Opinión

“Universidades” patito 2/3 / Tlacuilo

El viernes 15 de agosto pasado apareció en esta columna el primero de una serie de tres artículos que asuntos personales me obligaron a interrumpir, sobre el tema de universidades patito a propósito de la cancelación del permiso para una de ellas anunciada por el gobernador. En dicha colaboración mencionamos como antecedentes las Academias Vázquez y un detergente pirata de nombre patito; ahora trazaremos a grandes rasgos un panorama de la universidad mexicana en esa época, para luego conectar esos antecedentes con el mote de universidades patito que el pueblo le dio al nuevo tipo de adefesios educativos; veamos:

LA UNIVERSIDAD TRADICIONAL. En 1950 existían solamente 11 universidades en México registradas por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES): una Nacional (la Autónoma de México: UNAM) y diez en otros tantos estados (provincias); todas públicas, es decir, costeadas por el gobierno. Aparte de ellas sólo había una privada y confesional que era la Autónoma de Guadalajara. No más.

ESTRUCTURA. Todas -incluida la privada- estaban organizadas atendiendo el modelo histórico europeo desarrollado entre la Edad Media y la Revolución Industrial, vía la Universidad de Salamanca: un Bachillerato o nivel preparatorio y varias Facultades distribuidas en áreas de conocimiento integradas por Escuelas en las que se impartían carreras profesionales afines a una sub-área; Maestrías para la formación de sus profesores; y Doctorados para nutrir sus Institutos de Investigación.

1974 UNIVERSIDAD DEPARTAMENTAL. Quienes abrieron las puertas a la plaga de universidades patito que degradó el sistema educativo mexicano fueron quienes, rompiendo el orden apegado a la sabia recomendación hecha por el Secretario de Educación Pública, Agustín Yáñez, en la celebración del falso centenario del Instituto de Ciencias Autónomo de Aguascalientes en 1967, propusieron cambiarle el nombre para imponerle el de Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) sin tener la estructura de una universidad, lo que consiguieron escamoteando la aprobación legítima y democrática de estudiantes y profesores en 1974.

Hago esta afirmación con base en el hecho irrefutable de que la UAA nació sin cumplir las reglas seculares -aquellas que sus detractores calificaban con desprecio como “tradicionales”- porque se componía exclusivamente de un Bachillerato y ocho carreras: dos técnicas (Enfermería y Trabajo Social) y seis licenciaturas, sólo dos con egresados recientes (Contador Público y Administrador de Empresas); y cuatro iniciadas el año anterior (Medicina, Odontología, Agronomía y Medicina Veterinaria y Zootecnia).

En resumen, el panorama académico era mísero para una institución que se hacía llamar “Universidad”, tanto por la ausencia de las materias filosóficas -núcleo esencial- como por la carencia de maestrías e institutos de investigación; es decir, sin Facultad alguna.

EDUCACIÓN COMO MERCANCÍA. Como se trataba de un novísimo invento -cuyo origen mantuvieron oculto- seguramente consideraban que era mejor empezar de la nada.

Pero el cálculo les falló, porque dos profesores del Instituto al que se le quería cambiar el nombre habían presenciado ya (José Antonio Chávez Paura en Chile y el que esto escribe, en Honduras) los latrocinios del verdadero promotor de ese sistema: el agente estadounidense Rudolph P. Atcon, quien desde la década de los años 50 estaba dedicado a desmantelar los centros neurálgicos nacionales de nuestra región latinoamericana, “departamentalizando” nuestras universidades de servicio público para imponerles el sistema administrativo privado con fines de lucro de Peter Drucker y convertirlas en forjadoras de profesionales al servicio de la economía de mercado con el cuento de hacerlas más eficientes.

NEOLIBERALISMO EDUCATIVO. Fue precisamente en 1973, cuando Kissinger se propuso experimentar el neoliberalismo en América Latina a partir del asesinato del presidente Allende (mediante la imposición de la doctrina del shock de Milton Friedman adaptada por economistas de la Universidad Católica de Chile para luego imponerlo al resto del mundo, como lo constatamos en Europa de manera fehaciente en el terreno universitario con la Estrategia Lisboa del año 2000 cuando se le hundió en la vorágine privatizante de la sociedad de la información de Fritz Machlup).

Chávez Paura y Aguilera denunciaron el hecho, que quedó comprobado con una fugaz visita que Atcon hizo a Aguascalientes para supervisar su obra.

CHARTER SCHOOLS. Por otra parte, el espíritu privatizador basado en el modelo empresarial de la educación-mercancía se manifestó desde un principio, cuando el rector prometió que la UAA se autofinanciaría progresivamente mediante el crédito educativo -otro invento cuya paternidad ocultó- pero sin dejar de depender del subsidio estatal, convirtiéndose así, también, en precursora del sistema de escuelas chárter en Estados Unidos que llegan ya a 6,400 “…que reciben fondos públicos, pero son administradas de manera privada”, dentro de la guerra envilecedora contra la educación como servicio público mediante el sistema de exámenes estandarizados emprendida desde 1998 por los grandes capitales estadounidenses, cuando advirtieron que la educación podía manejarse como una mercancía altamente lucrativa.

åAguascalientes, México, América Latina

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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