Opinión

H+D Zona de Frontera

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Una interpretación limitada del diseño ignora el valor estratégico del mismo en la empresa. El diseño se vincula sólo de manera secundaria con los objetos bellos y primero con un enfoque integral hacia los negocios, hacia el servicio al cliente y hacia la provisión de valor

Tom Peters

 

En pasados días desde el programa radiofónico Hablemos Diseño (radio.soytecags.com) tuvimos la oportunidad de entrevistar a José Rafael González Díaz, actual director de la carrera de Diseño de la Comunicación Visual en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali en Colombia. Arquitecto egresado de la Universidad de Los Andes en Mérida, Venezuela, ciudad la cual, confiesa, es una de sus favoritas aunque haya nacido en la capital, Caracas.

Rafael tiene un largo recorrido académico y profesional en el universo hispanoamericano del diseño, desarrollando actividades de consultoría, gestión y metodología, estudioso del diseño emocional y la creación de valor mediante el análisis de la experiencia del usuario como elemento clave, Doctor por la Universidad Politécnica de Valencia en el programa en Métodos y Técnicas del Diseño Industrial y Gráfico, y Máster en la misma Universidad en Diseño, Gestión y Desarrollo de nuevos productos; su combinación académica y laboral nos preparan una charla interesante que a continuación compartimos.

–Rafael, ¿cómo defines el diseño?

–La palabra pasión define muy bien en mi caso lo que es el diseño, he tenido la oportunidad de moverme en el campo de lo espacial, lo tridimensional y lo bidimensional, y la integración de todo esto me parece estupendo. En los últimos años he tenido la oportunidad de compartir en ambientes académicos con diferentes universidades y el diseño siempre ha estado presente; desde pequeño siempre estuve con un lápiz y con un papel, y si no había un papel, dibujaba en la caja de la pasta de la crema dental y exploraba el tema de construcción de volúmenes y formas.

–¿Cómo ves la cuestión académica de separar el diseño en diferentes vertientes profesionales, y esta separación se nota en la vida fuera de la academia?

–Concebirlas como disciplinas separadas va radicalmente en contra de la realidad. Yo la verdad es que suelo moverme en “zonas de frontera”, las cuales son interfaces en donde convergen las disciplinas necesariamente y son zonas en donde nadie puede decir que es dueño de una razón u otra, sino que hay que encontrar puntos de encuentro y me atrae la posibilidad de explorar esas zonas de frontera, y en eso estoy. Una de las razones por las cuales me interesé en el proyecto de Javeriana Cali en Colombia, se da a través del diseño de la comunicación visual dentro de un ámbito conceptual que abarca el diseño de productos con énfasis en el empaque y embalaje, la temática de marcas y de creación de valor, y por otra parte está el tema del diseño editorial que sirve como un espacio propio hacia lo que se puede considerar como lo literario, y son áreas que se complementan cuando hablamos de diseño de producto, puede ser de diseño de productos editoriales pero también textiles, gráficos o industriales, y en un momento dado encuentran su correlación con elementos espaciales y nos damos cuenta que en el diseño no hay parcelas aisladas de conocimiento.

–¿Pero cómo, ante un conocimiento académico rígido, se puede experimentar en nuevos ámbitos, aun así sean relacionados al diseño?

–Lo que sucede en la academia es que existe la necesidad de adquirir conocimientos básicos, destrezas y habilidades que toman su tiempo, y para poderse mover en zonas de frontera del diseño hay que conocer las herramientas disciplinarias primarias, los fundamentos de diseño como común denominador a todos, de manera tal que los principios se aprenden y lo que tenemos que aprender después es a “desbaratar” tales principios para hilvanarlos en otro lugar, para romper las reglas y combinarlas, que es al final lo interesante de todo esto, pero además lo apasionante

–¿Crees que esto está cambiando la dinámica tradicional del diseño?

–El cliente en el diseño de productos está sufriendo un cambio de rol, un cambio en el papel evolutivo natural; cada vez más el cliente con toda franqueza deja de tener más la razón y el juego está cambiando, diseñador y cliente tienen que ponerse del lado del usuario, del consumidor, y entonces tienen que aprender de él y para aprender de él que la oferta de valor de la empresa está cambiando notablemente, eso significa que la oferta de valor ya no se centra en un producto totalmente acabado, sino en un producto en donde el usuario pueda personalizarlo, adecuarlo a sus propias necesidades, a sus propios contextos y motivaciones, y ahí el tema de la apertura del diseñador es un reto que tenemos por delante en la manera de cómo concebimos a los productos hoy en día, y aquí el cliente está aprendiendo también y el diseñador deberá generar propuestas de valor flexibles.

–¿Cómo ves Latinoamérica en la trama global del diseño?

–Creo que en la medida en que podamos movernos en zonas de frontera y hacer productos y servicios compatibles a nuestras realidades latinoamericanas para producir resultados, dejaremos de responder a referentes foráneos, dar respuesta a las necesidades reales de las personas, y aquí hay un mundo de inflexión que es interesante y capaz de hacer cambios.
No podemos ya dejar de pensar en productos que no están en la dinámica de los servicios y la responsabilidad social con la transferencia de conocimientos y tecnologías en diseño artesanal o diseño de productos alimentarios, es decir, hay un cambio en las dinámicas socioeconómicas que son palpables aunque todavía hay mucho por hacer con respecto a la innovación y el auto-emprendimiento sin recetas rígidas y cerradas, sino justamente con máxima flexibilidad. En Latinoamérica hay un potencial enorme al incorporar más el diseño a sectores empresariales conservadores constituidos, sin dejar de lado la glocalizacion, mirar la perspectiva global pero también lo local, y el diseño puede potencializar estas perspectivas.

 

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