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Entrevista a Sergio González Rodríguez sobre el libro: El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic

  • “La venganza por más triunfal que sea está lejos de ser gratificante”
  • Los personajes se vuelven inciertos, son espectrales puesto que no saben mucho de su pasado y acaba todo siendo una trama de incertidumbre

 

El protagonista de El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic (Mondadori, 2013), la más reciente novela del escritor y periodista mexicano Sergio González Rodríguez, es un joven que desconoce a ciencia cierta sus antecedentes familiares y que vive en medio de un barrio en donde la delincuencia campea a sus anchas, pero que ha encontrado en el cómic y en las posibilidades de la imaginación que éste le abre una vía de escape de esa vida en la que las responsabilidades han sido asumidas precozmente. Es ahí en donde conocerá al narrador de esta novela que terminará por contarnos la historia de aventuras que Dano no podrá convertir en cómic pero que sí se convertirá en una historia notable, en donde la literatura se confabula con el cómic, el cine, para contarnos una historia llena de matices y niveles narrativos, que la convierten en una de las más interesantes publicadas recientemente.

Sergio González Rodríguez es periodista, consejero editorial del periódico Reforma y autor de, entre otros libros, Huesos en el desierto (2002), El plan Schreber (2004), De sangre y de sol (2005), El hombre sin cabeza (2009), que nos dan muestra de la complejidad de sus intereses intelectuales, en donde la violencia que nos aqueja como sociedad es observada desde diferentes puntos de vista y ángulos, que van desde la filosofía y el periodismo, haciendo un retrato completo y complejo de las sociedades contemporáneas. El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic no es la excepción. Novela compleja en su estructura y con voces y matices que simbolizan un paso más allá dentro de los lenguajes literarios, se lee con una facilidad que emociona y que deslumbra:

Tiene que ver con el proceso creativo de la novela, porque yo quería presentar una novela que conjuntará diversas narrativas y diversos niveles de lectura -nos comentó el autor en entrevista-, pues debo decir que tengo la impresión de que las novelas actuales son novelas de un solo nivel, unidireccionales en el sentido de que el autor manda la novela al lector y el lector se cierra en el espacio de lectura que es predeterminado por el mismo autor, se tiende a hacer novela de cierto ingenio o de pretendido ingenio sin considerar el papel del lector, y yo quería mover todo esta serie de sobreentendidos que pone la novela, sobre todo la novela de éxito, las novelas premiadas, que se limitan mucho al papel del entretenimiento, yo quería poner en duda esta circunstancia y llevar al lector a una zona de interlocución sobre un fundamento que para mí es muy importante que es que yo creo que el lector es una persona muy inteligente o más inteligente que el propio escritor.

Javier Moro Hernández (JMH): Hay una relación entre Dano, que es uno de los protagonistas de la novela, y el narrador del que nunca sabemos mucho, una relación maestro-alumno que sin embargo no es una relación tradicional en el que el maestro no es el único que enseña, y quería preguntarte sobre la conformación de esta relación.

Sergio González Rodríguez (SGR): En esta relación no solamente trataba de poner la trágica vinculación de alumno-maestro, sino también cuestionar el asunto de los contrastes o contradicciones generacionales, el propio maestro se cuestiona todo el tiempo y eso me parece importante, porque no puede existir un maestro que imponga autoritariamente las cosas, aunque el personaje de mi novela es muy proclive a eso, su personalidad lo es por su propio pasado, pero yo quería poner en entredicho el papel del maestro y el del alumno, porque de pronto el alumno se va convirtiendo en el maestro del viejo y van entrando juntos en una zona de dudas como resultado de su propia historia de venganza que van fraguando entre los dos.

JMH: “La venganza por más triunfal que sea está lejos de ser gratificante”, nos dice el narrador de tu novela en una parte.

SGR: Como dice el clásico chino que “siempre que tengas una historia de venganza asegúrate de cavar dos tumbas” y en el caso de mi novela son más de dos tumbas, quiero decir que en caso de la venganza hay un riesgo que suele ser soslayado por los que se apasionan con la venganza, siempre tiene efectos imprevisibles y de allí que no sea gratificante, por mucho que aprendamos aquello que también es clásico de que la “venganza fría sabe mejor”, pero de todas maneras hay un problema con la responsabilidad y los efectos imprevisibles de la propia venganza, por eso no es nunca gratificante, ocupa demasiado del rencor, ocupa demasiado espacio cerebral y siempre lleva muchas complicaciones que es difícil prever, yo quería poner en duda también esta serie de entendimientos que se vuelven como “lugar común” o “sentido común” sobre las pasiones humanas, en este caso la venganza.

JMH: Hay una relación con la violencia que siempre está latente, siempre está a punto de estallar.

SGR: Desde tiempo atrás a mí me interesó mucho el tema de la violencia, que está presente desde las primeras crónicas que escribí, algunos ensayos, mi curiosidad por algunos autores que investigaban el tema de la violencia como Hans Magnus Erzenberger en su libro Política y delito, o Foucault en su ya clásico Vigilar y castigar, los libros de Leonardo Sciascia que tratan mucho sobre la policía, el estado, la vigilancia, me interesaba mucho el tema de la violencia, de las transgresiones de los criminales, lo he mantenido a lo largo de los años y normalmente en mis novelas aparece casi espontáneamente el tema de la violencia, para mí ha sido un asunto que está en mis preocupaciones intelectuales, no sólo como narrativa de ficción sino también en la investigación de asuntos públicos o criminales que me ha tocado indagar, yo creo que en la violencia se concentran todos los factores y todos esos elementos que constituyen antropológicamente al ser humano, a las personas, y yo he querido acercarme a esto, infortunadamente yo pensé a escribir en esos temas de la violencia antes de que se convirtiera en la marea contra los ciudadanos que hemos visto en los últimos años.

JMH: En ese sentido los dos personajes centrales de la novela, hablando de niveles narrativos, también tienen capas que el lector va descubriendo a lo largo de la novela.

SGR: Tiene de algún modo una formulación, en términos de la estructura, de una cebolla, que se va quitado una y otra de las capas se va acercando al núcleo, también es un juego de cajas chinas y cada capítulo trae consigo un misterio, en lugar de incurrir en lo que las novelas de corte policiaco generalmente traen que es que conforme uno avanza en las páginas más se acerca a la resolución de la verdad o del misterio o la resolución de un crimen, aquí por el contrario conforme mientras más avanzamos en la novela y en el pasado y en las circunstancias de los personajes el misterio se multiplica y las conjeturas del lector también, de modo que la novela está planteando la ruptura de estas tendencias generales de la propia narrativa policiaca.

JMH: La novela conlleva muchas cosas a niveles narrativos y además se permite leer de manera vertiginosa, muy al estilo de las novelas negras, lo que me permite suponer que el trabajo para escribir debió ser arduo y constante, para permitirle al lector ingresar en este universo narrativo sin que pudiera observar todo ese trabajo.

SGR: Generalmente a mí me sucede, por una cuestión de proceso creativo personal traer una idea que se va fraguando a lo largo del tiempo, son años, esta novela la empecé a pensar hace cinco, seis, siete años, no recuerdo exactamente, y empezó con una idea muy marginal, a partir de una circunstancia real, quiero decir que hace muchos años, en el periódico Reforma se publicó una noticia, que me llamó mucho la atención, sobre un muchacho del barrio de Tepito que viajaba cada vez a Asia, a Shangai, para comprar mercancía que después vendía en el barrio, era un momento cuando estaba arrancando el uso masivo de los celulares y había mucha demanda por cables, por convertidores de corriente, mercancía barata pero que si tú la traías directamente había un plus de ganancia, y era lo que hacían estos chicos, pues había varios que se traían la mercancía en las propias maletas, estaba un día, compraban y se regresaban, pero era tal el margen de ganancia que podían hacer un viaje al mes. No sabían hablar chino, no sabían inglés, pero esta noticia me llamó mucho la atención como el signo, el síntoma de una nueva generación en un mundo de economía global, este es el germen de la novela.

JMS: Otro elemento que va construyendo la relación entre Dano y el narrador es la discusión que van sosteniendo a lo largo de la novela, sobre las diferencias entre cómic y literatura, y como cada uno va defendiendo los valores, la importancia de estos dos discursos narrativos.

SGR: Yo creo que hemos cambiado tanto, sobre todo las nuevas generaciones, que ya no es posible remitirnos a un solo canon narrativo como sería el de la novelística clásica, sino que tenemos que entender y aceptar que hay una enorme complejidad y riqueza en propuestas como la del cómic, de hecho hay una burla que el propio narrador hace sobre la que el cómic suelen representar una articulación primaria del mundo que es mucho más compleja pero hay cómics excepcionales que tienen una enorme capacidad de retratar el mundo en su complejidad, pero este tipo de pugnas, de contradicciones desde puntos de vista, en este punto generacionales, que se oponen entre sí, me gustaban para darle también una dinámica especial a la novela y por eso aparecen este tipo de diálogos intergeneracionales.

JMH: Como decíamos al principio, la novela tiene muchos elementos, muchas imágenes que podíamos definir como parte del cómic.

Mediante el personaje de Dano, que ve el mundo como si estuviera dentro de un cómic, que es como él lo razona, de hecho la novela utiliza un mecanismo narrativo que ya utilizó Roberto Bolaño, que es la que la novela está contada por el narrador que a su vez refiere un relato que le contó Dano, entonces esta mediación entre los relatos representa más o menos como cuando alguien va al cine a ver una película y después se la cuenta a alguien más, y el resultado es un relato que no tiene que ver con la película ni con lo que vio realmente que está narrando sino es un tercer producto que el que está oyendo que también lo va a reacomodar a su modo, y Bolaño lo dejó muy claramente en algún relato, es el modo en el que se va transformando la propia materia de la novela y de la literatura cuando está en manos de los lectores.

JMH: También la novela hace muchos guiños a otros autores, desde La carta a un artista adolescente, por supuesto Bolaño, el cine y por el supuesto el cómic.

SGR: Yo quería introducir estos signos o datos de la cultura general, porque los ejemplos que citas no son específicamente académicos, sino que forman parte de la cultura general sobre todo de las nuevas generaciones y yo quería emplearlas como en el caso de la modelo que es un doble de Paris Hilton que aparece en algún momento en la novela, que funciona como una alusión al mundo de la piratería, de lo doble, al mundo virtual en el que estamos inmersos y quería presentarlo dentro de un relato de la economía global vista desde el punto de vista de las mafias chinas, de las triadas chinas que están en todo el mundo, incluso en México, y entonces este enjambre, esta sustancia narrativa se va a filtrar en la vida de las personas y yo quería reflejar esto y obviamente los personajes se vuelven inciertos, son espectrales puesto que no saben mucho de su pasado y acaba todo siendo una trama de incertidumbre.

 

Foto: Archivo LJA


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Javier Moro Hernández

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