Cultura

Entrevista a Luigi Amara, autor de Los Disidentes del Universo

  • La ficción puede ser un estímulo y una herramienta del pensamiento, una forma de pensar
  • Ensayos que contraponen la rareza, la monstruosidad, la excentricidad a una norma

 

Luigi Amara (Cd. de México, 1971) es un autor mexicano que ha marcado su obra literaria por un constante fluir entre la mezcla de géneros, una característica que se puede ver tanto en su obra poética como ensayista. Un fluir entre diferentes voces, matices, que enriquecen así su aporte a la literatura mexicana contemporánea.  Una obra  vasta y bien conocida por la crítica gracias a sus libros de poesía como El decir y la mancha (1994), El cazador de grietas (1998), Envés (2003), Pasmo (2003), A pie (2010) y de varios libros de ensayos como El peatón inmóvil (2003), Sombras sueltas (2006), La escuela del aburrimiento (2012).

Obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía Infantil por su libro Las aventuras de Max y su ojo submarino publicado por el FCE en 2007. El año pasado la editorial Sexto Piso publicó su más reciente libro de ensayos Los Disidentes del Universo, una galería de ocho sujetos con extrañas manías que los marcan de por vida: Un hombre que adora formarse en cuanta fila se encuentra por su camino; otro que pone en duda las últimas palabras de los grandes creadores de la humanidad como Kant, Goethe; otro que engulle libros, literalmente, al encontrar un enorme placer al comerse las hojas de cuanto libro se cruza en su camino. Galería de extraños que ponen en duda nuestra idea de lo anormal, de lo excéntrico pues al leer sobre ellos, al dejarnos llevar por la vida de estos hombres podemos enfrentarnos con nuestras propias rarezas:

“Uno nunca saben muy bien de dónde salen los libros, ni son cosas perfectamente concebidas ni planeadas que encajen en un lugar, pero a mí me interesaba un libro que fuera de ensayos que diera mucho pie a la narración, a la ficción, con todos los lugares comunes y equívocos que hay en las distinciones de género, me motivaba la idea de hacer un libro un tanto degenerado en ese sentido y me atraía la idea de hacer una galería de seres extraños, divergentes, de algún modo escandalosos para discutir de otras manera los hábitos, las costumbres, la idea de normalidad que tenemos en la actualidad en ciertos aspectos, la idea era, claro, escribir sobre estos personajes pero sin perder el pie en nuestra vida cotidiana y justo probar cuáles son las tensiones que hay entre estos dos mundos”, nos cuenta el autor en entrevista.

Javier Moro Hernández (JMH): Tenemos una mala idea del ensayo, porque pensamos que tiene que ser muy académico o hablar sobre libros, sobre escritores, en cambio tú retomas personajes divergentes pero que te permiten recontar historias de estos personajes, mezclando así en ensayo propiamente dicho con la narrativa.

Luigi Amara (LA): Es bastante misterioso que solemos llamar narradores a los cuentistas y a los novelistas como si los poetas no narraran o como si los ensayistas no pudieran narrar, y en esa medida sí quería de algún modo hacer un libro reflexivo pero que no dejara de contar, de construir el relato de estos individuos, pretendía que hubiera este cruce, también porque el tipo de libros que continúo yo al escribir éste tienen esa particularidad, por ejemplo un libro de Juan Rodolfo Wilcock que se llama La Sinagoga de los iconoclastas creo que aún cuando podría ser más relato no deja de tener una cosa rara, híbrida que propende al pensamiento y yo quería que el libro tuviera ese perfil, que por el otro lado no le es para nada ajeno al ensayo, porque en el ensayo cabe todo, caben perfiles, diálogos, cartas, mención, todo tipo de cosas.

JMH: Son personajes disidentes porque cada uno de ellos tiene una búsqueda particular, alguno de ellos obsesionados con esa búsqueda, pero que rechazan y de muchas maneras, cuestionan la idea de cotidianidad que hemos construido como sociedad.

LA: La idea era preguntar de qué lado está la rareza, puede ser que la normalidad de otra época o de otro lugar o de otro individuo sea nuestra excentricidad y viceversa, y de algún modo también me interesaba crear cierta sospecha, cierta intranquilidad al darte cuenta mientras lees cada escrito de tus convenciones, de tus hábitos, de tus prácticas, que de algún modo podrían ser muy raras, como por ejemplo el hecho de hacer cola, hacer fila, que es algo que ya hacemos de manera muy mecánico, acrítico, pero tal vez desde otro punto de vista poder ser un comportamiento sui generis o fascinante, y en esa medida sí quería que fueran textos que no dejarán de hablar de mi normalidad, del mundo que me tocó como consabido para de algún modo plantear algunas reservas, algunas reflexiones.

JMH: ¿Hay algo de Luigi en estos disidentes?

LA: Se puede decir que el sólo interés de escribir de ellos tenía que ver con algo que me incumbía, que me importaba, también por contraste, por ejemplo el deleite de hacer fila es algo impensable para mí que me exaspera cualquier fila a los cinco minutos y por eso adentrarse en una persona que tiene ese gusto de algún modo es verme en un espejo de cabeza y preguntarme sobre mis aborrecimientos.

JMH: Todos tenemos manías y siempre intentamos ocultarlas lo más posible de nuestro círculo más cercano, y por ejemplo el personaje que mencionas que le gusta formarse en cuanta fila se encuentra puede ser una manía muy extraña, pero es algo que todos tenemos y algunos las aceptan mejor que otros.

LA: Esta galería de personajes podría extenderse hasta el infinito simplemente tomando a cualquier individuo y observándolo y enfocándolo desde el ángulo particular desde su vida, sus hábitos crean un corto circuito con su presente, pero creo que efectivamente todo es cuestión de cómo lo enfocas y frente a que lo estás contraponiendo, porque la rareza no existe en el aire, algo es raro en función de otra cosa, lo mismo que la normalidad, son una pareja dialéctica y creo que efectivamente lo que sugiere un libro así es preguntarte hasta qué punto lo que ya nos aburre, lo que nos parece normal, sabido, es también por una incapacidad por una forma de ver, una forma de imaginar, de verla, porque quizá desde otro punto de vista eso mismo puede ser fascinante o monstruoso.

JMH: Podríamos decir que el ensayo te permite contar la historia de estos personajes de otra manera, entenderlos, acercarte de una manera que tal vez la sola narración no te dejaría, el juego de los géneros te permite entrarle de otra manera a estos personajes?

LA: La intención era contraponer la rareza, la monstruosidad, la excentricidad a algo, a una norma, a una convención, la única estrategia que me pareció más adecuada era el ensayo, de otro modo se quedarían en quizás simples retratos, perfiles, en una galería nada más, pero sin este lado de contraste que para mí era central, y por otro lado me interesaba explorar hasta qué punto la ficción, el hecho de dar forma a un personaje del que a veces sabes poco, digamos que  pesar de que haya sido muy estudiada la vida de Julia Pastrana, por ejemplo, tienes que investigar y para crear una redondez, tienes que tomar decisiones propias de la ficción, me interesaba ver hasta qué punto la ficción puede ser un estímulo y una herramienta del pensamiento y no simplemente como ahora nos lo quieren pintar que por un lado está la reflexión y por el otro lado la ficción, y yo quería ver qué pasaba si hacíamos de la ficción una forma de pensar.

JMH: Hablamos de que puede ser una galería muy amplia de personajes sui generis pero cuál fue la decisión de escribir sobre ellos.

LA: Había un interés personal, primero, pues había algo en ellos, en su comportamiento que me parecía, o por absurdo o por próximo, suficientemente fascinante como para ponerme a investigar, adentrarme en él, reflexionar, repensarlo, dar soluciones conjeturales de por qué se comportaban de alguna manera, pero también creo que otra razón que me interesaba era traerlos al presente, a mi contexto, a mi mundo, y que el recuerdo de estos individuos causara cierta conmoción en medio de nuestra rutina.

JMH: Los últimos dos libros que has publicado con Sexto Piso son ensayos y quería preguntarte si es el género en el que te estás decantando en estos momentos de tu carrera.

LA: Bueno, publiqué un libro de aforismos a principios del año pasado y sigo escribiendo poesía, pero efectivamente un libro de cuento o de novela no se me da, sencillamente, no porque no me interese porque las formas en que procede mi pensamiento literario aún cuando pueden incluir la narración y la ficción no me satisface sólo la pura historia y creo que si escribiera una novela sería una completamente filosofante, de esas que a nadie le interesa y entonces mejor no la hago. Creo que todo ensayo personal, todo ensayo que está trabajando con la experiencia tiene algo de ficticio y sino cómo le das forma a tu experiencia, a tu vida es ya una forma de hacer ficción, siempre he pensado que no hay mayor ficción que el yo, qué sería desde Montaigne en el fondo de todos los ensayos, y en ese sentido un libro como Los Disidentes del Universo no deja de ser también un autorretrato de cierta manera, y aún cuando abiertamente o explícitamente esté escribiendo sobre otros individuos, en última instancia también estoy hablando sobre mí mismo y no sólo desde un punto de vista subjetivo sino también que es un auto retrato negativo o por contraste o por acumulación o por sospecha, porque no queda claro cuáles de esas manías comparto.

JMH: Estaba pensando en el ensayo y recordé que en Tumbona, la editorial que diriges junto a Vivian Abensushan, tiene varios libros de ensayo y que hay varios escritores jóvenes que están escribiendo ensayo, y eso me hace pensar que el género se encuentra en un buen momento en nuestro país.

LA: Yo creo que la gente joven que está escribiendo ensayo sabe que es un camino de escritura, no un camino hacia la celebridad o la fama, pero no estaría muy seguro de que fuera algo nuevo, creo que siempre, por lo menos en el siglo XX se escribió ensayo en México de muy buena calidad, pero suele ser una tradición eclipsada por la poesía y la novela, pero digamos está desde Alfonso Reyes, Torri, Hiriart, Salvador Elizondo, grandes ensayistas mexicanos, el mismo Monterroso si lo consideramos mexicano, y ahora me da mucho gusto ver esta efervescencia, esta experimentación con el género en manos de Verónica Gerber, Guillermo Espinosa, Juan Pablo Anaya, creo que efectivamente están sucediendo cosas pero quizás nunca habían dejado de suceder, ahora lo interesante es que probablemente frente ante una saturación, un hartazgo o demasiado reflector centrado en la novela se empiece a voltear más hacia un género en donde están sucediendo cosas por demás arriesgada, creativas e interesantes a nivel artístico.

La novela ocupó la centralidad de los reflectores del mundo literario.

El ensayo no es un género muy comercial ni muy publicitado, de modo que siempre está ahí, presente, ocupando un lugar un poco más modesto y creo que ese lugar un poco sombrío le viene bien porque permite una mayor libertad, en cierta medida, un nivel mayor de debraye diría yo, lo que no necesariamente garantiza una experimentación pero de algún modo sí propicia un ambiente de mayor riesgo.

 

Foto: Editorial Sexto Piso


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Javier Moro Hernández

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