Opinión

Recuento de daños / Ciudadanía económica

El mundo ha entrado en pasmo económico. Hasta en los Estados Unidos cada vez más personas dudan sobre la supervivencia del sistema basado en el libre mercado. Supuestamente, las ganancias derivadas de un proyecto global donde ese país rige con el poderoso dólar y si no, con las armas, deberían estar fluyendo abundantemente hacia allá. La actividad de las redes sociales de aquel país denota la inquietud generalizada en temas que hasta hace muy poco tiempo la gente no se atrevía a mencionar. En la revista electrónica “Truthout”, dedicada a sacar a la luz temas polémicos de actualidad, el analista Richard Smith resume el sentir cada vez más generalizado allende la frontera del norte: salvar el capitalismo o salvar la civilización mundial.

El 27 de abril de 1961, el entonces presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy en el discurso “El presidente y la prensa” reveló: “Nos oponemos en todo el mundo a una despiadada conspiración, basada primordialmente en acciones encubiertas para expandir su esfera de influencia… es un sistema que ha reclutado vastos recursos humanos y materiales para construir una maquinaria, apretadamente tejida y altamente eficiente que combina operaciones militares, diplomáticas, de inteligencia, económicas, científicas y políticas.”

La percepción de que una poderosa entidad supranacional rige las voluntades de quienes gobiernan el país que más ha influido el desarrollo del mundo en los últimos cien años también fue externada por Dwight Eisenhower. Al despedirse de la nación al término de su mandato, reveló que el complejo industrial militar que se había construido por encima del gobierno constituía la mayor amenaza para el mundo.

La población norteamericana resiente al inicio de este 2014 los efectos de la concentración del poder militar, político y económico de esa elite supranacional que se refleja en una muy deteriorada economía. Al ver afectadas sus expectativas de bienestar, la gente comienza a cuestionar asuntos como la integridad de sus políticos y la veracidad de lo que hasta ahora se les había dicho que era inobjetable realidad. La opinión pública demanda la verdad detrás de los ataques del 11-S (11 de septiembre de 2001), a lo cual el Congreso ya responde con nuevas intenciones investigadoras, pero también demanda saber si el sistema económico basado en el libre comercio es tan bueno como dicen.

Los estadounidenses perciben que se esfuma cada dólar que gastan en su país, ya que casi todo lo que se adquiere con éste sirve para pagar artículos importados. Pero para sorpresa del resto del mundo, las ganancias del comercio global tampoco van a dar a los bolsillos de los trabajadores o empresarios de otros países. La única respuesta a esta aparente paradoja es que la riqueza la absorbe y concentra esa “elite trasnacional”, no hay libre mercado; es un mercado cooptado por unos cuantos. Promoviendo la eliminación de barreras al comercio mundial e induciendo el crecimiento económico impulsado con créditos bancarios, esta elite allanó el camino para concentrar, a costa de la riqueza natural del mundo y del trabajo de una gran parte de la humanidad, todas las ganancias derivadas de la explotación productiva.

Ya no se trata sólo de un discurso restringido a los tradicionales opositores al sistema capitalista: actualmente hay voces muy diversas que se unen para denunciar este saqueo global.

Al cumplirse en México 20 años de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), un nutrido grupo de asociaciones empresariales, sindicatos, OSCs y agrupaciones sociales y políticas, se han pronunciado públicamente en lo que llaman un “Recuento de daños” del TLCAN, con el fin de convocar a la conformación de “resistencias contra-hegemónicas” para la construcción de alternativas (http://www.jornada.unam.mx/2013/12/31/politica/003n2pol).

En este pronunciamiento expresan que el TLCAN “ha fracasado en cada una de sus promesas. Más comercio y más inversiones no se han traducido en más y mejores empleos. El ecocidio y la devastación del campo mexicano, el desempleo, la precariedad laboral y los bajos salarios siguen arrojando a millones de compatriotas a la migración. El sueño norteamericano se tornó en pesadilla.” Descubriendo esa maquinación de la que habló Kennedy, afirman que “sólo con la razón de la fuerza, el fraude, el engaño y la abjuración a intereses extranjeros se ha podido mantener el TLCAN”. Implican de esta manera la cooptación de nuestro gobierno, de forma similar a como Kennedy y Eisenhower en el pasado y congresistas en la actualidad denuncian la cooptación del gobierno estadounidense, para operar vía reformas constitucionales y modificaciones a nuestro sistema jurídico para adaptarse a las disposiciones del TLCAN. Sin mayores diferencias a como sucede en otras partes del mundo occidental, denuncian que en México la política pública también se plegó a estos grandes intereses supranacionales, a los que se les han otorgado plenos derechos, privilegios y garantías para sus inversiones y ganancias pero sin exigirles obligaciones laborales, sociales, ambientales y productivas.

Las crisis mexicana (1994-1995) y estadounidense (2007-2008) revelan los riesgos sistémicos provocados por sistemas financieros liberalizados que facilitan el lavado de dinero. En el pronunciamiento, se afirma que con el TLCAN, éstos ahondan su carácter especulativo, usurero y parasitario. La crisis de los bancos contagió a todo el mundo, ralentizando el dinamismo mundial y hundiendo a muchos países en severas recesiones. Para México, la caída brutal en su capacidad de desarrollo en estos 20 años, ha significado un dinamismo mediocre, desigual y frágil, incapaz de responder a las necesidades de su población.

En este pronunciamiento, los firmantes convocan a las organizaciones sociales y civiles mexicanas para que irrumpan con lo insólito, con lo que se pueda; con lo inesperado, hasta donde se pueda, a rescatar la patria y recuperar con dignidad la soberanía nacional y popular.

 

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@jlgutierrez


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José Luis Gutiérrez Lozano

José Luis Gutiérrez Lozano

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