Opinión

H+D / Arquitectura Efímera

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La vida siempre me pareció más importante que la arquitectura

Oscar Niemeyer

“Una de las carreras que siempre había querido hacer era periodismo, me interesaba incluso el tema del periodismo de conflictos bélicos; sin embargo era una carrera que sólo estaba en Madrid y mi familia en ese momento no podía costearlo. Por lo que, pensando qué es lo que podía estudiar en la Universidad de La Coruña, arquitectura me pareció una carrera que ofrece muchas posibilidades, es una doctrina que puedes aplicar en muchos ámbitos, que combina diferentes disciplinas, y con la que puedes trabajar en muchas áreas, desde el diseño de la manilla de una puerta hasta el diseño urbano de una ciudad”.

De esta manera comenzó la entrevista con la Arquitecta Española Patricia Muñiz Núñez, quien forma parte del Grupo de Investigación Reciclaje Urbano de la Universidad de Granada, socia-fundadora del Estudio MMASA, desde donde ha realizado proyectos arquitectónicos y urbanísticos en España, Portugal, Polonia, China, Israel y Camerún. Sus obras han sido premiadas en concursos nacionales e internacionales, destacando el primer premio Europan 2010 en Polonia. Asimismo su proyecto A Cidade dos Barrios ha sido finalista de la XI Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo, y Mención Especial del Premio Arquia/Proxima. En 2013 recibió -conjuntamente con otros colectivos- el premio COAG de Ordenación del Territorio.

–Patricia Muñiz, cuéntanos cómo fue trabajar en Israel y qué desarrollaste…

–Lo cierto es que en el 2013 la mitad del tiempo estuve en Oriente Medio. En Israel tuve la suerte de ser invitada por el College of Management para trabajar con alumnos de diseño en proyectos reales, como fue la intervención que hicimos en el Lazaros Center, un centro comunitario en Holon ubicado en uno de los barrios más conflictivos y de mayor pobreza de Tel Aviv. Es un barrio con muchísima población desempleada, especialmente integrado por inmigrantes de Etiopía, y este centro es uno de los más activos que yo jamás he visto, porque a pesar de que las instalaciones son precarias, convergen muchas actividades. Imagino que me sorprendió especialmente la actividad porque en España se han hecho centros que parecen el Guggenheim y la mitad después están vacíos. Claro que cosas como esta son las que nos han llevado a la crisis que tenemos ahora en nuestro país, porque nos hemos dedicado a construir y construir, y muchas veces sobredimensionadamente. Este es un centro relativamente pequeño en donde se juntan niños de todas las edades para después del colegio tener un lugar donde estar y hacer actividades, los deberes y sobre todo para apartarlos de la calle y la posible caída en la delincuencia; involucramos además a la población del barrio, lo que hará que vean el proyecto como algo suyo.

–Has colaborado con una ONG en labores de identificación de los problemas de vivienda de los refugiados sirios en los cinco países de acogida en general (Egipto, Iraq, Jordania, Líbano y Turquía). A parte de esta labor participaste en los grupos de shelter dirigidos por UNHCR para la mejora de los alojamientos y la procura de soluciones con estándares mínimos para estas personas realizando arquitecturas en Oriente Medio ¿Cómo ha sido la experiencia?

–Ha sido una experiencia muy gratificante para mí, muy dura también, una cruda realidad de la cual en la mayoría de las partes del mundo ya casi no se habla, y es increíble porque hablamos de conflictos más pequeños y es como si Siria ya no le importase al mundo. Siria tenía 19.5 millones de habitantes cuando comenzó la guerra. De ellos ahora casi 7 millones están desplazados, sin hablar de los miles de muertos que hay en ese país y que continúa habiendo. De esos desplazados, 2 millones y medio son refugiados. Creo que es importante diferenciar esos dos términos: refugiado es aquella persona que ha tenido que salir de su país y desplazado interno es aquella persona que ha tenido que emigrar dentro de su propio país, personas que han tenido que abandonar sus hogares por culpa de este conflicto pero que continúan en Siria.

–Estás realizando la Tesis doctoral sobre viviendas prefabricadas transicionales donde subrayas la importancia del papel de estas viviendas como modelo para resolver problemáticas derivadas de los desplazamientos involuntarios de la población. Colaborando con ONG´s en la investigación para la mejora de las viviendas de los refugiados sirios, realizaste una visita de identificación y posterior evaluación en el Líbano y Jordania en el 2013. ¿Cómo la arquitectura se inserta en este entramado?

–Antes que nada me gustaría especificar que es una vivienda transicional: es aquella intermedia entre la vivienda de emergencia y una vivienda estable ¿Por qué prefabricada? Realmente parece difícil de justificar por qué las viviendas prefabricadas están, en cierta medida, negadas por las ONG´s. Sin embargo yo trabajo en ello porque creo firmemente que la tecnología nos puede dar las bases para poder hacer una vivienda más rápida que además pueda ser reutilizable en muchas otras ocasiones. Viviendas de este tipo han sido diseñadas por arquitectos a lo largo de todo el siglo XX, pero actualmente parece que el arquitecto ha olvidado esta función social cuando realmente el problema de la vivienda nunca había sido peor en el mundo. Cuando uno llega al campo de Zaatri en Jordania, el segundo campo de refugiados más grande del mundo, ahora mismo con aproximadamente 120,000 refugiados, uno no puede dejar de impresionarse y conmoverse. En él, cuando yo fui, todavía el 80% de las viviendas eran tiendas de campaña. Realmente es una ciudad formada en pocos meses y cuando pienso que tiene la mitad de la población de mi ciudad, Coruña, es cuando realmente me hago una idea de lo que está pasando ahí. Un estándar de las ONG´s para un campo de refugiados no pueden exceder por norma las 20,000 personas, pero cuando tienes un campo de refugiados excedido con personas que no tienen nada que hacer, que no tienen trabajo, que no tienen recursos, al que siguen llegando 2,000 personas al día cruzando la frontera de Jordania ilegalmente porque no tienen papeles, aquello es…

–Durante tu estancia en el Líbano visitaste las zonas de la Bekaa y Saida y el campamento Dalhamieh, el más grande de la zona. ¿Cómo fue por medio de tu disciplina y conocimiento asimilar profesionalmente esto para poder colaborar con la gente?

–Aquí la experiencia me resultó dolorosa. En el Líbano el gobierno no ha permitido la creación de campos de refugiados por lo que ellos se encuentran en más de 600 localizaciones diferentes. Algunas situaciones son muy dramáticas con campamentos irregulares en los cuales, al no existir normas, las situaciones se complica.

–¿Qué experiencia has forjado de todo esto?

–Muy enriquecedora y muy valiosa. No me considero en absoluto una arquitecta social como me preguntaste, creo que hay mucha gente que está trabajando mucho más duro y que se arriesgan todos los días. Pero reconozco que desde que decidí llevar a cabo mi investigación sobre este tema, cada vez me apasiona más y espero poder continuar parte de mi trabajo en esta línea. Hoy más que nunca debemos replantearnos cuál es nuestra función como arquitectos.

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