Opinión

Tapabocas / H+D

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“El miedo amenaza:

si usted ama, tendrá sida.

Si fuma, tendrá cáncer.

Si respira, tendrá contaminación.

Si bebe, tendrá accidentes.

Si come, tendrá colesterol.

Si habla, tendrá desempleo.

Si camina, tendrá violencia.

Si piensa, tendrá angustia.

Si duda, tendrá locura.

Si siente, tendrá soledad”

Eduardo Galeano

 

Salí temprano de ese lugar que llamamos hogar o casa y que fue construido para ser habitado, lo cual no supone en todos los casos que sea habitable; hacía algún tiempo que no me levantaba -según a mi entender- tan temprano y aparte de la forma más antinatural, mecánica y artificial posible; por medio de un sonido eléctrico, un beat insoportable que prometía llamarse “brisa del mar”. El beat me exalta del quinto sueño y no permite a mi otro yo astral alcanzar a alinearse armoniosamente del espacio sideral y energético que este otro afortunado yo “cósmico” tiene la suerte de recorrer desprendidamente, mientras yo el “terrenal” permanece la mayoría de las veces inmóvil -ocasionalmente la movilidad surge en base al sonido de otro beat, esta vez proveniente del celular.

Pero volvamos igual que “ese otro yo” a acoplarnos. Escribía que no hay nada más antinatural que levantarse con ese ruido amenazante que te advierte con un solo bip; ¡Levántate flaco o te echan del trabajo!, ¡llegarás tarde y ya llevas dos retardos!, ¡encontrarás tráfico, están componiendo, pasará el tren!…

Prender el boiler con la esperanza de que el gas dure y no quedarme enjabonado, shampoo anticaída y anticaspa, una buena acicalada porque no es bien visto verse desaliñado y no es bien olido oler mal; camisa, corbata, suéter y chamarra -código de vestimenta según los estatutos de la empresa-, la bufandita del intercambio que me regalo la chica de contabilidad, intercambio al cual por cierto no quería asistir pero era obligatorio por el curso de integración laboral y desarrollo de equipos productivos, bufandita que dicho sea de paso le costó menos de cien pesos cuando el intercambio era de doscientos -en el fondo anticipé esta acción y mi reacción fue comprarle algo todavía más barato, como verán alteré las leyes matemáticas: una reacción antecede a una acción.

Desayuno ligero, pan integral doble fibra, mantequilla sin grasas trans, leche de soya de almendra y algo de lactobacillus casei shirota, siempre viene bien alguna bacteria probiótica para empezar la mañana, un vaso de agua y no olvidar la vitamina con calcio, hierro, fósforo, magnesio, manganeso, riboflavina y panax ginseng por si tenemos suerte y desquitamos esta noble vitamina.

Tomo el portafolio con la seguridad de que la noche anterior (ya a altas horas) introduje los papeles de la hipoteca, el pago del auto, el servicio de cable y el estado de cuenta que reclamaré con respecto a la tarjeta de crédito platinum socio especial. Y con las prisas dejo medio desayuno, ya que me olvidaba de la usb con las presentaciones del trabajo, las gafas para ver mejor, el cargador del ordenador (por si la batería se descarga) y, aprovechando, el cargador del celular, gotas para los ojos rojos, cepillo y pasta dental por si no regreso al espacio que habito a volverme a acicalar y listo ¡creo que ya estamos!.

A cerrar ventanas y puertas con triple cerradura, digitalizar el nip de la alarma conectada a una central policiaca y ahora sí subir al auto y prender la radio para escuchar a otros lo cual siempre resulta mejor que escucharme y así podré repetir al verborreico locutor en turno y adormecer el cerebro, no me he levantado de estar dormido, no he despertado.

El sol no sale aún y vuelvo a creer que es muy temprano, manejo apresuradamente y una luz roja de golpe me hace ver que hay un mundo allá fuera, observo cómo asaltan las calles las huestes de niños con sus respectivos progenitores tomando taxis, transporte público y escolar, los de mejor suerte tienen un chofer al que llaman papá y que a veces coincidentemente es su padre. Ahí van no sólo los niños, van los adultos; al verlos sigo creyendo que es muy temprano, todos vamos dormidos.

Un claxon al igual que el beat con el que inicié la mañana me devuelve, acelero en automático y ahí exactamente se me atraviesa una niña, una niña sola en la penumbra del amanecer y freno, va como dormida pero lleva prisa, caminaba muy rápido, va muy abrigada, muy preocupada de llegar tarde, muy cargada de papeles y textos en su espalda, muy uniformada, impecablemente acicalada, se me atravesó muy distraída, percibo audífonos en sus orejas, ¡toco el claxon!, la niña voltea y me devuelve fija la mirada, ahí yo me reconozco en ella y ella se reconoce en mí. Debajo de sus pequeños ojos, en los cuales no percibo brillo, lleva un tapabocas azul sostenido de las orejas con endebles lijas blancas. Yo arranco apresurado y veo por el retrovisor que ella se ha quitado y tirado el tapabocas, creo que ahí por fin ha despertado.

¡Participa!