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Navidad: compra y venta de compasión / Piel curtida

Recibí la invitación para apadrinar una niña en Navidad, decidí participar, comprarle el regalo que pedía y escribirle una carta de respuesta para motivarla a seguir estudiando, evitar y denunciar cualquier abuso y no someterse a estructuras de género que menoscaben su desarrollo; fue cuando no pude evitar el pensar en mí como un intento de aristócrata, haciendo apología de la caridad, seleccionando a un ser humano y diciéndole, desde mi perspectiva, lo que debería considerar para su vida. Bueno o malo, estaba aceptando una posición privilegiada, una compra y venta de la precariedad de terceros, donde la moneda de intercambio es la infancia.

Durante la época decembrina, gracias a la popularización de la Navidad, se ha uniformado una demanda por la caridad, el entregar algo de forma desinteresada a los demás, el dar, pero también recibir; y aunque estas construcciones emocionales han permitido el estrechar o rehacer vínculos entre algunas personas, este ambiente también es propicio para la explotación mediática de la compasión. Es así que varias empresas e instituciones aprovechan los días de diciembre, previos a Navidad, para lanzar campañas de donación; un ejemplo con gran amplitud en medios de comunicación es el TELETÓN.

Aunque es necesario reconocer los aportes de los Centros de Rehabilitación TELETÓN, al posibilitar la atención de un mayor número de pacientes, es innegable la estrategia de compasión mediática que utiliza Televisa y otras empresas para la recolección de dinero, el cual es entregado y deducible de impuestos para las grandes organizaciones, pues tengo entendido, aún no hay a quien le facturen los diez pesos que deposita en el cochinito morado y amarillo.

Además, es interesante la forma en que se representa la discapacidad por múltiples productos de comunicación: pues más que mostrar la forma en que las personas con estos límites corporales llegan a insertarse de forma productiva, o al menos sobrevivir, en un mundo desarrollado para cuerpos “completos” y “sanos”; utilizan el recurso de la lástima y la culpa, porque aún con alrededor de 2.5 millones de desempleados, al menos hay que agradecer que tenemos piernas y vemos, no como ellos, los otros… los incompletos y desgraciados por la genética o un accidente. Sin embargo, también hay que reconocer otras prácticas, que aunque insertas en todo lo bueno o malo que implique el TELETÓN, muestran la otra cara de la empatía, como un emblemático comercial de FUD, donde unas salchichas botaneras simulan unas piernas entorpecidas que logran patear una aceituna: no exhibe en público a una persona y no explota de forma directa el sufrimiento ante las cámaras.

Estas prácticas de asistencia y solidaridad logran despertar en el público admiración, lo cual posibilita que las instituciones tengan una oportunidad de crear credibilidad y confianza, lo que por una parte permite incrementar los beneficios y la población atendida ya que más personas se unen; aunque no dejan de generarse rituales de empoderamiento de quien ya ostenta una imagen: la foto de entrega con el político, el beso en la mejilla de ancianos y niños, además del informe de donativos. Sin embargo, ¿dónde queda el reconocimiento a cada una de las personas que hicieron posible el evento?

Debido a esto, es que suele pensarse que quienes realizan grandes labores de asistencia pública son aristócratas, personas de clase alta, como se dice en el caló: “señoras copetonas”, empresarios y políticos. Sin embargo, hay otras instituciones que de forma desinteresada prestan su nombre para impulsar en la sociedad la recolección de bienes para comunidades en situaciones adversas, como los centros educativos.

Si bien, la Navidad surgió como una estrategia de la iglesia cristiana durante el Imperio Romano para erradicar las festividades paganas a múltiples deidades e implementar la devoción al nuevo dios único; la religión pasó de ser el soporte de esta celebración y la economía neoliberal la transformó en una temporada de reactivación del flujo monetario; lo que también ha hecho que la comunidad voltee hacia los otros, víctimas en muchas ocasiones del mismo sistema de intercambio de bienes. Es así que, aunque es necesario reconocer la evasión de impuestos, la dramatización y exposición de la compasión, también se requieren recordar las opciones y alternativas para apoyar a las personas en situaciones vulnerables.

Este texto no pretende ser una invitación a dar un peso al TELETÓN o hacer caridad, sino que, de ser posible, apoyar a las y los vecinos, aquellos que están cerca, como el simple acto de ayudar a un niño a comprender la tarea de la escuela, a denunciar la violencia en el hogar de a lado, a manifestar el disgusto por una acción de discriminación; aprovechemos la melancolía y la compasión impuesta al mes de diciembre para abrir los ojos hacia los demás, pues aunque el árbol de luces sea bien decorado, caduca al iniciar el año nuevo.

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Twitter: @m_acevez


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Juan Luis Montoya Acevez

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