Opinión

Los que estamos mal somos nosotros / Jorge Álvarez Máynez en LJA

La revista Británica The Economist es, quizás, el medio impreso más prestigiado en términos de periodismo económico. No es un medio progresista, ni mucho menos. Ellos se definen como “liberales”, aunque han estado tradicionalmente vinculados a los conservadores británicos y los republicanos norteamericanos. Pero recurrentemente trabajan más sobre datos e infográficos que sobre elementos ideológicos.

Según su reporte semanal de indicadores, México es uno de los países que tuvo menos crecimiento económico en 2013: apenas 1.2%. Si revisamos los países de América, cuyos números son publicados, podemos decir que Argentina creció a una tasa de 4.9% anual, Brasil 2.2%, Chile 4.2%, Colombia 4.3%, Venezuela 1.6%, Estados Unidos 1.9% y Canadá 1.7%. Ni hablar del 7.7% de China.

En noviembre de 2012 fue aprobada la llamada Reforma Laboral en México. Entonces, el director del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), Juan Pardinas, dijo que su impacto en el crecimiento económico sería de 1% del PIB “cuando menos”. México creció 4% en 2012 y 1% en 2013. No hay que portar títulos en economía para saber que el señor Pardinas mintió.

Según reportó El Universal el 9 de noviembre de ese mismo año, el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), declaró:

“Pronosticamos que en el siguiente año habrá un número importante (de empleos); no podemos hacer un cálculo después de las modificaciones que se dieron -a la ley laboral-; si en este año se generaron 860 mil empleos aproximadamente, podemos llegar a por lo menos al millón de empleos para 2013”.

En las notas que dan cuenta de sus declaraciones, el dirigente de la Coparmex agregaba que la estimación de un millón de empleos era “conservadora”, ya que si una ley ”obsoleta” como la que se tenía “había permitido generar más de 860 mil empleos” en 2012, con la Reforma sería suficiente para superar el millón.

El representante de la OCDE para México y América Latina, José Antonio Ardavín, declaró que la reforma generaría un “boom económico” y Enrique Peña Nieto, entonces presidente electo, declaró que el crecimiento económico y la generación de empleos serían consecuencia natural de las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo.

Sin embargo, las cifras oficiales sobre empleo son radicalmente distintas a los pronósticos triunfalistas de esa época: al cierre de noviembre de 2012, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reportaron 16 millones 294 mil 936 empleos. Mientras que, al cierre de febrero pasado, se reportaron 16 millones 672 mil 599 empleos.

En 15 meses de vigencia de la nueva Ley Laboral, se han generado 377 mil 663 empleos. En los 15 meses anteriores, con la ley “obsoleta” (como la calificaban organismos empresariales, funcionarios de primer nivel y opinólogos) se generaron más de 1 millón 92 mil empleos.

Pero ni Pardinas, ni la Coparmex, ni Peña Nieto, ni otros organismos empresariales, funcionarios de alto nivel o “líderes de opinión” que impulsaron la Reforma Laboral con argumentos falaces se han preocupado en explicar que se equivocaron. Bueno, ni siquiera han podido reconocer que sus pronósticos resultaron falsos. Tan poco han documentado, por cierto, su optimismo sobre otras reformas, fundamentalmente la que tiene que ver con el sector energético.

En este país, no sólo los gobernantes pueden equivocarse sin consecuencias. También pueden hacerlo su corte de expertos y líderes sociales; sucede en cada municipio, en cada estado y en cada ámbito de la vida pública: los que defendieron el FOBAPROA siguen siendo los mismos que prometen el paraíso cada sexenio, lo publican en los periódicos, se demuestra que sus análisis no tienen rigor y al final no pasa nada.

Hace unos días, Dante Delgado me dijo: “Jorge, en México estamos tan mal, que cuando nos damos cuenta que las cosas no funcionan, que la economía no camina y el gobierno no da resultados, terminamos creyéndole al oficialismo y a sus voceros que ellos están bien y los que estamos mal somos nosotros”.

Ojalá mentir tuviera consecuencias. Por lo menos, entre quienes siguen creyendo en el milagro del reformismo, que el gobierno de Peña Nieto ha elegido como eje central de su narrativa de gobierno.

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*Secretario de Organización de Movimiento Ciudadano


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Jorge Álvarez Máynez

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