Cultura

Cuando llevas un infierno, eso te va a perseguir todo el tiempo

  • Entrevista a Luis Bugarini, autor de Estación Varsovia
  • Una novela que reconoce que en los misterios se esconde los secretos indefinibles de las grandes derrotas

Perderse en una ciudad de invierno, una ciudad en donde sus habitantes hablan una lengua ininteligible, una lengua que nada nos dice, una lengua fría como las piedras de una gran muralla que no nos deja traspasar la frontera de la distancia. Habitar en una piel que nos parece extraña, una piel que parecemos detestar pero de la que no nos podemos deshacer. El personaje de Estación Varsovia (o la voz narrativa, como la describe su autor) es un hombre del que desconocemos todo, desde el nombre hasta las razones que lo han obligado a viajar a esa ciudad en donde el frío, la lluvia, la tristeza parece entrar, colarse por todos los poros, todas las aristas, todas las esquinas de la ciudad.

El autor de Estación Varsovia es el escritor y crítico literario Luis Bugarini (México, 1978), que con esta novela publicada por la editorial Sediento y que inicia su trilogía Europa, una obra en donde la respiración parece concentrarse, reducirse en esos pocos días en donde el protagonista caminará por la ciudad, se perderá en sus noches, amanecerá solo en una extraña y triste habitación de hotel, cenará con mujeres de las que no quiere conocer nada pero se perderá en esas conversaciones que se perderán en su memoria. Novela que reconoce que en los misterios se esconde los secretos indefinibles de las grandes derrotas. Novela que nos recuerda que el infierno habita en nosotros mismos, un libro que nos recuerda, en fin, que no podemos deshacernos de lo que somos, de lo que hemos construido:

“Siempre he sido partidario de los libros pequeños, más o menos en la línea de lo que está haciendo César Aira, que es una mezcla de novela corta con nouvelle, pero que no por ser cortas son banales o que en cuanto termines el libro se olvide, es un peinado de párrafos con una mirada reconcentrada, que se centra en la densidad de la voz del narrador y de los pocos elementos del paisaje polaco que aparecen, en realidad yo creo que es como una antigua de viaje.” Nos cuenta el autor en entrevista.

Javier Moro Hernández (JMH): El personaje central, del que conocemos muy poco pero que seguimos en este pequeño viaje a la ciudad de Varsovia, tiene la particularidad de que le gusta mucho la ciudad pero le desagrada muchísimo el idioma polaco, algo que podría sonar contradictorio, pero que nos dice mucho de él como ser humano.

Luis Bugarini (LB): Uno la escribe y después la redescubre, sabes, y después me di cuenta de que esta es una novela sobre la incomunicación, en varios niveles, al principio está la barrera que tiene él de manera natural para desarrollarse o para integrarse con otros seres humanos, hasta con su esposa que habla él mismo idioma que él, en el segundo con el paisaje polaco o el entorno con un idioma difícil y en el tercer aspecto hay un libro que su madre le ha regalado en su infancia y que se encuentra en este viaje pero que ahora no le dice nada, el texto le parece completamente indescifrable, hay como una imposibilidad de encontrarle sentido al texto, y que al final funciona como una metáfora de la vida de este hombre que parece ya no encontrarle mucho sentido a su propia vida.

JMH: Tu novela es heredera directa de la tradición centroeuropea de principios del siglo XX pero con un personaje que resulta extraño a ese entorno, un extranjero del que no sabemos mucho, sólo sabemos que habla español y que está en Varsovia de paso, lo que genera una tensión muy interesante entre la concentración de la voz narrativa que describe esta ciudad fría, inhóspita, pero que al mismo tiempo puede huir y salir de ese lugar.

LB: Ha llamado la atención de que lejos del gusto de la narrativa mexicana de siempre bautizar a un personaje, darle fisonomía para que el lector se pueda identificar, aquí yo emborrone cualquier modo de identificar, de percibir con claridad algún trazo, entonces lejos de ser un protagonista es una voz narrativa que va caminando, errante en una ciudad que desconoce, a la que no se puede integrar. Estación Varsovia, como dice la contraportada de la novela forma parte de una trilogía, pero no es una saga, es una trilogía más sutil que busca conectarse a través de túneles, del uso también de fotografías, a través de un mirada estilística en donde la fatalidad siempre determina el destino de las personas, en donde hay mujeres que determinan el sentir de los protagonistas.

JMH: ¿Cuánto tiempo te ha llevado trabajar esta trilogía?

LB: Pues mira, Estación Varsovia empieza a escribir desde que hice el viaje a Varsovia en el 2003, entonces desde ese año se estuvo escribiendo, no voy a pecar de atormentado y decir que todos los días la trabajaba, pero la verdad es que Estación Varsovia es una novela que se tomó su tiempo en escribirse, hacia ensayos, replanteamientos estilísticos sobre la voz del protagonista hacia donde podía ir, al final se recortó por un gusto personal, era más larga y bueno, al final se tomó diez años en quedar concluida pero las otros ya no me tomó tanto tiempo.

JMH: El asunto de la fotografía también juega un rol importante en la historia, hay una relación entre lo que cuentas y lo que se va mostrando de la ciudad.

LB: La fotografía no ilustra la historia, son una selección digamos azarosa de fotografías que yo tomé en ese viaje, pero no son parte integrante fidedigna del texto narrado, incluso por eso tienen títulos muy cortos cada una de las fotografías, es una especie de juego, que no busca desorientar al lector, pero sí darle pistas falsas para que se pueda imaginar que a la mejor una de estas chicas que pasea por las calles es la estudiante universitaria polaca, o que tal vez son algunos de los escenarios que el protagonista anda errante en esos días de abatimiento espiritual

JMH: Lo que vemos es a personaje que parece continúa con su vida normal es en realidad una caída, un desbarrancamiento lo que vemos es una novela de autodestrucción.

LB: Es la narración de una ruina, me parece interesante señalar que se romantiza mucho el viaje, el aeropuerto, el hotel, pero cuando tú llevas un infierno dentro eso te va a perseguir todo el tiempo, al final yo creo que la naturaleza humana es casi monolítica y entonces cuando tú vas desarticulado aunque viajes al mejor lugar del mundo, esta cosa romántica y de qué bonito y de que yo conozco, todo eso adquiere otra dimensión, es decir es posible vivir el infierno en un lugar desconocido, sencillamente sentirse ante una frontera de cristal de una realidad que no puedes cruzar.

JMH El personaje tiene muchas aristas y si uno lo piensa con calma tal vez podría ser cualquiera que además podríamos ser nosotros.

LB: Trate de alejarme de un modelo bukowskiano, de esta persona que celebra la bebida, que disfruta la noche, que disfruta el desbalance, esta es una persona que tiene que trabajar, está en el laberinto de la sobrevivencia y no puede escapar a su esquema de vida, y la otra historia es que sólo en pequeñas editoriales se está pudiendo hacer apuestas de este tipo, como bien señalas es un libro muy corto, es un libro que no es esencialmente celebratorio de la vida y de las prácticas actuales del comercio y la vida efectista y es una apuesta y ahí está. La trilogía ya está disponible, están circulando, con el mismo juego estilista de las imágenes, con un personaje errante, que continúa con la línea trazada por Estación Varsovia.


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Javier Moro Hernández

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