Opinión

La disyuntiva entre buenos gobiernos y la construcción de las buenas gobernanzas / Borrador de Futuro

 

Manuel Castells señala que la lucha secular por la democracia pretendía crear reglas para compartir el poder sobre la base de la ciudadanía. Las personas se convirtieron en ciudadanos asumiendo sus funciones y sus derechos como súbditos soberanos, para después delegar su poder en representantes responsables ante la ciudadanía. Sin embargo, los cambios históricos y la manipulación de las instituciones políticas por parte de quienes ostentan el poder han hecho irreconocible la mayor parte de las veces el ideal de la democracia si nos atenemos a una perspectiva mundial a largo plazo. Hoy discutiremos sobre una disyuntiva existente entre dos tipos de democracia: la de preservar buenos gobiernos y la de construir la buena gobernanza.

Un buen gobierno hace todo lo posible por mantener los consensos. Sus políticas públicas reflejan un ansia de atender la problemática pero no de asumirla. No hay frustración. No hay conflicto. De forma inédita desaparecen las opiniones de los ciudadanos. En su concepción no existen las manifestaciones, los críticos son resentidos que no tienen nada qué hacer. La oposición tiene precio. Vamos, en los buenos gobiernos la democracia muere el día siguiente a la jornada electoral.

En otro tenor, preservar la buena gobernanza es un tema de avanzada. La conflictividad permanentemente mantiene la apertura del sistema político. Los grupos de presión encuentran mucha dificultad para controlar los cargos electos, los partidos y los gobiernos no tienen las manos libres para manipular el sistema en beneficio propio, en la plaza pública se respira libertad e información, se confrontan puntos de vista. En la construcción de la gobernanza se transita permanentemente hacia un proceso transparente de toma común de decisiones.

Desde mi perspectiva, los ciudadanos debemos quitarles el disfraz a los buenos gobiernos democráticos. Es nuestro deber perseguir la información, asumir una posición como actores políticos de todas las tomas de decisiones. Efectivamente, no es tan fácil. La idea del bienestar individual obstaculiza la integración del ciudadano y deja el poder político en unos cuantos. Pero si queremos asumir nuestra responsabilidad en la construcción de la buena gobernanza, no nos queda de otra.

La buena gobernanza nos permite generar políticas que beneficien a todos, o por lo menos beneficien a los que mayor desventaja presentan (a lo Rawls). Seguimos hablando de crecimiento con equidad, o desarrollo en términos más simples. Las ideas y posiciones de todos circundan en un ambiente conflictivo que propicia avances institucionales, que normalmente mueren cuando un buen gobierno decide consensuar el problema y no asumirlo.

Cerraré con el tema más importante y urgente de atender (siempre citado en esta columna). Un problema público tan importante como la pobreza no se resuelve con bolsas de dinero transferido. Detrás existe malestar, falta de oportunidad, voces calladas. La buena gobernanza busca hacerse cargo de todo lo anterior, lo malo es que esto no llega solo, depende de todos nosotros…


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Ignacio Ruelas Ávila

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