Opinión

Cerati (El Buscador) H+D

By  | 

 

     Un lago en el cielo es mi regalo.

Gustavo Cerati

 

 

El jueves pasado el cosmos ha recibido a una nueva luz destellante y fugaz, brillante, a un alquimista de la música, al meticuloso científico del sonido, al poeta, al buscador.

El cosmos lo ha recibido después de cuatro años de estar jugando entre fabulas y sueños en algún lugar de la conciencia y la imaginación, irrealidad en la que siempre estuvo, en el límite de lo terrenal y la fuga a la búsqueda de lo desconocido. Gustavo Cerati se liberó de esta dimensión y se ha instalado el mito.

Hablar de su obra, es hablar de un remolino insólito, moderno y posmoderno, de caminos bifurcados, intrínsecos, a veces entendibles, emocionales y  a veces  abstractos, espinosos, de difícil acceso por su nivel de intimidad, de esencia que genera una conexión universal con quienes lo escuchan –que no es lo mismo que oír, escuchar es otra cosa-.

Debuta con Soda Stereo a los 25 años, enigmática banda que vendría a moverlo todo y a replantearlo todo en el rock latinoamericano y mostraba que también de este lado del mundo las leyendas surgen, el grupo compartido con Charly Alberti y Zeta Bosio fue una consecuencia de la escena under en Buenos Aires en los años 80. Fue Soda Stereo el mayor crossover y la década siguiente se convertiría con una legitimidad incuestionable en la gran bestia musical latinoamericana.

Y en medio del vértigo de las giras, los conciertos, la exposición mediática, los seguidores, la prensa y todo ese torbellino, se encontraba Cerati haciendo música de calidad y bajando poesía a las masas, no como intención, sino como expresión, como forma y como fondo, en el convivieron el cambio y la permanencia, dualidad de un buscador, cambiar para permanecer, nunca busco ser igual a sí mismo. Soda Stereo en su debut era una banda etérea, con su disco Nada Personal los rasgos de existencialismo salpicaban letras y notas, la búsqueda implacable casi religiosa seguía y en Signos se adentró en ella, vendría Ruido Blanco una utopía sobre el sonido y con Canción Animal devorando, Dynamo explorando. Los sueños sonoros despertarían en Sueño Stereo, vendría el recreo relajado y místico de Colores Santos y nos regalaría magia en Bocanada, el amor en estado gaseoso de Amor Amarillo para  después rompernos en pedazos con Ahí Vamos calzándose la guitarra y pedaleando el rock hasta llegar a Fuerza Natural un ensayo acerca de lo cósmico, liviano, folk y de una calidad extrema, la refinación en puntos altos.

El buscador siempre arriesgo, aposto sin importarle el resultado, el vértigo del juego era su recompensa y perderse en ese vértigo su principal atracción.

 

 

 

Es difícil adjetivar a Cerati, es difícil porque no era estándar, brillaba en técnica, estética, sónica, poesía e imagen, así saltaba descontracturadamente de un disco a otro entre experimentaciones eléctricas, sinfónicas, acústicas o electrónicas, la búsqueda del sonido como eje fundacional de su trayectoria. Nublado entre héroe de la guitarra, voz de seda, estrella pop,  sex simbol, cheto o lo que se quiera Cerati como compositor está en un olimpo especial, con una métrica y un manejo del idioma notable. Muestra de ello es “Final Caja Negra” tal vez una de las obras más intensas del pop progresivo. Y ahí entre tantos adjetivos Cerati buscaba entre el grunge en “De música ligera” hasta el britpop en “Canción Animal”, como solista fue clásico y vanguardista a la vez, entre el rock de guitarras como su elemento sustancial, el pop en sintetizadores y estribillos hasta la electrónica y el beat del ritmo, siempre en su búsqueda particular de integrar sonidos para armar una obra de emoción e imágenes de tres minutos infinitos.

 

Soda Stereo y Cerati no se entienden sin la efervescente escena del rock nacional argentino de finales de los 70 y principios de los 80, no se entienden tampoco sin Luis Alberto Spinetta influencia fundamental para Cerati, aunque poco tenga que ver con la poética abstracta del “flaco”, el jazz rock o la melancolía urbana, sin embargo ambos se declararon admiradores de la obra del otro, momento cumbre aquella noche de Las Bandas Eternas en el estadio de Velez Sarsfield donde interpretarían “Te para tres”, momento definitivo para ambos y una de las grandes joyas del rock.

Y así en esta escena del rock argentino entran nombres como Luca Prodan con Sumo, el Indio Solari con los Redonditos de Ricota, Gustavo Santaolalla, Federico Moura con Virus,

Miguel Abuelo con sus Abuelos de la Nada, Fito Páez y el inmensurable Charly García que nos regala con Cerati “Vampiro” un cover de The Pólice con Andy Summers grabado con Roger Waters admirador de la obra de Cerati, esta genealogía, este ADN del rock argentino es una pieza insoslayable para el buscador que encuentra en Buenos Aires un epicentro de sonidos, poesía y caos.

Así entre colegas músicos y artistas -con toda la significación de la palabra- el buscador nos legó más de treinta ediciones musicales, música osada, propositiva, fuera de moldes, inteligente, conmovedora, que abrió un camino a recorrer para perderse y encontrar, encontrarse o encontrarnos.

A Cerati una multitud los ha despedido en su amada ciudad de la furia, velado en la legislatura de Buenos Aires, el Gobierno Nacional Argentino decreto duelo nacional de dos días, las calles de la ciudad lo despidieron con miles de personas hasta llegar al Cementerio de Chacarita. El buscador experimento tanto que llego al punto de volverse un alquimista del sonido y la prosa para embellecer la vida cotidiana de millones de personas con el poder de la canción. Cerati se fue como vivió: en la búsqueda.

 

 

 

 

 

 

¡Participa!