Opinión

Fraudetón / H+D

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El diseño del mensaje comunicacional del Teletón debe ser analizado y tener una deconstrucción objetiva y crítica dentro de la sociedad, la incapacidad de hacerlo seguirá obturando la mente de los mexicanos y exfoliando sistemáticamente su visión aspiracional de medios de masas con calidad de contenidos, democratización y una verdadera aportación social lejos de simulacros y lecturas emocionales.

La construcción del medio hegemónico nos lleva hábilmente a sólo pretender analizar su discurso bajo el  debate de lo moral, lugar cómodo y seguro en donde la más mínima critica es un desacato a la vida pública y donde siempre será fétida, lugar desde el cual su mensaje se polariza y se define como una dicotomía simple y dictatorial; estás o no estás. Radicalización enmarcada en discursos de entendimiento emocional y hasta patriótico, la sencilla pero a su vez compleja idea del armado y diseño de su discurso tras los spots, el hábil juego publicitario, el bombardeo constante del mensaje, la asociación de imágenes visuales remarcadas con frases de fe y esperanza hace que el grupo que genera el evento -el cual concentra la mayor cantidad de medios en Latinoamérica- sea digno de análisis que un simple ensayo no podrá abarcar.

Entendamos por comunicación (Subirats, Eduard, 1971) el medio o sistema de símbolos y señales en el que los sujetos se determinan objetivamente como tales en el marco de las reglas de juegos sociales. Su carácter es normativo: sanciona valores, al tiempo que impone interpretaciones.

La maquinaria de medios se alista para hacer lo inconvencional dentro de sus directrices, en el evento se sitúan vehementes a tomar en cuenta los intereses de la sociedad, a apoyar a los más necesitados, las “víctimas de la vida” son arropados por el gran medio, el cual dentro del imaginario colectivo es el emisor que todo lo provee -magia, alegría, diversión, información, espectáculo, entrenamiento a todo hora y cada día- y que cumple una vez cada año el sueño más legítimo, diáfano y amoroso de cualquier ser humano; dar un paso, caminar, mover las extremidades para otorgar un abrazo, sobrevivir y exigir vivir dignamente. El mensaje tiene tal potencia y validación en lo moral que al ser decodificado lo anterior se convierte en monstruosidad, desmontar la simulación nos dará elementos para una crítica objetiva. Amparados bajo el escudo blindado de la marginalidad no se permite el mínimo cuestionamiento, porque hasta en esos detalles semióticos son estratégicos, indagar su modelo es desvalorar el fin y de ahí no hay salida.

Es ilusorio pensar que el medio sólo busca una relación empática con el otro, con el desamparado, el discapacitado, o bien caer fácilmente en el error de la captación económica como única vía de visibilidad de la solidaridad y el humanismo, convirtiendo a este en un “humanismo capital”, la realidad detrás de ello está en insertarse en el consciente colectivo por medio del mensaje. El círculo se cierra con la adherencia al llamado, a través del desprendimiento económico.

Sin embargo tampoco hay muchas salidas en su acción totalitaria de comunicación, el veto a Teletón es sancionado socialmente así que no existe otra alternativa para el individuo que asumir la ley de aquel y eliminarse en la lógica que impone o sumirse en la inanidad de un solipsismo defensivo impotente a la desdicha de la marginalidad moral. Sin duda, es un sistema funcional ideal dotado de una dimensión práctica al uso que el poder instituye a través de los medios de masa: su función manipuladora, el núcleo de una crítica cultural del papel de los medios y del medio en particular de la cual la sociedad y el estado pretenden eximirse.

El medio monopólico desdeña desde su origen su carácter de mediación reflexiva del poder político institucionalizado para convertirse ellos mismos en sistema de dominación, adquieren la consistencia de las instituciones políticas y sociales que debe proveer el estado y la moralidad de la organización familiar. La generación de mensajes en la “industria de la conciencia” como lo llamo H. Enzensberger, con alto contenido simbólico son escenificados en la producción de la realidad bajo el argumento de que todos somos candidatos a la marginación y la exclusión social más que a la desgracia física de una discapacidad, esta aterradora visión es uno de los pilares comunicacionales de este diseño calculado. El no participar activamente -donando-, no alienarse, ni ser empático, es automáticamente ser excluido, posición que polariza violentamente.

No asistimos en Teletón a la construcción amorosa de mensajes, asistimos a la des-com-posición visual, técnica y artística de los medios, el manipulador manipula con hilos tan finos que sus marionetas en realidad parecen seres humanos con empatía y corazón por la inmensa mayoría de pobres, marginados y excluidos, irónicamente los portadores del mensaje son la antítesis de las valiosas personas que aparecen en su pantalla, son la antítesis de la inocencia, de la esperanza, del explotado, el discapacitado, el desempleado, del sujeto común que ha tratado de sobrevivir en su destino y hacer valer su identidad cultural que lejos está de esa pantalla, la cual sólo por hoy protagoniza y que le muestra la verdadera realidad de su exclusión y discapacidad todos los días.

Las críticas sobre el Teletón se han planteado casi exclusivamente en el marco escueto de las tentativas que ponen en tela de juicio factores económicos, hacendarios y operativos, sin embargo sobre la manifiesta trascendencia social sobre los medios, su utilización y el diseño de su mensaje no se ha desarrollado casi nada.

La miseria de la comunicación visual (H.K. Ehmer, 1971) que ejerce este montaje, plantea la necesidad de una reflexión; una reflexión que indefectiblemente debe entenderse como crítica y dejar de sacralizar el fin, de entender que lo económico es el factor menos importante, ingenuo sería pensarlo así, lo que en verdad se apuesta y se supera es la capacidad del medio para manipular las conciencias y determinar voluntades insertando y diseñando contenidos. La hegemonía de Televisa otra vez experimentó un triunfo; la imposición de mensajes y la movilización de una sociedad al servicio del medio que se nutre de la desesperanza.

En la superficialidad de la columna la palabra Fraude y Teletón son una unión asquerosa y mal intencionada, en la profundidad de ella es una triste realidad de la maquinaria mediática, sin piedad y sin altruismo, que monta y nos invita a la fiesta de la lástima, y la pirotecnia hueca y vacía de la humanización y el encuentro con el otro.

1 Comment

  1. issac meyers

    06/12/2013 at 23:07

    solo una pregunta nestor,HASTA DONDE QUIERES QUE LLEGUE TU CARRERA PERIODISTICA.

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