Cultura

Somos un país que ha aprendido a vivir con la corrupción, la impunidad y la prepotencia

  • Entrevista a Eugenio Aguirre, autor de El Abogánster
  • Una novela de aventuras, una historia policiaca en donde da cuenta del ascenso meteórico de Jurado, quién no se tienta el corazón para conseguir el poder

Tal vez sólo unos cuantos hayan escuchado hablar de Bernabé Jurado, el mayor abogado penalista que dio nuestro país en el siglo XX. El mayor, el más famoso, y sin embargo el menos honesto, el más pillo, el más zorro, un ejemplo que no se debería seguir sin duda, pero que sin embargo implementó muchos de los trucos, de los retruécanos que los abogados utilizan constantemente para poder torcer la ley en nuestro país, Jurado fortaleció toda una escuela: la de la pillería, la venalidad, en el mundo de la abogacía y de la política en nuestro país.

Personaje digno de novela, fue el abogado defensor del escritor norteamericano William Burrouhghs, quien en 1951 asesinó a su esposa Joan Vollmer de un balazo. Jurado logró sacarlo de la cárcel al cambiar la primera declaración del escritor para que afirmara que todo se trató de un terrible accidente. Burroughs sólo estuvo trece días en la cárcel de Lecumberri y este hecho le permitiría salir del país años después y dedicarse a escribir. Pero éste es sólo uno de los hechos en los que las malas artes de Jurado estarían presentes: se sospechó durante años de su participación en el asesinato de Mercedes Cassola, se presume que fue el organizador de la fuga de Marcos Kaplan de la penitenciaría de Santa Martha Acatitla, que fue llamada por la prensa como “La fuga del siglo”.

En fin, la figura de Bernabé Jurado encarna de muchas maneras uno de los peores vicios de nuestro país: la corrupción. Un problema enquistado en todos los órdenes del sistema político mexicano y que el escritor Eugenio Aguirre (México, DF, 1944) retoma para construir una novela de aventuras, una historia policiaca en donde da cuenta del ascenso meteórico de Jurado, quién no se tienta el corazón para conseguir el poder.

Eugenio Aguirre es autor de, entre otros libros, El rumor que llegó del mar, Paseos de Sangre, Pecar como Dios manda y de varias novelas históricas y un par de volúmenes de cuentos, retoma en El Abogánster (Planeta) a este personaje icónico de la primera mitad del siglo XX, que resume de muchas maneras la construcción de un régimen político cimentado en la corrupción y en las tropelías:

“Este personaje siempre me llamó la atención, porque inclusive lo conocí, tuvimos un litigio mi padre yo cuando tenía como dieciocho años, que por cierto le ganamos, y me llamó mucho la atención su presencia, era un tipo muy elegante, muy cortés, de muy buena charla, en fin un hombre que daba la apariencia de lo que no era, y desde entonces quedó la idea en mi inconsciente por casi cincuenta años, y después en años más reciente, leí un libro que se llama La bala perdida, y después me llamó la atención un artículo de Juan Villoro, dos textos que hacen relación a la defensa que Bernabé Jurado hizo a William Burroughs, por el asesinato de su esposa, Joan, y de todos los trafiques que hizo Bernabé para sacarlo en trece días de la cárcel y cambiar la determinación jurídica que hizo para que en lugar de que fuera un homicidio en primer grado se convirtiera en un homicidio imprudencial y eso le diera la posibilidad de salir bajo fianza y me empecé a meter más con la figura de Bernabé y me encontré un artículo muy sesudo de Monsiváis sobre la figura arquetípica del “abogánster”, también Vicente Leñero en su obra de teatro El Infierno lo sitúa en uno de los círculos del infierno y pues mientras más investigaba más pensaba que era un personaje digno de novela.” Nos dice el autor en entrevista.

Javier Moro Hernández (JMH): Las andanzas, la vida de Bernabé Jurado eran dignas de una novela y es extraño que hasta el momento no se hubiera hecho.

Eugenio Aguirre (EA): De hecho lo que yo hice es una novela negra, cimentada sí en las fuentes históricas, pero mi intención no fue hacer una novela histórica, claro contextualizar al personaje en todo lo que vivió y resulta fascinante este recorrido por la evolución ideológica de nuestra sociedad a lo largo de esta etapa del México posrevolucionario y la evolución del país físicamente, pragmáticamente y de la Ciudad de México en particular es verdaderamente divertido, atractivo y de escándalo, porque he dicho alguna vez, en un mundo en donde se privilegiaba a los cabrones, el más cabrón de todos resultó ser Bernabé Jurado y lo estoy comparando con personajes como Maximino de Negri, Carlos de Negri, el mismo Cárdenas, por supuesto Calles y sus títeres del Maximato o Gonzalo N. Santos, un México bronco, un México que como bien ha descrito José Agustín es un México de tragicomedia, en donde llegas a amar a la Ciudad de México y al país, pero también lo odias, es una situación, una condición ambivalente, y muchas de las cosas que vivió Bernabé Jurado pues en alguna forma me tocó ser testigo presencial de las mismas, en alguna época, algo de lo que ya me curé, fui abogado, entonces me tocó a conocer a los contemporáneos de Bernabé Jurado, abogados como Felipe Gómez Mont, Herrera y Lazo, entre muchos otros, y eran una élite de abogados penalistas, que eran gente muy honestas, muy proba y claro destacaba como contraste, como el garbanzo negro en la sopa Bernabé Jurado, y eso lo hacía muy atractivo, porque además era un tipo que manejaba muy bien a la prensa, él decía “No importa que hablen de mí, aunque hablen bien.”

JMH: La novela es y funciona como un gran retrato de esa sociedad posrevolucionaria, en donde se formaron los mitos nacionales pero también los vicios nacionales.

EA: Bernabé es la síntesis de la corrupción que ha imperado en el sistema de impartición de justicia desde los años veinte hasta la fecha. Por ejemplo él participa en la llamada fuga del siglo, la de Marcos Kaplan que se fuga de la cárcel de Santa Martha Acatitla en un helicóptero, toda la convivencia de las autoridades con los delincuentes es un asunto que no se hablaba en ese momento, porque en aquella época ya existía el tráfico de drogas, por ejemplo, y era notoria “Lola, la Chata” que era líder de una organización de narcomenudistas que controlaba zonas de Tepito y de La Merced, y nadie se asustaba, pareciera como que los mexicanos de esta época pudieran detallar con delincuentes de la talla de delincuentes como Goyo Cárdenas o como Paco Sierra, que fue el primer delincuente que puso una bomba en un avión para cobrar los seguros y que afortunadamente le falló, pero que estaba casado con Esperanza Iris, una connotada dama del teatro mexicano, del teatro revista, entonces podían convivir juntos por ejemplo en el Burdel de La Batida, en donde podían convivir empresarios como Alejo Peralta, Mario Pani, Ezequiel Padilla, junto a Fidel Velázquez y lo mismo te encontrabas a Renato Leduc, a Carlos de Negri, el reportero más hábil de Excélsior y el más vil, y lo mismo podías ir al Bombay o al Burro y bailar con condesas europeas, o sea un México vibrante, intenso y maravilloso.

JMH: ¿Cómo fue el tratamiento que usted le da a toda esta información de este México intenso que retrata en la novela?

EA: Trato de que el lector se involucre y se meta a las anécdotas y que las viva, no tanto como una evocación nostálgica sino como si estuviera sucediendo y él pudiera vivir, bailar, comer, escuchar las discusiones, estuviera presente y formara parte del mosaico que era esa sociedad en formación.

JMH: La vida de Bernabé Jurado retrata y refleja esa época pero de muchas maneras anticipa el México contemporáneo, en donde estos vicios se ven cada vez más cercanos.

EA: Claro, pero hay que recordar lo que dijo Mario Vargas Llosa, vivimos durante sesenta años en la dictadura perfecta que realmente funcionaba y eso nos fue conduciendo a actitudes, a normas de conducta, a una axiología correspondiente a la corrupción, a los desmanes y a la impunidad y a la prepotencia que hemos vivido, o sea hoy nos podemos enterar que un gobernador se robó miles de millones de pesos y que el hermano de otro gobernador está vinculado con el narco y eso, que es un escándalo, pasa desapercibido, ya no nos llama tanto la atención, ya lo asumimos como parte de nuestra forma de ser, somos un país sui generis en ese sentido, que hemos aprendido a vivir y a sobrevivir con todas estas lacras y lo sabemos.


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Javier Moro Hernández

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