Cultura

Entrevista a Rafael Pérez Gay, sobre la novela El cerebro de mi hermano

  • Estuve cerca de una persona que estuvo siempre a la altura del destino que le trajo la enfermedad
  • Recuento de la larga amistad sostenida con su hermano, el filósofo y promotor de la cultura alemana en México, José María Pérez Gay

 

La memoria puede ser nuestra mejor compañera de vieja, nuestra mayor aliada para entender lo que somos como personas y como miembros de una familia, de un grupo de personas que durante un tiempo determinado crece bajo el mismo techo compartiendo alegrías y desilusiones, sueños y aspiraciones, comidas y hasta el último bolillo comprado. Para el escritor Rafael Pérez Gay (México, 1957), la memoria le sirve para reconstruir la convivencia diaria, cercana, con su hermano, el también escritor e intelectual José María Pérez Gay, fallecido en 2013 como consecuencia de una larga enfermedad neurodegenerativa que lentamente fue minando la salud del autor de libros puntuales dentro de la literatura mexicana, como lo es El imperio perdido.

Esta larga convalecencia le sirve a su hermano, el también escritor y periodista Rafael Pérez Gay, para indagar en la memoria, en el recuerdo, en esa convivencia diaria que siempre estuvo acompañada por los papeles, por las historias, por las construcciones literarias que el hermano mayor iba construyendo y que formarían parte definitiva de la vocación literaria de Rafael, vocación que podemos entender mejor al leer la novela El cerebro de mi hermano (Seix Barral, 2013), en la que el autor hace un recuento de esa larga amistad sostenida con su hermano, el filósofo y promotor de la cultura alemana en México, José María Pérez Gay.

Platicamos con Rafael Pérez Gay sobre esta novela ganadora del más reciente Premio Mazatlán de Literatura, y autor de libros como Me perderé contigo (1998), Llamadas nocturnas (1993), Nos acompañan los muertos (2009), entre varias más.

“Creo que la amistad literaria que mi hermano y yo tuvimos”, nos comentó el autor en entrevista, “nos dio para, primero, no separarnos a lo largo de los años, y después, para intercambiar gustos y para formarnos juntos un canon, aunque cuando al principio él me llevó a los libros, cuando yo era un joven, un adolescente en la Ciudad de México; luego fuimos, y ahora sí digo: juntos, formándonos un gusto y un canon. Paso siempre en las páginas de los libros que escribo y quisiera que fuera con naturalidad, momentos literarios, formas de escritores que quiero y que admiro, por eso verás que está citados constantemente Flaubert, Montaigne, y frases que van y vienen que entran con naturalidad porque para mí son como personajes y por eso me gusta citarlos, me gustaría que Cioran, Beckett, Stendhal, Proust pasarán como Pedro por su casa, con naturalidad, por las páginas de mis libros”.

Javier Moro Hernández (JMH): ¿Cuál fue la dificultad que encontró para mantener el tono narrativo de El cerebro de mi hermano, un tono íntimo, cercano, pero que jamás pierde el sentido del humor?

Rafael Pérez Gay (RPG): Me propuse una textura narrativa que oscilara entre el tono melancólico y el tono triste, apuntalado por el sentido del humor, fue Schopenhauer quien dijo que todas las vidas vistas de lejos son vidas trágicas, y si nos vamos acercando a ellas se puede ver que son vidas cómicas, todas y cada una de ellas; entonces en este libro que cuenta los años finales de mi hermano José María Pérez Gay, me propuse justo ir recuperando la memoria, es un libro sobre la memoria pero también creo que es un libro sobre la continuidad de la memoria.

JMH: “En realidad el presente no existe, es la unión entre el pasado y el futuro que se da en este momento”, dice Montaigne retomado en la novela para hablar sobre la memoria de la vida que usted y su hermano pasaron juntos.

RPG: Esa misma idea me dio pie a pensar que el destino está ocurriendo aquí, tú y yo hablando es el destino, el destino está ocurriendo siempre en este momento, y me llevó a pensar en otra frase que es de Flaubert, que dice: “Hay que estar siempre a la altura del destino”, y yo estuve cerca de una persona que estuvo siempre a la altura del destino que le trajo la enfermedad y que al final le trajo la muerte.

JMH: En una reseña que hicieron de su libro, menciona que El cerebro de mi hermano es un libro atípico, pues no existen muchos libros que hablen sobre la memoria de los hermanos, sobre la vida filial. O por lo menos no dentro de la literatura mexicana.

RPG: Es verdad y me lo hacía un ver un amigo que me recordaba que en la literatura mexicana existe, de Jaime Sabines, Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, o Beber un cáliz de Ricardo Garibay, que son libros sobre el padre, o el mismo Octavio Paz que tiene momentos luminosos en el poema de Pasado en claro. También libros sobre madres como el libro de Amos Oz, que es un escritor que yo admiro mucho y que tiene un libro llamado Una historia de amor y oscuridad, un libro luminoso que habla sobre el suicidio de una madre, pero yo no he encontrado un libro sobre la pérdida de un hermano, algo que en principio yo no hubiera querido escribir y que es una secuela indeseada de un libro anterior que escribí que se llama Nos acompañan los muertos, que es un libro acerca de mis padres, sobre la Ciudad de México en su memoria, en una vida llevada adelante durante 60 años acompañándose hasta que uno de ellos desaparece, realmente los dos se pierden en las sombras. Y justamente la textura narrativa de esa novela me permitió escribir en unos cuantos meses El cerebro de mi hermano.

JMH: Repasando estos dos libros, Nos acompañarán los muertos y El cerebro de mi hermano, pero también revisando las crónicas que usted publica regularmente en la prensa, podríamos pensar que se ha dado a la tarea de recuperar la vida familiar de una ciudad, de un país que ya no existe.

RPG: En el espacio que tengo en el periódico escribo justamente sobre dos vertientes que tienen que ver con estos libros, que es, por un lado, la recuperación de la memoria de la ciudad: calles, esquinas, nombres de una ciudad que hemos perdido y de ahí que afirmo de que somos las ciudades que hemos perdido; y por otro lado, también la recuperación pero una recuperación cotidiana, personal, de la vida en familia, en ambos casos bajo una pregunta: ¿Cómo se vive en México? ¿Cómo vive una familia en México? No en la Ciudad de México, sino en México.

JMH: Pensaba que uno de los sentidos más profundos de la amistad que usted sostuvo con su hermano es justamente que el universo compartido era un universo literario.

RPG: Pasábamos, para usar la idea anterior, de uno a otro lugar sin mayor problema, pasábamos de la vida a los libros y de los libros a la vida sin darnos cuenta, nos hablábamos por teléfono y nos leíamos páginas de muchos libros, intercambiamos opiniones de novela, él, que como sabes, fue un difusor de la cultura y literatura alemanas, que fue un escritor cuyos gustos estaban muy cercanos de los ensayos de los escritores que están reunidos en el libro El imperio perdido, y yo con la literatura francesa, y con algo más que a él también le interesa mucho, que es la literatura y el periodismo mexicano el siglo XIX, íbamos y veníamos de esos mundos raros, de esos universos y a veces no sabíamos muy bien cuándo entrábamos al mundo de ficción de un libro y cuándo entrábamos al mundo de ficción de la realidad.

JMH: Justo ese tema del periodismo mexicano del siglo XIX quería enlazarlo con las crónicas que usted hace y de las cuales hablábamos hace un momento, pues me parece que existe ahí un lazo de unión por la búsqueda de conocer ese México que ya no es, que no existe

RPG: La subtrama real de Nos acompañan los muertos es el cambio del siglo XIX al XX, y en la próxima novela, que espero publicar, tiene que ver directamente con ese cambio y con los personajes literarios de ese momento como son Amado Nervo, Juan José Tablada, Ciro B. Ceballos, Bernardo Couto, que aparecen en esa novela y ese era el proyecto en el que yo estaba metido y ese es el proyecto literario que llegué a platicarle a mi hermano cuando él enfermo ya gravemente.

JMH: Una de las cosas que me llamo más la atención de El cerebro de mi hermano es que nos deja ver las diferencias políticas que sostuvo con su hermano, que no deja de lado este aspecto a la hora de hacer este retrato tan humano de él

RPG: Porque fue parte de nuestra vida también y porque además no soy partícipe de la cultura del silencio, me parece que las cosas hay que decirlas y hay que decirlas con claridad, cuando hay acuerdos y cuando hay diferencias, no es para nadie un secreto de que yo soy un crítico de Andrés Manuel López Obrador y mi hermano participó activamente en la campaña presidencial, y desde antes, cuando López Obrador era Jefe de Gobierno del DF; y tampoco es un secreto que eso nos alejó, pues, como digo en el libro, yo consideraba que él no estaba suficientemente armado para la política activa, porque él no tenía los defectos que hay que tener para hacer política activa: ambición, codicia, ganas de poder, él era un hombre reflexivo, filosófico, literario, mucho más dotado para el aula que para el templete. Me parece que la política activa impide que un intelectual pueda ser suficientemente libre.

JMH: Finalmente quería preguntarle sobre el Premio Mazatlán de Literatura, por su libro con un pie en la realidad, en la realidad sobre su relación con su hermano, pero con otro pie en la realidad que nos abre la literatura.

RPG: El Premio Mazatlán es un premio muy importante por la lista de todos los escritores que lo han recibido y en ese sentido yo me agrego felizmente a esa lista, pero además es muy importante porque sea éste el libro que fue premiado. Cuando fui a Mazatlán a recibir y leí un texto que decía “Venimos aquí a Mazatlán a recibir este premio…” era porque íbamos, una parte de la memoria de mi hermano y yo mismo, a recibir el Premio y cité una línea de un poema de Gorostiza que a mí me gusta mucho, estábamos sentados en un lugar cerca del mar, y el poema dice: “A veces me dan ganas de llorar… pero las suple el mar”.

 

Imagen: Archivo LJA


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Javier Moro Hernández

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