Opinión

Una hipótesis sobre el origen del Bullying / El cadáver de Mickey Mouse

 

A los 70 años de edad murió Mickey Mouse. Su fallecimiento se debió a las causas por las que mueren muchos viejos, abandono, olvido y desamor. El Sr. Mouse, al igual que muchos de sus contemporáneos como Pato Donald, Tribilín, Pluto y el tío Rico Mac Pato, también envejecieron y terminaron desapareciendo por las mismas causas. Ellos tuvieron sus años de gloria en las décadas de los años 50s a los 70s. Durante veinte años gozaron de las simpatías de los niños que leían sus cuentos, veían sus películas en la tele y algunos hasta tuvieron la fortuna de saludarlos personalmente en Disneyland o Disneyworld. Si alguno de estos venerables ancianos tuviera la mala idea de reaparecer y presentarse ante un grupo de chamacos, lo más probable es que los chicos comenzarían riéndose de su ridícula vestimenta y apariencia y después acabarían por aburrirse de sus chistes y se alejarían buscando a los personajes realmente interesantes como los X Men, los Ninja Go y Avengers. O los verdaderos héroes que aparecen en los videojuegos de combate. Estos ídolos a diferencia de los ridículos muñequitos que divertían a sus padres, tiene uniformes contempo que resaltan su musculatura, van armados con lanzarrayos de nombres apasionantes como rayos cósmicos, láser desintegrador, catalizador de magma ectoplásmica. Además vuelan, saltan prodigiosamente y conducen supervehículos a los que nada detiene. Y lo más apasionante son las aventuras, nada de tonterías como las que vivían el conejo Bugs, el gato Silvestre o el Pato Lucas. Los nuevos héroes disparan a la menor provocación, se enredan en fieros combates contra los malvados que suelen ser personajes oscuros, pervertidos y con serios trastornos mentales, casi todos psicóticos que quieren dominar el mundo, destruir por venganza o satisfacer sus necesidades esquizoides de matar. Los chicos ven autos que explotan, edificios que se derrumban, golpes y golpes por doquier. Tanto los héroes como los malditos, hablan en lenguaje procaz, “Te voy a hacer pedazos criatura miserable” o “Hasta aquí llegaron tus días engendro infernal” Ni los villanos ni los salvadores tienen caras amables, todos muestran rostros fieros, gestos amenazantes y casi todos van enmascarados. La identidad personal es vista como error, lo correcto es ocultarse. La temática de las series infantiles, las películas y los videojuegos no tiene desperdicio, todo es violencia y destrucción. Y como es natural esta violencia recibida por los medios electrónicos es trasmitida a los otros recursos electrónicos, las redes sociales. ¿Qué tiene de raro que un chico que ve violencia desde su temprana edad, cuando llega a la adolescencia envíe mensajes violentos por su celular o su Facebook?

Algunos jóvenes padres de familia, que tienen a sus hijos en primaria y secundaria, crecieron leyendo los cuentos de Walt Disney y no han sabido adaptarse al cambio. Le obsequian al muchacho de secundaria un celular, pensando ingenuamente que lo utilizará para comunicarse con sus padres, cuando tenga una emergencia.

Absurdo, el chamaco jamás les llama a los padres, en cambio gasta enormes cantidades de dinero en comunicarse con sus amigos. Y ¿quién paga esa recarga del celular? Pues los padres, los mismos que le compraron el xbox, el servicio de tele por cable, los llevan al cine y les regalan las películas en dvd o blu ray. De manera que los padres tienen una enorme responsabilidad en la violencia que los muchachos están experimentando actualmente.

Pero las peleas entre estudiantes han existido siempre ¿Por qué se hace tanto escándalo ahora? ¿Por qué hasta tiene un nombre propio, El Bullying ?

Efectivamente aquel clásico reto de “Nos vemos a la salida” anunciaba pelea al terminar las clases. Eso ha existido desde siempre. ¿Cual es la diferencia ahora?

La diferencia la hacen las redes sociales. Antes de la época de los celulares y las redes sociales, los insultos y las ofensas quedaban en un pequeño círculo, entre los dos que se peleaban y el pequeño grupo que los rodeaba. Ahora un chico toma una foto, o graba un insulto y lo envía mediante las redes, al infinito. La ofensa se extiende a miles de personas. El daño es enorme, se multiplica indefinidamente. Un muchacho de secundaria termina con la novia y por la inmadurez propia de los adolescentes no sabe cerrar una relación con madurez. Se siente resentido y entonces toma una foto de su ex y la sube a las redes, acompañada de comentarios insolentes, diciendo que se acostó con ella, o que a la chica le gusta hacer favores a sus amigos. Y ese mensaje es leído por todos los estudiantes de esa secundaria y por miles más que ni siquiera se imaginan. El alcance del insulto es inconmensurable. Por ello la respuesta es mayúscula. Ahora la ofendida tiene dos caminos o se deprime y tiene que cambiar de escuela o responde con otras ofensas mayores. Y así se inicia el ciclo de la violencia.

¿Y la solución ? Desde luego que el remedio no está en prohibir los celulares y las redes sociales, eso es imposible. No hay que olvidar que son instrumentos y el daño no está en el instrumento sino en el uso. Un cuchillo es muy útil si se usa en la cocina, pero es una arma mortal si se utiliza para agredir. Los medios electrónicos son excelentes para aprender, estudiar, investigar y divertirse. Lo grave es que los padres, de la generación Mickey Mouse, no han captado la importancia del mouse de la computadora. Son los padres quienes tienen que enseñarles a los hijos el uso prudente de las herramientas. De ninguna manera se justifica que una madre de familia, diga “Yo no le entiendo a esas cosas de ahora” y por lo mismo permita que el chico haga y deshaga lo que quiera con su celular y su lap top.

Es fácil atribuirle la culpa a las autoridades educativas, preguntándose ¿Pero qué hacen las maestras y directores de las escuelas? O incluso a la policía ¿Por qué no ponen vigilancia policíaca afuera de los planteles? Algo pueden hacer desde luego, pero la acción primordial está en la enseñanza, vigilancia, acompañamiento y el amor de los padres.

Tarde o temprano los equipos electrónicos serán cosa común y pasará la moda de estarse agrediendo con ellos. Posiblemente el Bullying será una conducta que terminará autolimitándose y desaparecerá. Pero lo que necesitamos hacer es evitar que de aquí a entonces siga habiendo muertes, lesiones y daños psicológicos.

Es bueno recordar que la historia nos dice que así sucede. Cuando se inauguró el Metro en la Ciudad de México, los suicidas que antes se tiraban de edificios altos, ahora se lanzaban a los rieles del subterráneo. Esa moda ya pasó.

Hace 60 años cuando comenzaba el teléfono, las bromas pesadas y las denuncias anónimas eran una manera de agredir a conocidos y desconocidos. Aparecieron los identificadores de llamadas y eso desapareció. Ahora reaparecen en forma de extorsión. O sea que la historia no se detiene, sólo se recicla.

Resumiendo. Los primeros responsables del Bullying son los padres de los chicos que lo realizan y lo soportan. Unos por enseñar agresividad y los otros por enseñar sumisión.

Cualquier estrategia diseñada por el Instituto de Educación, la Dirección de Seguridad Pública o la Secretaría de Salud tendrá que ser dirigida a concientizar, responsabilizar y educar a los papás. Además, capacitar a los muchachos en la responsabilidad que adquieren al agredir de esa manera. Detectar a las víctimas y brindarles protección y mecanismos de superación. Ejercer con firmeza la autoridad jurídica en caso de lesiones, a los chicos y a sus padres.

Las autoridades pueden y deben intervenir. La responsabilidad es por sobre todo, de los padres de familia. Está en su conciencia.

 


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Héctor Grijalva

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