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PISA 2012: de la retórica a la acción / Borrador de futuro

Lucero Fátima* e Ignacio Ruelas Ávila

Sí… somos hermanos…

 

Este año ha sido un año con adjetivos y sustantivos nuevos abanderados por las Reformas Estructurales. Un año de negociación y debate político sobre los temas más trascendentales de la vida pública de este país. Son muchos los temas y poco el tiempo, pues estamos cerrando el 2013 y esperamos con cierta visión esperanzadora el 2014, a quien le sigue el 2015.

Dentro de nuestra vida colectiva, al hablar de nuestros intereses y principales motores sociales podemos colocar a la educación, como tema toral para el desarrollo del país. Precisamente, en estos días se publicaron los resultados de la prueba PISA 2012, la cual, se concentró en matemáticas. Los resultados de esta prueba son poco alentadores. Pero al menos ya hemos ganado terreno en el arte de llenar bolitas.

Si bien las pruebas estandarizadas no deben ser el instrumento rector de las políticas en el sector educativo (representa un mecanismo conductual que obliga a memorizar y enseñar para “pasar la prueba”), sí representa un parámetro de lo que pasa dentro del aula, que es el núcleo esencial de la educación. Una mejora en la calidad educativa no se refleja en la memoria para responder una prueba (esto sólo es un vicio producto de la presión para tener buenos resultados a nivel establecimiento y sistema educativo), pero sí en la comprensión de lo que se enseña en el aula.

Para 2015 es menester tener avances significativos en las pruebas que verdaderamente indiquen un mejor aprendizaje y donde todos los elementos de la educación se relacionen de manera coordinada y sincronizada. Es decir que los padres de familia se involucren, los maestros se preparen y transmitan conocimientos a la altura de los tiempos; y de esta forma los estudiantes se encuentren motivados y fortalecidos en todos los ámbitos.

Sin más retórica, entremos en materia y en el análisis que el día de hoy presentamos, en esta alternativa filial que hemos decidido compartir con ustedes, desocupados lectores.

Así pues, el 55 por ciento de los alumnos mexicanos en la prueba PISA 2012 no alcanzó el nivel de competencias básicas en matemáticas. En promedio, México obtuvo 413 puntos, lo que nos coloca por debajo de países como Portugal, España y Chile; al nivel de Uruguay y Costa Rica; y por encima de Brasil, Argentina, Colombia y Perú. De acuerdo con la OCDE, en promedio, los países pertenecientes a este organismo obtuvieron un puntaje de 494, lo cual, comparado con nuestro promedio, marca una diferencia de casi dos años de escolaridad.

Se debe poner especial atención cuando se habla de mejorar. Efectivamente, para México, la prueba PISA 2012 muestra mejores resultados que lo registrado en PISA 2003 en donde el promedio fue de 385 puntos (esta prueba también se concentró en matemáticas, y por lo tanto es comparable). La cautela que se recomienda obedece a que, estadísticamente, se produce el efecto conocido como regresión a la media, el cual explica que regularmente las mejoras son inerciales (responden más factores no relacionados con la educación) y no significativas. En concreto, esta mejora no dice mucho, debido a que, según la OCDE, a México le tomará más de 25 años para alcanzar los niveles promedio actuales de los países pertenecientes a esta organización en matemáticas, y 65 años en lectura.

Asimismo, algo que regularmente se presume, es que la diferencia en rendimiento entre alumnos con nivel socioeconómico superior e inferior es baja. Al día de hoy, la diferencia es de sólo 38 puntos, lo cual representa la diferencia más baja de toda la OCDE. Pero esto no se debe leer como un indicador que respalda a un sistema educativo equitativo, lo que se debe interpretar es que es un sistema en donde la enseñanza nos deja que desear de forma equitativa, independientemente del estatus socioeconómico del alumno. Además, el porcentaje de alumnos en desventaja social que se sobreponen a su contexto social y rinden entre los mejores es de 3.8 por ciento, lo cual está muy debajo del promedio OCDE que es de 6.5 por ciento.

Tampoco es cuestión de gastar más, es cuestión de gastar mejor, de saber focalizar e invertir tiempo, dinero y esfuerzo. En México, se invierte 23,913 dólares en educar a cada alumno. Esta cifra es superior a los 19,821 dólares por alumno que se gastan en Turquía. Sin embargo, en resultados, Turquía supera a México por 34 puntos promedio, o lo equivalente a nueve meses de escolaridad.

La OCDE destaca la necesidad de fortalecer la participación en educación pre-escolar de calidad para promover la equidad y asegurar una óptima inserción a la escuela primaria. La evidencia es contundente al mostrar que una educación temprana de calidad tiene efectos positivos en el aprendizaje durante los primeros años de vida, además de garantizar habilidades no cognitivas que se reflejan en la calidad de vida de las personas.

Ya hay evidencia para partir. En 2015, toda esta parafernalia de negociaciones y escándalos se tiene que reflejar en mejores resultados. Mejorar en PISA no debe ser lo máximo a aspirar, pero sí un paso más para la construcción de un desarrollo basado en una sociedad cohesionada, crítica y preparada para los embates del mercado laboral.

Nuestro objetivo debe ser contar con una educación integral, alumnos sobresalientes en sus calificaciones pero también en los valores cívicos y éticos, para contar con un país en el que podamos convivir armónicamente todos los mexicanos.

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Twitter: @ruelas_ignacio

*Licenciada en Letras Hispanoamericanas. Maestra en Educación.


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Ignacio Ruelas Ávila

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