Opinión

Educación Gratuita / H+D

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A la memoria de Manuel Gutiérrez

(Estudiante de 16 años alcanzado en el pecho por una bala

de nueve milímetros de una ametralladora Uzi

que disparó un suboficial de Carabineros)

Desde Santiago de Chile. Al ser docente y vasconcelista, uno de los temas que más he seguido durante los últimos años es el Movimiento Estudiantil Chileno, este movimiento que tiene como pilares políticos e ideológicos el luchar por profundos cambios en la educación para tener el derecho a una educación igualitaria, gratuita y pública, de calidad y sin fines de lucro, responsabilizar al Estado sobre las igualdad de oportunidades y las garantías de acceso a la educación de cualquier joven chileno, aumentar los presupuestos destinados, generación y mejora de infraestructura y nuevas formas de ingreso a la educación superior.

El Movimiento Estudiantil Chileno -con mayúsculas- no es resultado aislado de jóvenes espontáneos en los últimos años, el movimiento tiene una larga historia de lucha, de debates, marchas, de resistencia, represión, muerte, en un ciclo de lucha durante las últimas décadas en el país andino. Si se quiere conocer la juventud de un pueblo y el valor de un joven habrá que preguntarse qué le enseñaron sus padres y por qué lucharon sus abuelos, sin una referencia histórica chilena no es posible entender la magnitud del Movimiento Estudiantil y su proceso educativo en los últimos 50 años, sin ello las manifestaciones, los jóvenes, las marchas, las mantas, quedan tan sólo como una estampa más. La profundidad de la lucha por la educación en Chile viene de la fundación y consolidación neoliberal en el país, y esta lucha enfrenta el alma misma del sistema.

La educación desde hace décadas se paga caro en Chile, siendo la más costosa de Latinoamérica, la educación desde el Golpe de Estado de Augusto Pinochet en 1973 y con base en las medidas económicas del Fondo Monetario Internacional y la escuela de Chicago debe ser pensada como “un bien de consumo” y si alguien quiere acceder a ella tiene que asumir el costo, este costo recae en los endeudamientos de créditos educativos y créditos bancarios que piden las familias endeudándose hasta por 20 años a cambio de una promesa de futuro, una oportunidad que el sistema les otorga, beneficio personal que cada alumno en su rol de consumidor y cliente debe pagar.

El entendimiento del “Nada es gratis” es una idea dominante y un argumento sólido para aquellos grupos de poder que tienen como certeza que lo colectivo es estéril, que promueven la cosificación del mundo, del trabajo, de la gente, de la naturaleza y de todo aquello que pueda ser explotado, modelo que en la educación actual ha devenido en la sustitución de “explotación por exclusión”. Si no eres garante mercante no sirves. La educación también se compra y se vende, más cara si representa mejor futuro. Pero esta perversa lógica sólo se comprende si vemos que detrás de ella está la desregularización “acordada” como proyecto ideológico dominante. No se trata de un ataque a la educación en Chile que tiene algunas de las mejores instituciones educativas del continente, no se trata de ello, no banalicemos el Movimiento Estudiantil, sino de cuestionar la raíz heredada durante la dictadura militar, el modelo económico y el proyecto de la constitución del sistema educativo, creado para privatizar la educación, lucrar con ella, coartar el acceso de clase sociales vulnerables, despolitizar y romper en la sociedad chilena la complicidad popular del avance codo a codo. La mira fue puesta en “educar” fuerzas de trabajo funcionales, capital humano obediente y servil alineado al sistema que lo reproduzca, lo cuide, lo perpetúe y jamás se atreva a cuestionarlo, lo cual no hará porque educativamente simplemente no tiene la más mínima base.

Por eso el Movimiento Estudiantil Chileno es tan valioso, porque se ha estado apostando por cambiar las raíces, de ahí su reivindicación histórica a sus demandas, de ahí que confronta interés de la clase política, de los empresarios de la educación privada -enriquecidos por el acceso sin restricciones del libre mercado con tasas de crecimiento del 1000% entre 1995 y 2005- y de los bancos que hipotecan el futuro de miles de jóvenes. El tema está más allá de lo económico, su complejidad se basa en la experimentación del laboratorio neoliberal hacia la educación. Estas ideas y sus debates forman parte de la vida política, estudiantil y social en Chile desde hace décadas, desde el golpe de estado del 73 con el proyecto educativo de los militares, las oligarquías, la derecha y los capitales, cuando Pinochet basaba que la gratuidad en la educación era “promovida por el comunismo”, los que habían asaltado el poder argumentaban que la “gratuidad fomenta el activismo político”, así el que paga no tiene tiempo para meterse en política.

Ojalá la lucha se hubiera dado tan sólo en el terreno de las ideas y los discursos, pero la dictadura militar sabe usar el tolete como abollador de ideologías y peor aún las armas que persiguieron, acosaron, torturaron y mataron a cientos de estudiantes, sindicalistas, profesores y civiles que participaban activamente en organizaciones en defensa de la educación y derechos civiles, gente crítica, pensante, política, subversiva bajo el entendimiento de la colectividad como única vía para el desarrollo de sus pueblos. Durante las décadas del 70 y 80 fueron muchos los jóvenes que cayeron protestando y peleando, por eso se rememora cada marzo “el día del joven combatiente”. Porque lo que para una sociedad que ve desde el balcón una protesta más, un paro más, otro tráfico u otro cierre de calles, hay seres humanos que caminan debajo de esos balcones exponiendo el cuerpo, las ideas bajo el proyecto colectivo que hay veces que les implica la vida misma.

Ya en el regreso de la democracia en 1989, la protesta y la lucha -bajo una lógica de que “lo político” ha regresado- la trataron de carecer de sentido y la fueron contrayendo, el país había dado paso de un gobierno militar a uno civil, sin embargo lo sustancial en estructuración económica y legal se mantenía intacto. Transcurriendo la bonanza neoliberal de los 90 y fortaleciendo los esquemas excluyentes de la educación, potencializándolos y enorgulleciéndose de ello. Sin embargo el Movimiento Estudiantil siempre ha estado ahí en pie de lucha y desde 2006 los estudiantes de una nueva generación de chilenos han salido a tomar las calles, a debatir, a proponer, a expresar su inconformidad con un sistema que desalienta y oprime aportando una reflexión crítica sobre la educación, su gratuidad, calidad e inclusión en Chile y en toda Latinoamérica. Las jornadas de Movilización Nacional por la Recuperación de la Educación Pública en 2011 tuvieron jornadas intensas, duras, profusas en ideas, marchas, debates, represión, excesos policiacos y demagogia política, las últimas marchas realizadas semanas atrás en Santiago siguen basadas en la consigna de educación pública, gratuita y de calidad que no alcanza a cubrir y representar la Reforma Educacional que promueve el Gobierno de Michelle Bachelet.

En estos días me he reunido con dirigentes de la Federación de Estudiantes Chilenos que luchan en la defensa de la educación pública para la formación de “personas con conciencia crítica, solidarias, con potencial creativo y creador, para colaborar en la producción de conocimiento y no sólo el que impone la rentabilidad inmediata del empresariado”. La lucha por la educación pública y gratuita de calidad debe extenderse por Latinoamérica no sólo en la complicidad ideológica o las luchas cotidianas de nuestros pueblos sino bajo el esquema histórico de una generación que dice: “hasta aquí aguantamos”.

Para Ariana, por hoy y sus ideales de siempre.

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