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Crimen organizado, pandillas y cárceles, cultura de la violencia

  • Entrevista a Óscar Martínez, coordinador de Crónicas negras desde una región que no cuenta
  • La violencia está enquistada, el trabajo periodístico trata de entender esa violencia que lleva ya muchos años cultivándose y ahora se consolida

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Centroamérica es una región azotada por la violencia, que día a día expulsa a miles de personas de los países que conforman la región. La mayoría intentará llegar a los Estados Unidos en busca de un mejor futuro, aunque para ello tenga que cruzar nuestro país, en una odisea llena de peligros y sufrimientos que convierten ese viaje en un verdadero infierno. Un escenario en donde policías y políticos corruptos van de la mano con dos de las pandillas más violentas del mundo: La Mara Salvatrucha y el Barrio 18; donde la extrema pobreza y la falta de oportunidades se conjugan con el surgimiento de varias de las rutas más importantes del narcotráfico internacional. Un escenario complejo, explosivo, que los periodistas centroamericanos reunidos en el periódico digital El Faro.net han tratado de entender para poder contar al resto del mundo. La Sala negra, sección del periódico dedicada a entender a las pandillas y el crimen organizado que azota a la región, ha reunido 18 de las crónicas y reportajes más importantes publicados en el periódico desde el 2011, año de fundación de la sección, en el libro Crónicas negras desde una región que no cuenta (Editorial Aguilar) coordinado por el periodista salvadoreño Óscar Martínez.

18 crónicas divididas en cuatro secciones: El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras, que hacen un retrato exacto, punzante, a veces terrible de la situación de esta región, que a partir del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en punto de reunión, de tránsito y en enorme bodega para los narcóticos provenientes del sur del continente. Esta situación, aunada a la inestabilidad política, la debilidad institucional, la pobreza imperante en varias de las regiones que componen a estos países, más la violencia y persecución desatada por el gobierno del presidente Felipe Calderón, en contra de los cárteles del narcotráfico en México, han creado una situación explosiva. Los periodistas reunidos en Crónicas negras nos permiten entrar con su trabajo en el corazón de esta región que parece importarles a muy pocas personas, pero en la que tal vez se esté librando ahora mismo la batalla por el futuro de las democracias latinoamericanas.

El Faro es el primer periódico digital de Latinoamérica -cuenta el periodista y coordinador de Crónicas negras, Óscar Martínez-, nacido hace 15 años gracias a la labor de varios periodistas que estábamos inconformes con la labor periodística que se hacía en las grandes empresas, casi todos formábamos parte, casi todos trabajábamos en alguno de los grandes diarios de la región, y apostamos, desde ese formato que apenas empezábamos a entender, al periodismo de profundidad y de permanencia, es decir tiempos largos, textos más trabajados, textos más narrativos, ese sería un resumen muy descarnado de que es hasta ahora El Faro, un periódico que se ha metido y nos ha metido en muchos problemas en la región, tanto por revelar, por ejemplo, el pacto de las pandillas con el gobierno salvadoreño, revelar la existencia del Cártel de Texis en El Salvador, revelar la existencia de pactos de políticos del partido Arena con un narcotraficante que ya está detenido en Estados Unidos, etc. Y yo estuve en México trabajando en un proyecto que se llamó en El Camino desde el 2008 hasta el 2010, cubriendo el paso de los indocumentados por México y ese formato me funcionó bastante, que era aislar a un grupo de periodistas para que trabajaran, se enfocaran en un tema concreto durante varios años de forma que lo pudieran entender de una manera bastante amplia y profunda, cuando regresamos a Centroamérica junto con un grupo de gente, nos dimos cuenta de que éramos incapaces de explicar la violencia que nos convertía en la región más violenta del mundo, a Guatemala, a Honduras y El Salvador y decidimos junto con El Faro en enero de 2011 esto que se llama Sala Negra, que es un equipo especializado de investigación a nivel regional que pretende, aunque suene absurdo, contestar esta pregunta ¿Por qué diablos somos tan violentos en Centroamérica? ¿Por qué diablos tenemos esos índices de violencia? Y en ese sentido nos propusimos, nos involucramos todos los periodistas para terminar este libro de Crónicas negras bajo tres líneas concretas: Crimen organizado, pandillas y cárceles, y algo que llamamos cultura de la violencia, y esa son las líneas que se verán en el libro y los periodistas que conforman el equipo, y a mí me tocó coordinar el trabajo.”

Javier Moro Hernández (JMH): Lo que hacen las crónicas es tratar de entender esta violencia, pero leí una declaración tuya en la que comentas que los estados centroamericanos son expulsores de su población pero al mismo tiempo se mantienen de las remesas que mandan los migrantes a sus lugares de origen, entonces hay una falta de responsabilidad de los Estados para mitigar estas condiciones de violencia, que obligan a muchas personas a salir, a huir de sus lugares de origen.

Óscar Martínez (OM): Los estados centroamericanos tienen un papel clave en eso, pero no creo que sólo los estados de Centroamérica, te voy a poner un ejemplo para hablar sobre la violencia que estamos viviendo ahora, el hecho de que Honduras tenga ahora mismo 24 homicidios por cada 100 mil habitantes, algo que no sucedió ni en México en la época más oscura de la guerra de Calderón cuando el gobierno peleó con todos los cárteles al mismo tiempo cuando el índice de asesinatos en México fue de 20 homicidios por cada cien mil habitantes; un ejemplo de la situación de las pandillas, fue cuando entre 1984 y 1994 Estados Unidos pensó que era una buena idea empezar a deportar a una serie de pandilleros profesionales de las calles de Los Ángeles a los países centroamericanos, Estados Unidos pensó que era muy buena idea deportar a un montón de líderes pandilleros expertos en organizar grupos pandilleriles con adolescentes a dos países que acaban de firmar la paz, Guatemala en 1996 y a El Salvador en el 1992 y a Honduras que sufría una seria desestructuración del Estado, las pandillas aquí cuajaron y encontraron un caldo de cultivo enorme, ahora en El Salvador se calcula que hay sesenta mil miembros de las pandillas, y claro que el estado salvadoreño cuando lograron reaccionar en el 2001, en lugar de hacerlo inteligentemente El Salvador lanza un ridículo plan llamado “Mano dura” que en unos cuantos años demostró perfectamente una tremenda inefectividad porque sólo le daba más prerrogativas a los policías para que detuvieran a quien ellos creyeran que era pandillero, poder detenerlo por 72 horas en vías de investigación, eso género que las pandillas crecieran nuevamente, que más gente se integrara a las pandillas, que el odio de los adolescentes de las zonas marginales hacia el estado se hiciera más crudo, entonces es claro que esas series de malas decisiones de estado que se han encadenado para que ahora nosotros tengamos a las dos pandillas que se unen y se convierten en las dos pandillas más peligrosas del mundo.

JMH: Una de las cosas más interesantes del libro es justo cómo abordan y desentrañan las raíces de esta violencia, como el libro está dividido por países es posible ver en el caso de El Salvador cómo funcionan y trabajan, algo que desde México no se entiende, porque hay poca información sobre las pandillas, que son consideradas como una amenaza pero no se entienden, no se conocen.

OM: En México cuando yo hablo en concreto de dos de las pandillas, que son la Mara Salvatrucha y de Barrio 18, aunque creo que los colegas de la frontera norte sí han logrado hacer buenos trabajos de las pandillas como los Artistas Asesinos y los Aztecas, pero yo sí he visto algunos de los peores reportajes sobre la Mara Salvatrucha publicados en México, por ejemplo sus alianzas con los Zetas, pero que sólo toman fuentes oficiales, incluso en algún momento fue en México donde se publicó la posibilidad de que la Mara estuviera aliada con Al-Qaeda y una serie de despropósitos por el estilo, incluso en México vi publicado que se titulaba “Fin de la Mara” y era un reportaje de dos páginas y en dos páginas no puedes entender a la Mara, ni mucho menos, casi lo presentaba como una secta satánica, entonces yo creo que Crónicas negras es un libro muy pertinente en México, porque es cierto que las pandillas no son lo que se ha dicho en México, pero las pandillas están iniciando a ver a México, sobre todo la zona sur de México, como un territorio de expansión, para varias cosas, para aislarse durante un tiempo si tienen orden de captura en sus países de origen, para tratar de subir a Estados Unidos, sabemos de algunas clicas de las pandillas que ya tienen pandilleros coyotes, que están tratando de sacar pandilleros que tienen orden de captura, por el lado del crimen organizado tiene totalmente relación, una de las crónicas del libro “Guatemala se escribe con zeta”, es la historia de cómo los Zetas bajaron de México a Guatemala y le gustó y se quedaron, otra de las crónicas “Los señores de la frontera” que cuenta la historia de la frontera de Izabal, Guatemala, con Copán, en Honduras, que lo que trata de describir es cuáles son algunas de las zonas controladas por los grandes capos centroamericanos que tienen relación con los cárteles de las drogas mexicanos, porque sí no tendrían ningún sentido, entonces toda la línea de la cultura de la violencia que baja de México y une a los países centroamericanos.

JMH: Sin duda el asunto del narcotráfico no se entendería sin este paso por los países centroamericanos y eso es algo que mucha prensa no está observado.

OM: El título del libro Crónicas negras desde una región que no cuenta lo discutimos mucho, habla de lo que creemos, Centroamérica parece una región que en los medios simplemente no existe, es decir la gran difusión en los medios sobre la región es cuando suceden tragedias, faltas, es decir Honduras aparece en la prensa cuando sacan en calzoncillos a un presidente y lo mandan a Costa Rica, o cuando se da la nota de que es una vez más el país más violento del mundo, Guatemala sólo aparece cuando decapitan a veintidós obreros indígenas en la zona de Petén, frontera con Tabasco, El Salvador aparece cuando eventualmente algún reportero viene a hacer un trabajo sobre pandillas, Nicaragua aparece cuando a Daniel Ortega se le ocurre hacer una locura, es decir aparecemos muy poco, figuramos muy poco, lo cual es absurdo, Centroamérica es la corbata roja de América Latina, te explica un montón de cosas, te explica un montón de conexiones, y del narco mexicano, del crimen organizado te explica mucho de los modus operandi, por ejemplo algo que no está contenido en el libro pero que explica mucho de lo que quiero decir es el caso de El Chapo Guzmán, que cuando quiso huir de México vino a Guatemala a refugiarse, porque fue arrestado en Guatemala por el actual presidente y luego intentó crear una operación, una estructura en El Salvador con cinco kilos de cocaína, es decir, muchos de los imperios del crimen organizado no sólo están tratando de expandirse a Centroamérica sino que su origen tiene mucho que ver con esta estructuras de países muy pequeños, con una infraestructura de justicia muy precaria, en donde al final la violencia está enquistada, por lo que el trabajo que se realiza en el libro trata de entender esa violencia que lleva ya muchos años cultivándose, primero, y ahora consolidándose.

 


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Javier Moro Hernández

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