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Inútil / H+D

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Usualmente en mi vida, creo que mi trabajo es absolutamente inútil, es decir, en pocas palabras me siento inútil, ahora mismo entre estas páginas de economía, política mundial, cultura, colaboradores y periodistas prestigiosos me siento como una mierda y definitivamente no sé por qué estoy aquí, ¿ustedes imaginan la claustrofobia que es estar atrapado entre la contraportada de la edición nacional y los verdaderos artículos de opinión? Es una pesadilla, es como ser un impostor que para colmo y como si no bastara para hablar de diseño.

Pero aunque no tengo nada que escribir y nada de que opinar, trataremos de hablar sobre cualquier otra cosa. Podemos comenzar, si les parece bien, por entender (sólo para perder el tiempo), no es muy interesante pero hablemos de esta columna dedicada exclusivamente al diseño. Por ahí se ha hecho la pregunta: ¿Quiénes son y qué hacen los diseñadores?, trataré de expresarlo lo más torpemente lúcido que pueda y tengo que explicarlo bien ahora que se me presenta la oportunidad de aclarar algunas cosas acerca de esta actividad.

Algunos creen que el diseñador es ese flautista de Hamelín que cuando toca los acordes de la creatividad aparecen las hadas y las musas desnudas y ahí, en un intercambio erótico-intelectual aparece el nuevo objeto, el gráfico, la prenda textil, el audiovisual o lo que se desee de manera caprichosa y egocéntrica. Voy a confesar esto tristemente y por primera vez, nunca he visto una hada desnuda (aunque intentos se han hecho), no creo mucho en ese cuento marketinero y publicitario de la creatividad, me parece un eufemismo, es más, no sé qué quiere decir creatividad, me parece un sello discriminatorio que establece que hay personas que están en absoluta posesión de unos extraños dones divinos que les permiten generar espontáneamente situaciones inéditas e innovadoras, ¡el diseño es otra cosa!

El diseño de un exprimidor de limones, un cepillo de dientes, una tarjeta de presentación, un logotipo (si es que este término existe académicamente), una tapa de inodoro, una página web, la barra de algún bar, el tubo de un autobús público, el calzado, el saco o la podadora de pasto estuvieron pensados por un individuo que tiene como profesión pensar en otros individuos de manera especializada, metódica y académica -y aquí las musas no aparecen por ningún lado, a menos que se diseñe lencería para las chicas rusas y eslovacas de Victoria´s Secret-.

Pero, ¿se ha dado cuenta de la realidad y el resultado la mayoría de veces banal acerca de la profesión de diseñar?, no me encuentro en una actividad que investiga la cura contra el cáncer, tampoco lucho por el Amazonas, no soy un activista social o peleo codo a codo en la sierra con mis hermanos del Sur para construir un nuevo país. Entonces estoy aquí entre estas líneas tratando de explicar el merecimiento de mi existencia replanteándome seriamente qué es lo que estamos haciendo.

Y la claustrofobia, ahora ya casi convertida en un editor de texto paralizante, me impide definir la profesión (al menos de manera coloquial) entre estas páginas de estos tiempos de cinismo, de incertidumbre, de muerte y pasarela, de barbarie, y en medio de esto -literalmente- me olvido de definiciones de diseño y diseñador, me olvido de las bellas sillas, del mobiliario, de gráficos extravagantes, de señalética, joyería, las luces y el neón, la ropa y el bombín, olvido casi todo -hasta el arte- y olvido todo eso porque hay prioridades, hay urgencias, ir de vuelta a la política, a la movilización, a la radicalización, a pelear, a la batalla.

Por eso hoy en día no sé del todo qué es diseño y qué hacemos los diseñadores, por lo pronto estoy tan apenado, tan avergonzado de tener este espacio, de hacer este inútil trabajo, que me sería más confortable y entretenido hablar de cómo se acomoda un cuadro, del colorido de los nuevos celulares, el nuevo logotipo de tal empresa “más joven y más refrescante” o la  colección de ropa en Milán, pero en este lado del mundo, en esta época, este tipo de frivolidad es incoherente, ¡no puedes!, porque si no pasas reflexivamente por este mundo, no pasaste, por eso seguiré escribiendo y seguiré diseñando, incluso si es para un destapador de baños, tratándolo de hacer lo mejor posible, porque creo firmemente que el diseño es lo más importante entre las cosas menos importantes, por eso vale la pena ser diseñador.