Opinión

Diseño ¡si, po! / H+D

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Desde Chile. Buscando calor entre a un pequeño café del barrio Italia en Santiago, tal vez entre por la simple razón de percibir algunas de las cosas que más me gustan; un buen aroma de café y un lugar excelentemente diseñado, acogedor, vanguardista y bien planeado en cada detalle. La apuesta es sencilla: revitalizar el barrio capitalino de viejas glorias que hasta hace algunos años era refugio de la delincuencia y el olvido gubernamental, donde los vecinos y propietarios veían devaluar su urbanidad y la plusvalía, un lugar como tantos en las capitales que el paso del tiempo los olvida y les pone polvo.

Desde unos años para acá el barrio Italia en Santiago está en un proceso de renovación y transformación con dos ingredientes principales: el Diseño y el Arte. Al llegar y caminar por sus viejas calles uno olvida lo que fue a buscar o simplemente acude al encuentro de algo por encontrar, porque en este lugar la vitrina es grande y muy variada, para mí es alentador ver diseñadores jóvenes que intercambian ideas entre lo gráfico, lo textil, el interiorismo y las mezclan con sus vecinos de barrio o de local que son arquitectos, decoradores, artistas visuales o sonoros, todo esto confluye en el barrio renovando la escena del diseño chileno entre la vanguardia y lo experimental. La experiencia ha sido tan fértil que bien he entrado a buscar una lámpara de escritorio o revistas de diseño y podría haber salido con un cuadro de arte, en el fondo he descubierto cómo el diseño puede en realidad impactar el entorno de un lugar para sembrar ideas, objetos y aromas.

El diseño por sí solo y ya lo hemos escrito antes, no es capaz de efectuar cambios de mejora social, cultural o económica pero por medio de éste de forma responsable, social y organizada, se puede transformar literalmente la vida de las personas para mejorar sus entornos, su calidad de vida y la forma en la que interactuamos en espacios públicos revitalizados por el arte, la arquitectura y el urbanismo. Este último punto acompaña de sobremanera al barrio Italia en Santiago (por no decir a la mayoría de los barrios en las comunas), el urbanismo y las políticas públicas con respecto a la ciudad y sus espacios es una de las cosas que más me han sorprendido positivamente de Santiago, cada calle posee espacios para ser caminada y recorrida, esto hace que factores como seguridad, tránsito, peatón, bicicletas, mascotas, etc. puedan convivir en espacios públicos de calidad, en ese Chile que ha recuperado su solidaridad, la gente de a poco ha vuelto a tomar el espacio y lo ha convertido en espacio público, y en este caso en el barrio el diseño ha sido el gran motor.

Llegar al barrio Italia es darse cuenta que bajo ese montonal de libros viejos y empolvados se encuentran las ediciones más añejas y los títulos más raros, al lado de un piano de cola, que cubre a su vez una proyectora de cintas antiguas -con cintas incluida- y sentir no poder resistirse a ser su nuevo dueño. Objetos tan diversos en su cronología que bien podemos encontrar sillas de los años 20, hasta sillas diseñadas por estudiantes de diseño que han abierto en un viejo galpón en conjuntos con artistas y un chef un lugar de diseño en donde se bebe, se come y se puede apreciar diseño, a tal punto que uno literalmente puede comprar la silla o la mesa donde comió. Aquí el diseño y el viejo estilo del barrio logran impregnarme de una atmósfera pocas veces sentidas, es llegar a la esquina en la que el tiempo retrocede y en la que no encuentro una buena razón para regresar. Entre aparadores, galpones de diseño, galerías de artes, pequeños cafés y restaurantes experimentales de cocina chilena, india o mediterránea, anticuarios, música en vivo, librerías, tiendas de decoración, iluminación, ropa de autor, bares, pizzerías -que no pueden nunca faltar- y bicicletas, muchas y variadas, cada una objetualmente más atractiva que la otra, a uno francamente le dan ganas de ser vecino del barrio.

Pero hasta hace algunos años el barrio estaba casi abandonado y con graves problemas sociales, la municipalidad de Santiago decidió realizar un proyecto de rescate y en ello comenzó a trabajar junto a urbanistas y los vecinos del lugar, sin embargo nunca planearon la impronta actual, si bien el barrio posee un aire místico de mediados de siglo pasado debido a su arquitectura y el trazado de sus calles, lo que en verdad le da su enfoque actual fue la llegada de artistas, pintores y músicos que comenzaron a comprar viejos departamentos o casas derruidas y a punto de ser demolidas, esto empezó a atraer a la escena artística chilena -digamos la más under- y al poco tiempo los diseñadores empezaron a llegar y a adecuar galpones (bodegas o viejas fábricas) en donde ellos mismos confeccionaran y producirían sus objetos, artículos y productos, esto dio pie a un diseño más original, más neto, sin intermediarios y grandes almacenes, acercando así a los creadores con los consumidores bajo la idea de un comercio justo y una creación continua sin los estándares del mercado y atendiendo a las exploraciones personales y búsquedas particulares de cada diseñador y cada artista, ya sea en materiales, formas, colores y tipo de manufactura, esto empezó a ser del barrio un lugar idóneo para el encuentro del diseño con la gente y de la gente con el diseño.

Este encuentro me llega a mí y me hace entusiasmarme, mientras escucho la música de un guitarrista callejero, las conversaciones e historias de los vendedores de antigüedades y los vecinos que habitan el lugar, las que algunas vez fueron casas tradicionales chilenas de largos corredores y pisos de madera se han convertido manteniendo en la mayoría de los casos la estructura original en galerías de interiores que alojan las tiendas. Una vez llegada la noche las vitrinas de mobiliario, moda y accesorios, se cierran para dar paso a la bohemia y la mezcla de los aromas de los restaurantes es tan atractivo como la decoración de sus interiores, aquí se elaboran verdaderos platos de diseño, cocteles elaborados y cocina de autor en donde el propio chef puede cambiar los ingredientes mientras conversa en su local que acepta sólo cuatro mesas de comensales, no por la exclusividad de los lugares simplemente porque controlan la calidad a tal punto y disfrutan tanto hacer platillos que no necesitan más.

Sin duda, en este rincón de Santiago ubicado entre las comunas de Providencia y Ñuñoa, se hace un paréntesis entre la monotonía, el ruido de la ciudad y el devenir diario. Creo que un estudiante de diseño o un diseñador profesional -que no es igual a profesionista- podría aprender mucho más visitando el barrio Italia que en varios semestres de la carrera y en la lectura de varios libros, la observación es la principal cualidad de un diseñador y venir es una experiencia que hay que vivir. Acá en el barrio, se comparte, se conversa, a veces solo se mira y otras veces se mira y se compra, pero uno siempre se va con algo.

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