Cultura

Quizás, es más seguro vivir en las sombras de los grises

  • Entrevista a Mónica Lavín sobre Doble filo
  • Una novela que remite a la poesía, que tiene un gusto por la palabra

El amor y el olvido son temas que sin duda se imbrican, se interconectan, pues la idea del amor se ha construido a partir de la idea de la eternidad. Pero, ¿qué pasa cuando ese amor se rompe y ese recuerdo nos lastima?, ¿qué pasa cuando nos queremos deshacer del recuerdo de ese primer amor que no nos deja crecer, no nos deja olvidar?

En la última novela de la escritora mexicana Mónica Lavín (México, DF), Doble filo, (Lumen) la respuesta no está en el olvido sino en el recuento, en la recapitulación de los hechos pasados. Así, Antonia, una joven inquieta que quiere olvidarse de su primer amor para lo cual requiere de la ayuda de La Bruja, una mujer mayor, más asentada, una terapeuta intuitiva, como la define la autora, para buscar el olvido. Sin embargo, al entablar la relación las dos mujeres cambiarán: una olvidará y la otra iniciará un proceso de reconocimiento de su pasado.

Platicamos con Mónica Lavín, autora de, entre otros libros, Cuentos de desencuentros y otros, Ruby Tuesday no ha muerto (con la que en 1996 se hizo acreedora al Premio Nacional Gilberto Owen), y de la novela histórica Yo, la peor, basada en la vida de Sor Juana Inés y con la que ganó el Premio Iberoamericano de novela 2009, entre otros de su vasta obra:

Doble filo es la confluencia de dos asuntos, yo hace mucho quería contar una historia que tuviera que ver con el primer amor, porque he hecho novelas que tienen que ver con adolescentes, como La línea de la carretera, por ejemplo, y mis protagonistas llevan nombres con “A”, Andrea que juega básquet, Ana que quiere irse al otro lado a vivir con la familia, y yo sentía que me faltaba “Antonia”, en esta saga de los adolescentes, que era una protagonista de la que yo quería contar su historia de amor, pero a veces uno tiene ideas, pero a veces no tienes el tiempo o la forma o el momento o la urgencia por contar la historia. Pero hace como tres años fui a un encuentro literario en Ciudad Juárez, platicando con los otros escritores sobre la novela corta y sus propiedades, y a mí por ejemplo me encanta Daisy Miller de Henry James, y entonces nos propusimos como reto escribir una novela corta, y fue cuando decidí que este reto me quedaba perfecto para la historia de Antonia, pero ya no me interesaba nada más su historia del primer amor y decidí que ya no era una historia lineal sobre este primer amor, sino que me interesaba su deseo de olvidarlo y vino la idea de que la novela fuera una especie de situación de espejo en una conversación entre Antonia y una mujer mayor, que se retroalimentan a través de la conversación, la mujer mayor y la mujer joven, cada quien en un extremo distinto de la ruta sentimental”, nos cuenta la autora en entrevista.

Javier Moro Hernández (JMH): Antonia que quiere olvidar a su primer amor, Esteban y la coprotagonista de la novela, La Bruja, de la cual no sabemos su nombre, está en el proceso contrario, en el de recordar su primer amor, un juego que se da entre la conversación y que nos permite entender el doble filo del que habla la novela.

Mónica Lavín (ML): El olvido es la memoria, justo leí una frase muy interesante de Louise Bourgeois, en la que ella rastrea en el pasado para así cuando lo materializa olvidarlo, algo que se me hizo un concepto muy interesante, de todos modos materializarlo es recordarlo, es haberlo tenido para siempre, que es lo que pasa a Antonia, y en ese proceso cómo retomas el primer amor, como la psicóloga también retoma su pasado y ese primer amor renace, porque esa es una estrategia de doble filo de la terapeuta que le dice a Antonia: “quieres olvidar, cuéntame”, lo que hace es que Antonia tenga que narrar y recuperar todos los pedazos de una historia, tenerlos frente a sí, y entonces poder mirarlos de otra manera.

JMH: El proceso de terapia que utiliza la coprotagonista de la novela es un proceso de terapia simbólica que le permite a Antonia tomar conciencia sobre los elementos que le dieron forma a ese amor que ella sentía por Esteban.

ML: Jugué a crear un personaje que era una especie de terapeuta intuitiva, improvisada, pero no me di cuenta cuando lo estaba escribiendo, pero hay una experiencia que yo creo que se filtró en la escritura, que es que conocí en la mixteca al grupo Pasatono, que tienen una canción que se llama La Tiricia, que significa “tristeza”, que es una palabra que yo no había escuchado, no conocía, y un amigo me explicó que en esas comunidades cuando alguien está pasando por un momento de pena, de tristeza, otro miembro de la comunidad lo acompaña, días, semanas, durante un tiempo, hasta que considere que es el momento de ir a tirar “la tiricia” al río y llevan una canasta con pétalos que tiran al agua y se va “la tiricia”, y por supuesto me pareció un acto poético, pero también me dio a entender lo sabias que son las comunidades que tienen sus propios métodos de sanación del alma, del ánimo, y me gustó porque además tiene que ver con la palabra, porque todo esto tiene que ver con la palabra, con narrar, con ser Scherezadas de nuestros propio destino, o sea no parar de contarnos nuestra historia, de verbalizarla, de seguirnos haciéndonos preguntas para que estemos recuperando nuestro pasado, nuestra memoria y sabiendo quiénes somos, porque la pregunta es en sí una formulación en palabras, y por otro lado está el sentido figurado de las palabras que utiliza la terapeuta, que muchas veces se acerca más al trabajo de una bruja, pero que utiliza este sentido figurado, metafórico: dejar ir, atarse, masticar el odio, romperse.

JMH: Es una novela cuyo lenguaje es sumamente poético, con estas imágenes, con este reencuentro, este uso de la memoria, es una novela que remite a la poesía, tiene un gusto por la palabra.

ML: Yo creo que es por la brevedad, en sí la novela corta, los episodios breves se parece a lo que uno hace con las minificciones, uno puede labrarlas a veces con intenciones aforísticas, puede uno encontrar precisiones y sonidos, las palabras justas, exactas, lo que decía Chejov, la palabra justa, pero también la precisión, que no sobre, yo siempre he temido cuando he escrito novelas de largo aliento al exceso de palabras, porque sé que ahí siempre hay un riesgo de estar diciendo de más, y el lenguaje apretado me fascina, me parece un reto de equilibrio, aunque a veces el lector se siente más incómodo porque hay más silencios, pero los silencios son una invitación a participar y creo que en esta novela, como es una terapia, otro invitado es el lector, o en el banquillo de Antonia o en el de La Bruja, que se sume con sus propios recuerdos o deseos de olvidar o imposibilidades de olvidar, pero que se sume a este diálogo que propone una terapia grupal.

JMH: La terapeuta se asume como bruja, algo que dice en una parte, y pensaba que el personaje de las brujas es un personaje que a lo largo de la historia tiene una larga tradición simbólica pero que se encuentra muy vinculada a la mujer y sus secretos, desde hace mucho tiempo.

ML: Tiene que ver con el apego de las mujeres y con la parte maternal y dar alimento, dar cobijo, ofrecer la luz, aunque en este caso La Bruja en su relación con Antonia no hay una relación maternal, porque pareciera que Antonia es otra cara de sí misma la que llega a la casa, la que irrumpe, porque ella tenía el control de sí misma, y por eso le llamaban Bruja, porque ella tenía control de sus cosas, sus afecciones era lo que menos importaban. Y ella creía que todo estaba olvidado o estaba acomodado, pero ella nunca había encarado su propia ruta sentimental, pero todos tenemos una genética amorosa, vamos labrando una ruta sobre la experiencia amorosa, de la relación de pareja y a veces somos conscientes de ella y a veces no, porque estamos en el punto en el que estamos y encaramos la vida por todas esas historias, de alguna manera.

JMH: En ocasiones la brevedad nos hace pensar que las cosas son más fáciles que lo extenso, y en este caso quería preguntarte cómo fue el proceso de escribir Doble filo.

ML: Esta es una novela que puedo decir que se escribió en una forma de goteo, se escribió durante dos años, porque sabía qué historia iba a contar Antonia, pero no sabía qué historia iba a contar el otro lado, entonces fue un proceso muy interesante porque en el cuento sabes cómo va a acabar, entonces este fue un proceso de escritura a caballo entre el cuento y la novela, porque si hubiera sido un proceso de cómo yo escribo las novelas normalmente, en la que me hago una idea casi completa de los personajes, me hago un escrito de los personajes principales, sé cosas y luego voy descubriendo cosas, pero aquí es una situación más propia del cuento: viene una chica a pedir ayuda para olvidar. ¿Pero quién es la que la ayuda? ¿Qué historias de amor la habitan? ¿De desamor? O sea todos sus pensamientos yo no los conocía, entonces era muy interesante porque era descubrirla, e incluso de repente me di cuenta que su tormento iba creciendo en estatura, en misterio, y el proceso fue, para mí , muy interesante, porque me demostró que los géneros tienen sus particularidades para la escritura, que en el cuento como va encaminado a un asunto te vas tendido, y que en la novela corta tienes el deleite de poder desarrollar personajes, de descubrirlos, como en la novela, pero que está ceñido a sus amores, solamente.

JMH: La poética que guarda la narrativa te da muchas sensaciones físicas, que justo de este proceso de descubrimiento y de olvido de la sensualidad por parte Antonia, por lo que la novela termina siendo muy sensual.

ML: Yo creo en una literatura de lo material, de lo que se registra con los sentidos, me gustan las historias que se me cuentan de lo muy concreto, y en este caso estas mujeres son su cuerpo y la historia que contiene su cuerpo, incluso no sabemos su vinculación con lo social, no están contextualizadas, son viñetas y por eso también los dibujos que acompañan a la novela son eso, viñetas, no sabemos muy bien cómo son sus facciones, pero sí sabemos lo que sus cuerpos experimentan, el placer es parte de lo amoroso, por eso la ausencia de lo amado es la ausencia del placer, pero hay otros placeres que la terapeuta propone, porque ella ya se ha armado de un código de placeres, que van más allá de la presencia de la pareja, su experiencia le permite conocer más y tener todos estos códigos de placeres y de grisuras, que eso es lo que me permitió conocer esta novela, que eso es lo interesante de las novelas, que siempre hay algo más de lo uno se propuso, porque de repente me di cuenta de que Antonia es ese momento de la vida en que todo es blanco y negro, y La Bruja me lo enseñó cuando se pregunta cuándo se acabó el sí y el no y cuándo empezaron los matices, cuándo todo se acomoda, porque esta bipolaridad con la que se vive la juventud, la vida te va mostrando los matices y que es mejor, quizás, más seguro vivir en las sombras de los grises.


Vídeo Recomendado


The Author

Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

No Comment

¡Participa!