Opinión

Al fin que son hondureños…

 

Según datos de diferentes fuentes oficiales, del 1 de octubre de 2013 a la fecha, el gobierno de Estados Unidos, a través de su humanitaria e inefable policía de fronteras, ha detenido a más de 57 mil menores no acompañados (niñas y niños o adolescentes menores de edad), lo que desencadenó una de las más serias crisis migratorias de que se tenga noticia en ese país, del que siempre parecemos ir a remolque.

Será por el determinismo geográfico, será porque todos esos menores detenidos cruzaron por México, o porque el gobierno de ese país ya se cansó de que los sucesivos gobiernos acá ignoren a los migrantes en tránsito, invisibilizándolos y pretendiendo que no existen; que ahora decide imponer de manera inmediata el que se les detenga desde la propia frontera sur de su vecino sureño.

Mientras tanto, a los menores centroamericanos que alcanzan su territorio no los expulsa de inmediato, como suele hacer con casi todos los adultos, porque al respecto hay una ley de 2008 que exige que no sean deportados sin haber comparecido antes ante un juez. Por esta razón, los menores son resguardados por el gobierno hasta que puedan reunirse con un familiar o tutor en Estados Unidos, que los cuidará mientras esperan audiencia. Pero el sistema está colapsado ante la avalancha migratoria.

Es claro que la mayoría de los niños y adolescentes detenidos en la frontera no son mexicanos, y que la mayoría provienen de los países más empobrecidos y conflictivos de Centroamérica, como El Salvador y Guatemala. Señaladamente de Honduras. ¿Tendrá algo que ver la pobreza, inseguridad y subdesarrollo sistémico de estos países hermanos con las crecientes oleadas migratorias hacia el norte?

Igual sorprende ver a los políticos y gobernantes de todos signos y nacionalidades, encabezados por un cada vez más decepcionante Obama, pero seguido muy de cerca por sus pares centroamericanos en reciente “cumbre” organizada ad hoc para tratar el tema con gravedad y urgencia, decir cosas tan disparatadas como que: “…los padres de los menores no deben alentar a sus hijos a migrar solos, pues deben saber que serán deportados…”; o luego el señor Osorio: “…ya no se va a permitir a los migrantes que alcanzan territorio mexicano subir al tren conocido como la bestia…”. ¿Creerán acaso estos ilustres señores que van a resolver el problema migratorio o la crisis de los menores con ingeniosas y oportunísimas declaraciones como las citadas?

Sabemos que la migración es un fenómeno complejo, global y dinámico, cuyas causas y razones son diversas, y que no puede ni debe ser vista como un problema, que no se debe criminalizar ni estigmatizar a sus protagonistas los migrantes, y que desde luego la migración indocumentada no se resuelve con enfoques policiacos como se empeñan en hacer en ese país con terquedad e ignorancia. Pero no se le ocurrió mejor cosa al brillante gobierno de nuestro “socio” y vecino del norte que recluir o encerrar a los 57 mil niños detenidos en auténticas cárceles improvisadas en bases militares de Texas, Oklahoma y California, en tanto decide cómo resolver el monumental problema que tiene encima y del que parecía no haberse enterado sino hasta ahora.

También sorprende, y no poco, el nivel de racismo, desinformación e indiferencia de gran parte de la sociedad mexicana ante un problema de esta magnitud: “al fin que son hondureños”, decía algún estólido y enajenado comentarista de radio y televisión no hace mucho. Pero tal vez esto es un claro reflejo de lo poco importantes que son para todos los gobiernos y países involucrados los derechos humanos de las niñas y niños sin importar su nacionalidad ni origen, siendo personas indefensas por definición.

Y gran paradoja resulta la crisis política e institucional desatada en Estados Unidos a raíz del asunto de los niños detenidos, en un país de migrantes por antonomasia desde su fundación, con un sistema migratorio injusto, racista y claramente colapsado y obsoleto en todos sus frentes. Mucho tienen que hacer para poner en orden su casa nuestros socios y vecinos. Pero en todo caso están obligados por diferentes pactos y convenciones internacionales a proteger a todos los menores detenidos, aunque no sean rubios ni de ojos azules. Y da igual que sean hondureños o veracruzanos.

Y acá, terca que es, la realidad siempre manda: durante los próximos días, nada menos que 7 mil niños mexicanos, que no centroamericanos ni hondureños, serán deportados por los puertos fronterizos de Juárez y Janos, en Chihuahua. Lo cierto es que mientras las condiciones dadas se mantengan, las crisis continuarán, porque la migración al norte de niños y adultos mexicanos y centroamericanos buscando mejores condiciones de vida no se detendrá, sino todo lo contrario. Y porque el derecho a migrar sin ser criminalizado también es un derecho fundamental.

@efpasillas


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Enrique F. Pasillas

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