Opinión

Diseño México 68 / H+D

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    Amargo el encuentro del mal, de su gente, de su espacio.

Evidentemente uno nació para otra cosa, fuera de tiempo y sin sentido.

Uno hubiese querido amar, sollozar, bailar, en otro tiempo y en otro planeta

(aunque se hubiese tratado de este mismo).

Pero todo te está prohibido, el cielo, la tierra. No quieren que seamos habitantes.

Somos sospechosos de ser intrusos en el planeta. Nos persiguen por eso;

por ir, por amar, por desplazarnos sin órdenes ni cadenas.

Quieren capturar nuestras voces, que no quede nada de nuestras manos,

de los besos, de todo lo que nuestro cuerpo ama.

Está prohibido que nos vean. Ellos persiguen toda dicha.

Ellos están muertos y nos matan. Nos matan los muertos.

Por eso viviremos.

José Revueltas

Y ahí estaba fresco el mayo francés, el Che Guevara, la Revolución Cubana, la lucha de los derechos civiles en Estados Unidos, el rock, la intervención de Ciudad Universitaria, el Politécnico, el diseño, la arquitectura, las olimpiadas, el oficialismo, la represión, la prensa vendida, la sinrazón, los gorilas, el genocidio.

“De pronto, tres luces de bengala aparecieron en el cielo. Caían lentamente. Los manifestantes dirigieron, casi automáticamente, sus miradas hacia arriba. Y cuando comenzaron a preguntar de qué se trataría, se escuchó el avance de los soldados. El paso veloz de éstos fue delatado por el golpeteo de los tacones de sus botas. Luego inició la balacera”, publicaría Excélsior. Así, con esta imagen cinematográfica, comenzó la matanza de aquel 2 de octubre bajo la responsabilidad del gobierno mexicano encabezado por Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez -quien sería presidente; en este país genocida y presidente son sinónimos recurrentes.

Ahí están miles de jóvenes buscando sacudirse la pesada losa generacional, el pensamiento lineal y burocrático que les asfixiaba y les agobia cuando de otras latitudes llegan bocanadas de aire fresco y subversivo -es deber de un joven rebelarse contra el sistema-, pero el Movimiento Estudiantil del 68 con su Consejo Nacional de Huelga está más allá de conflictos entre estudiantes y entre universidades, se centró en la base ideológica de generar garantías individuales, apertura de las instituciones y fincar bases sólidas para los derechos humanos, libertad a presos políticos y el alto a la represión del estado disolviendo el cuerpo de granaderos, exigiendo como ciudadanos no una autoridad jurídica represiva sino una verdadera autoridad moral en los actos del estado.

Y entonces ahí, en esa milenaria plaza prehispánica, ese 2 de octubre la historia del país daría uno de sus días más negros. La convocatoria de los dirigentes del Movimiento Estudiantil a la plaza después de meses de idas y vueltas, enfrentamientos, diálogo, represión, zozobra, llegaría a un desenlace abrupto y trágico -pero no a un final-. Miles de asistentes al mitin, jóvenes estudiantes la mayoría, aunque también académicos, investigadores, padres de familia, amas de casa y vecinos de la zona habitacional se concentrarían para lo que sería un acto más. Después de algunos oradores, helicópteros sobrevolaron la plaza, en los alrededores un movimiento inusual de camiones del ejército -se calculan 10 mil soldados- y vehículos civiles. Un par de luces en el cielo y la Plaza de las Tres Culturas se volvería un infierno, disparos, caos, bayonetas atravesando jóvenes cuerpos, ráfagas de ametralladoras y fusiles se daban un festín miserable de sangre y dolor. Guantes blancos disparaban a mansalva. El edificio Chihuahua, el 2 de Abril, entre otros, eran ocupados en las alturas por francotiradores, disparan a la ideología, mataban a los jóvenes.

Aniquilar el pensamiento “comunista” era preocupación de la CIA, la obediencia del estado mexicano dio su respuesta con el genocidio de Tlatelolco.

Diez días después se inaugurarían las que fueron llamadas “Olimpiadas de la Paz”, el Diseño y la Arquitectura mexicana llegarían a sus puntos más altos y luminosos -no tendrían la culpa de lo ocurrido-. El diseño de identidad de la Olimpiada estaría dirigido por el inmenso arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, con la colaboración en el diseño urbano del arquitecto Eduardo Terrazas, para el diseño gráfico sería invitado el estadounidense Lance Wyman, para el diseño industrial el inglés Peter Murdoch y en las publicaciones editoriales Beatrice Trueblood, es decir, un equipo multidisciplinario trabajando el diseño de identidad para México 68. La identidad se centró en el valor cultural del país, en su riqueza visual, sonora, en la tradición y pluralidad étnica, conjugando la artesanía del pueblo Wirrárika y el estilo de diseño op art (arte óptico), impregnando lo tradicional y lo moderno.

La iconografía basada en conceptos gráficos reticulados sobresale como un hito del diseño mexicano y mundial, con un concepto gráfico sólido en colores y sencillo en formas indicando instalaciones, eventos deportivos o actividades culturales. Los pictogramas inspirados en conceptos de glifos prehispánicos y siluetas emanadas del número 68, todo bajo el eslogan trabajado y desarrollado meses antes “Todo es posible con la paz”, inocente sería el diseño ante lo que vendría.

El logotipo de la Olimpiada es memorable, Wyman trabajando el concepto de Ramírez Vázquez lograría insertar una de las tipografías más bellas para los juegos, la geometría de los aros olímpicos integrándose al número 68 y la palabra México con un eco visual rítmico circular de manera concéntrica. El diseño estaba ahí extasiado y en su mejor momento, la arquitectura se desbordaba con el Palacio de los Deportes, las Villas Olímpicas, el Gimnasio Juan de la Barrera, el velódromo Agustín Melgar, la pista olímpica, la Alberca Francisco Márquez, entre muchas más obras, así como el acondicionamiento del Campo Marte, el Estadio Azteca, el Auditorio Nacional y el Estadio Olímpico Universitario de la UNAM, que exactos diez días antes de la inauguración del evento estaría de luto junto a cientos de familias por lo ocurrido aquella tarde en la plaza.

El diseño en su mayor producción, integrándose, amalgamándose a la sociedad, al deporte, a la cultura, los jóvenes estudiantes también produciendo carteles, mantas, pintas callejeras, playeras, pancartas, protesta, México 68 fue una explosión de comunicación por medio del diseño tan lúcida como trágica, tan brillante como oscura.

Dos imágenes representan ese año para el diseño mexicano, el vibrante logotipo de las Olimpiadas, tan vivo, lleno de color, exaltante, y la otra el cartón titulado ¿Por qué?, de Abel Quezada del 3 de Octubre en el Excélsior, un rectángulo negro, triste, lleno de espanto y muerte.

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