Opinión

Centro nocturnos y sociedad / Piel curtida

En la década de los 70 llegó la época disco, un momento en el que se popularizaron los centros nocturnos con sus pistas de baile y bebidas, además de que marcó un hito en la historia de la participación pública de las mujeres, ya que se incrementó el número de las cantantes, quienes también difundieron múltiples discursos como el acceso a una vida sexual plena y el trabajo femenino, como Donna Summer con “Love to love you baby” y posteriormente con “She Works hard for the money” en los 80. Asimismo, se espectacularizó a la comunidad gay, lo cual permitió que algunas prácticas se apropiaran por la cultura de la noche, como las drag queens y la vestimenta cada vez más asexuada, como los zapatos de plataforma.

Estas expresiones culturales que lograron homogeneizarse durante los 70 podrían politizarse, sin embargo, sólo se trata de manifestaciones artísticas y prácticas que partieron desde la sociedad misma, las cuales se lograron identificar y capitalizar. Tras la década de los 50 con sus buenos modales y los 60 con el rock reaccionario ante invasiones y guerras, al parecer, la población requería de un momento de esparcimiento y diversión en una época de aparente desarrollo y estabilidad económica y educativa.

Más tarde, en la Ciudad de México se expandió el género musical del high energy y el reconocido movimiento “Polymarchs”, en el cual se posicionó el nombre de Patrick Miller. De esta forma, en México se marcó una diferencia respecto al Glam gringo e inglés, tal vez, debido al rezago de una parte de la población ante la alfabetización e industrialización de la capital mexicana. Así, bodegas y calles fueron apropiadas por la cultura popular, donde jóvenes y adultos de diversas clases sociales, en especial de la clase media, bailaban hasta entrada la madrugada. Sin embargo, ¿qué ocurría en Aguascalientes?

El estado acalitense estuvo mucho tiempo a distancia de la globalización cultural, pero se logró una interculturalidad, entre muchas cosas, gracias a la gran migración a causa de la instalación de la sede nacional del INEGI. Sin embargo, durante muchos años fue claro el oligopolio de las industrias de entretenimiento cultural y nocturno. Fue hasta los 90 cuando se observó una diversificación en la oferta de centros de diversión, aunque con una clara diferenciación entre el norte de la ciudad y el centro; lo cual aún sigue presentándose pero con algunas particularidades.

Además, hace pocos años se popularizó la caza de fiestas, reuniones masivas organizadas por jóvenes, ya sea con el pretexto de un cumpleaños o para obtener popularidad; una reacción de apropiación ante la inflexible geografía social en Aguascalientes. Poco después, algunos otros identificaron estas nuevas expresiones juveniles y de movilización por la diversión, por lo que decidieron capitalizar estas fiestas, con lo que se generaron pequeños clubes sociales informales en terrenos, casas de campo y salones, en los cuales los organizadores cobraban la entrada entre 20 y 30 pesos, vendían cerveza casi al costo de cualquier tienda, o simplemente cobraban descorche; lo cual mostraba una ganga ante los antros existentes y se evitaba que el cadenero le negara la entrada a alguna persona por no ir vestido como lo esperaban las políticas del lugar o no contar con la fisionomía de una clase determinada. Esta búsqueda por la fiesta se trataba de una reacción juvenil ante una industria del entretenimiento en la que la clase y la raza eran claras.

Sin embargo, gracias a una nueva generación con mayor acceso a la búsqueda de cultura por internet y nuevas prácticas como la moda a bajo costo, ensamblada (hechiza) y autoproducida; el poder adquisitivo poco a poco va deslindándose, o mejor descrito, confundiéndose con la vestimenta y el cuerpo; aunque es imposible el negar las relaciones entre el ocio y el tiempo de dedicación al cuidado personal. Por otra parte, la cultura popular, como las cumbias, se han reapropiado en el gusto juvenil, y la industria privada también ha reconocido el poder adquisitivo masivo además de la exposición de los miembros de las familias de alcurnia en vitrinas ambientadas con luces y música.

Actualmente, la zona Centro de Aguascalientes logró incrementar y pluralizar sus establecimientos nocturnos, con diferentes precios y oferta musical; sin embargo, esto no hubiese sido posible sin la permisividad de la administración pública, ni sin las actuales culturas juveniles, las cuales lograron identificar y capitalizar la diferencia. Más allá de los posibles excesos, como el consumo de alcohol y tabaco, esta reestructuración de la geografía del entretenimiento en la ciudad ha permitido revitalizar el Down Town, como punto de encuentro entre las diferencias, lo cual permite la convivencia entre clases, posturas ideológicas y gustos; y aunque esto puede implicar riñas y disgustos, también impulsa la concordia a partir de la experiencia. Sin embargo, ¿qué nos dicen estos nuevos movimientos de la población juvenil?

En países con menores brechas en el desarrollo social, educativo y económico se han impulsado con fuerza las llamadas políticas de tercera generación, como el equipamiento de tecnología para las familias, el incremento de oferta de entretenimiento, transporte público de vanguardia, así como el acceso a prácticas de embellecimiento para una mayor parte de la población. Pero en México estas acciones del Estado parecen ser descabelladas y sosas ante otras carencias, aunque es innegable que ante un mundo capitalista y globalizado se presentan este tipo de supranecesidades, a fin de cuentas, ¿a quién no le gusta divertirse? Por otra parte, si el rock en su momento fue una expresión que partió de la sociedad inconforme, debido a los recientes sucesos en el país, ¿esta es una oportunidad para la renovación de las bandas mexicanas? Por el momento, sólo nos queda observar, salir y disfrutar de un trago, y con el paso del tiempo, hacer recuente para poder reconocer lo que algunos lograron capitalizar y espectacularizar.

 

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Twitter: @m_acevez

Foto: Gerardo González


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Juan Luis Montoya Acevez

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