que conducen y producen otros dos buenos amigos con quienes desde joven también he compartido esta delirante pasión por el rock, Fernando López y Pablo del Valle. En fin, el asunto es que con Alejandro, además de conocer cosas tan bellas y delicadas como Supertramp, además de descubrir que Kansas es algo más, mucho más que “Dust in the Wind”, incluso descubrí al “Three Souls in my Mind” y la pastosa voz de Alex Lora y otras buenas ofertas mexicanas más cercanas al progresivo como Chac Mool.

Con David García, cómo no mencionar a David, sobre todo en aquella época, entre 1985 y 1990 cuando compartimos junto con Eduardo Valtierra el programa de radio “En el Aire” todos los sábados de 22:00 a 24:00 hrs. y a veces más, mucho más en XENM Radio Instituto Cultural de Aguascalientes. Cuántas cosas aprendí con ellos, así como escuchando los programas de radio de Juan Manuel Muñoz, Pepe Reynoso y Sergio Rodríguez Prieto, eran los buenos años de la radio cultural aquí en Aguascalientes.

Ya en la edad adulta compartí un programa de televisión y radio con Enrique Campos Ceccopieri y con él también descubrí mucha música. Imposible no mencionar a Rodolfo Bernal, “el Kiss” que me enseño a Uriah Heep o Antonio Campos y Alberto González Rojas, juntos descubrimos a U.F.O. y muchas otras cosas.

A todos ellos, por lo que su compañía me ha enriquecido, no sólo en términos musicales, un saludo y mi agradecimiento, finalmente todo se logra con una pequeña ayuda de mis amigos.

 

rodolfo_popoca@hotmail.com

 

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches