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Alquimia constitucional

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Ricardo A. Martínez Espinosa*

 

Los diputados nuevamente han salido a practicar alquimia, buscando resolver con reformas los problemas de nuestro país. De un plumazo han establecido nuevas y abrumadoras responsabilidades a un órgano que en 2012 ya mostró síntomas de saturación. El consejero del próximamente extinto IFE Benito Nacif comentó el 3 de diciembre que los ordenamientos de la reforma política rebasan por mucho la capacidad técnica del órgano electoral y la integridad de las elecciones que vienen.

La alquimia se popularizó durante la edad media como un remedio para los problemas médicos, espirituales, económicos, políticos y cualquier otro asunto que tuviera que ver con la vida de la persona. La combinación de sustancias químicas, acompañadas de rituales antiguos, y la ayuda de personas trascendentes hacían que los fenómenos sucedieran. No hay que confundirla con la hechicería, pues ésa implica la participación de un mundo alterno, donde espíritus ayudan a que en éste se den las peticiones. Espero que nuestros diputados no hayan llegado a tal extremo.

El problema se asocia más con un complejo del famoso libro del Génesis. Cuando Iahvé llamó para que se hiciera la luz, ésta se hizo. Cuando pidió que las aguas y la tierra se separaran, no quedó rastro de lodo por ningún lado. Cuando los diputados llaman a la estructura política a reformarse, parecen esperar lo mismo. Al modificar los artículos asumen que todo lo demás tendrá que realizarse de manera automática. Incluso han llegado al extremo de establecer artículos transitorios que dan miedo, con redacciones tales como “que las legislaciones secundarias se adecúen a lo que establece la constitución en menos de doce meses”. Amén.

El problema viene cuando intenta ponerse en práctica lo que los legisladores opinan en las comisiones y que luego el pleno ratifica. En la reforma electoral de 2007 se estableció un ordenamiento muy peculiar para el IFE. El diagnóstico después de la elección de 2006 fue que la televisión era el principal enemigo de la democracia en nuestro país, entonces (hágase la luz) que el órgano electoral monitoreé su actividad durante las campañas. No sólo eso, el IFE iba a ser el único órgano del Estado encargado de administrar los tiempos de radio y televisión relacionados con las campañas de los políticos.

Como si la organización de las elecciones no fuera suficiente, se tuvieron que gastar miles de millones de pesos para adquirir equipo de monitoreo de medios, contratar personal que fuera a cada radiodifusora y televisión del país a entregar pautas, y que luego se asegurara que éstas se habían respetado, incluso se le dio al IFE la facultad de sancionar particulares en caso de que no atendieran a los llamados de la autoridad. Los resultados de la elección de 2012 los conocemos todos.

En 2013 nuestros legisladores han cambiado su enemigo. Ya no es la televisión sino los gobernadores. Terribles villanos que capturan a jueces y órganos electorales locales. Gastan millones del erario público a favor de sus candidatos consentidos. No niego que tengamos este problema, pero la solución alquímica seguramente la tendremos aprobada para cuando esta columna se publique. Hágase un Instituto Nacional Electoral. Parece que los institutos locales lograrán pasar la guillotina de nuestros políticos, pero muchas de sus facultades se transferirán al nuevo INE. No importa si esto es factible o no, si es más eficiente o no. Las evaluaciones siguen sin ser un requisito para las iniciativas que presentan nuestros legisladores, ya no de impacto que sería mucho pedirles, sino al menos presupuestales y de capacidad técnica de los responsables que establece la ley.

Después de la sesión parlamentaria los veremos celebrando el gran avance que ha experimentado nuestra democracia. Ahora sí, la reforma política definitiva. Alquimia para el remedio de todos los males.

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*Coordinador de la Licenciatura en Gobierno y Finanzas Públicas del CIDE Región Centro

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