Opinión

El dieciocho brumario de Peña Nieto / Podemos Cambiar Aguascalientes

Por Sergio Alonso Campos González

En su obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx, haciendo referencia a una frase de Hegel, afirmó que los personajes y hechos de la historia universal se producen dos veces: una vez como tragedia y otra como farsa. Considero que dicha frase es bastante ilustradora acerca de la situación política actual que vive el país. De manera particular me refiero a lo que ha significado hasta ahora el retorno del PRI a la presidencia de la República.

Sí, no es lo mismo el golpe de Estado sufrido por Francia en 1851 a manos del sobrino de Napoleón Bonaparte que el retorno al poder de un partido político antes hegemónico. Sin embargo, el fondo de la frase es que la historia se repite, y que la segunda vez aparece como una caricatura de su antecesor. De ese modo, para Marx, la revolución que encabezó Luis Bonaparte en el periodo 1848-1851, era una caricatura de la revolución que había encabezado su tío, Napoleón, medio siglo antes; caricatura cuyo resultado era un retroceso en términos políticos. De igual forma, el régimen de Peña Nieto no es sino una reedición de lo que a finales de los años ochenta fue el salinismo para el país, y en ese sentido no es sino una caricatura de aquel y no es sino un retroceso respecto a las condiciones políticas medianamente democráticas que había alcanzado el país.

Salinas se enfrentó a un fuerte opositor de izquierda (Cuauhtémoc Cárdenas), Peña Nieto también (Andrés Manuel López Obrador); Salinas resultó electo presidente en medio de una crisis política y con un fuerte cuestionamiento sobre fraude (la caída del sistema), Peña Nieto también (Monexgate, Sorianagate, televisagate, etc.); Salinas prometió una reforma política que democratizaría al país, Peña Nieto también; Salinas ofreció a los pobres el programa Solidaridad, Peña Nieto ofreció la Cruzada Contra el Hambre; Salinas encarceló a un líder sindical charro, de esos corruptos, acompañado de un golpe mediático (La Quina), Peña Nieto también (La maestra Elba Esther); Salinas se planteó como el gran reformador de México, Peña Nieto también; Salinas permitió el enriquecimiento ilícito de su hermano Raúl, Peña Nieto permitió su liberación; Salinas implementó una forma de negociación con el PAN (concertacesiones); Peña Nieto lo hizo con el PAN y PRD (Pacto por México).

Quisiera detenerme en este punto, pues me parece que es una clara muestra de cómo la historia se ha vuelto a repetir a manera de farsa con el regreso del PRI, así también, me parece que es un indicador de cómo este regreso ha significado un retroceso político para nuestra muy endeble democracia.

Quienes nos hemos interesado por el estudio del autoritarismo en México, así como su consecuente proceso de transición a la democracia hemos encontrado que una de las principales facultades que permitió al PRI establecer su dominio como fuerza hegemónica y autoritaria fue la cooptación de la oposición. La cooptación consistió, al menos para el caso de México, en generar incentivos para que la oposición se mantuviera dentro de determinados límites institucionales, sin que representara un verdadero problema a la estabilidad del régimen autoritario, e incluso sirviera de apoyo a éste; lo anterior se consiguió sobre todo asegurando puestos de gobierno a la oposición. Recordemos que las primeras concertacesiones PRI-PAN fueron para darles gubernaturas a estos últimos. Dicho término, “concertacesiones”, comenzó a ser utilizado a principio de los años noventa para referirse a las negociaciones a puerta cerrada, en lo oscurito, que el salinismo llevó a cabo con el PAN, partido que no le resultaba tan incómodo como el PRD, y con quien tenía mayores afinidades ideológicas.

Veinticinco años después de que Salinas asumiera la presidencia, después de dos sexenios sin el PRI en la presidencia, luego de una serie de reformas políticas que supuestamente democratizaron al país, luego de reformas y purgas internas que el Revolucionario Institucional llevó a cabo, la historia se repite y el partido que estuvo en el poder por 71 años regresa a la presidencia llevados de la mano de esa caricatura que se llama Enrique Peña Nieto. Pero es evidente que no obstante sus purgas internas y sus reformas estatutarias el PRI sigue siendo en muchos aspectos el mismo partido autoritario, y en ese sentido conoce su oficio como partido de gobierno.

Veinticinco años después de las primeras concertacesiones, de aquellas reuniones en lo oscurito entre PRI y PAN para otorgar gubernaturas a cambio de apoyos en el congreso para aprobar reformas tenemos su caricatura propia de nuestros tiempos: el Pacto por México. Veinticinco años después de la cooptación del PAN, tenemos su caricatura, la cooptación del PRD. Este partido ha dejado de ser una verdadera opción de oposición de izquierda para pasar a ser un aliado más del gobierno de Peña Nieto, perdió su combatividad con la excusa de plantearse como una izquierda moderna que no vocifera, que no sale a las calles, sino que negocia; un eufemismo para decir que están rendidos al poder de Los Pinos. Sí, al PAN se le otorgaron las gubernaturas de Baja California, Guanajuato y Chihuahua a principios de los 90; ahora al PRD se le dan Morelos, Tabasco y el eterno DF, la historia se sigue repitiendo y la caricatura continúa apareciendo. El PRD parece haberse conformado con sus diputados, sus senadores y gobernadores, probó las mieles del poder y se endulzó.

Lo anterior se explica desde una lógica interna debido a que la corriente Nueva Izquierda es la que se ha apoderado del aparato partidista, y con la salida de AMLO y el alejamiento de Marcelo Ebrard se ha podido posicionar como la coalición dominante. No es gratuito que Jesús Ortega ex dirigente nacional del partido y principal líder de esa corriente sea parte del Pacto por México. Una muestra de las contradicciones que sufre el PRD y de su rendición con Peña Nieto es la reunión a puerta cerrada que sostuvieron el pasado jueves 5 de diciembre los dirigentes nacionales del PRI y del PAN, César Camacho y Gustavo Madero, respectivamente, con funcionarios federales a la que asistió el mencionado Jesús Ortega en representación del PRD. Pero, ¿no que ese partido se retiraba del Pacto por México? En el discurso Jesús Zambrano, dirigente formal del partido del sol azteca, se dice fuera de la mesa de negociaciones, en la práctica, su compañero de corriente asiste a las concertacesiones del siglo XXI.

Y es que eso del Pacto por México no es otra cosa que la repetición histórica de las concertacesiones salinistas. Es una caricatura de éstas. Es formalizar las reuniones en lo oscurito, es decir cínicamente: “no se discutirá nada en el congreso, todo lo discutiremos una pequeña élite de la élite, para que salga todo planchadito”. Es la institucionalización y legitimación de los acuerdos tomados de forma autoritaria con disfraz de negociación y acuerdos democráticos. Y para eso se ha prestado muy bien el PRD. En este sentido, el Pacto por México es un retroceso en términos democráticos, pues anula el debate y coopta por completo a la oposición, y Peña Nieto y la élite priista sueñan, como lo hacía Hitler, en un nuevo reinado de mil años. Y a nosotros, ciudadanos, se nos pide tragarnos esa farsa mientras soportamos como la historia se repite frente a nuestros ojos. Y será así hasta que no tomemos conciencia de lo que pasa en realidad, ni el Pacto por México es un espacio de acuerdos democráticos, ni el PRD es una verdadera oposición de izquierda. Una vez que seamos capaces de ver eso, podremos plantear una verdadera oposición ciudadana ante las pretensiones autoritarias de la clase política mexicana.

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1 Comment

  1. Norma Gonzalez
    30/01/2014 at 19:31 — Responder

    Es una posición muy crítica de la izquierda representada en el PRD pero que muchos la compartimos. Los que nos sentimos ciudadanos de izquierda vamos a sentirnos muy identificados con esa posición.

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