Opinión

El Sueño de Kirchner / H+D

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Formo parte de una generación diezmada, castigada

con dolorosas ausencias; me sumé a las luchas políticas creyendo

en valores y convicciones a las que no pienso dejar

en la puerta de entrada de la Casa Rosada.

Néstor Kirchner

Desde este extracto de aquel ya mítico discurso de asunción presidencial en el Congreso Argentino de la calle Hipólito Yrigoyen, se podía vislumbrar un político diferente, un presidente argentino diferente, que al final resultaría en un latinoamericano diferente y decisivo para la historia contemporánea.

Argentina venía de seguir al pie de la letra al FMI, las políticas neoliberales del Menemismo (pizza con champagne definirían al riojano), la degradación y la decadencia política, el sometimiento a la sociedad rural y al monopolio mediático, a las recetas de privatización y el incremento en la brecha de la desigualdad social, el estallido incontrolable se produciría aquel diciembre del 2001 con los cacerolazos en la 9 de Julio, la represión del estado, la gran crisis económica y el corralito, De la Rúa huiría en helicóptero desde la Casa Rosada mientras el pueblo exigía respuestas en la Plaza de Mayo.

En ese diciembre habría cinco presidentes en casi dos semanas, el país estaba en quiebra -económica, política y socialmente- algún político del establishment propuso en “dejar de afanar (robar) un año y salimos adelante”, las cosas eran más complicadas que semejante dicho que reflejaba la decadencia y el cinismo de la clase política que había llevado al país a la mayor crisis de su historia.

Desde Río Gallegos en el sur del continente, llegaría Néstor Kirchner, electo en 2003 con el 22% de los votos, a una sociedad apática y un Partido Justicialista que lo arrinconaría para después seguir con las mismas recetas del pasado. Se equivocaban, se equivocó Duhalde y compañía, a Néstor las luchas sociales y políticas en las que participó durante la última dictadura militar y el proceso de desmantelamiento del Estado en los noventa lo habían marcado y le dejarían visiones del país que conocería muy bien, Peronista de sepa junto con su compañera desde la juventud Cristina Fernández serían los sobrevivientes físicos e ideológicos de proyectos truncos por la tortura y la muerte.

Y ahí esta Néstor ese 25 de Mayo de 2003 dando ese discurso que cambiaría a Argentina y a la región, nadie describiría mejor este momento que el gran filósofo José Pablo Feinmann en su columna publicada unos días después en el diario Página/12 llamada “Un Flaco como cualquier otro”, y entonces ahí está un presidente que llega sin nada y empieza a hacer poder y a inventarse a sí mismo. Feinmann menciona que Néstor era sartreano, existencialista puro aunque él no lo supiera, ya que en un punto en la vida de un hombre este debe de determinarse, de inventarse, de tomar una decisión y ser consecuente con ella, en política esto pareciera utópico, “el flaco” llevo esa utopía a realidades no vistas en este continente.

La utopía ante todo es soñar y Kirchner desde el comienzo mencionó; “Vengo a proponerles un sueño: quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero que seamos un país serio, pero, además, quiero un país más justo.” Palabras simples para una práctica política compleja, esa complejidad la fue trabajando basada no en un pensamiento individual o partidista sino en un compromiso colectivo, fue trabajada bajo un sólido proyecto político, bajo la integración de diversas esferas de la sociedad, bajo la ideología de devolver al Estado su función rectora de servir a los intereses del pueblo y de la mayoría, integrando a las minorías sociales y los sectores vulnerables, a la movilidad económica y los mercados internos por medio de regulaciones empresariales en pro de la recaudación transferida a planes sociales y políticas públicas, colocando al Estado como regulador de la economía y ésta en función social, generó la descentralización del poder trabajando en el federalismo, elementos no posibles sin su personalidad, Kirchner fue un político puro, pero sobre ello; un patriota lanzado sin freno a encarar una gesta histórica.

Y Néstor avanza, avanza apoyando incondicionalmente a las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo, poniendo el cuerpo y enjuiciando militares y derogando leyes que los protegían de ser juzgados (derogaron los indultos y las leyes de obediencia debida y punto final), uno de tantos gestos fue su compromiso y defensa hacia los Derechos Humanos y las libertades civiles e individuales. Ahí está desendeudando al país y hablando por primera vez y seriamente acerca de los Fondos Buitre y el nocivo daño de los países desarrollados sobre Latinoamérica, ahí está rescatando social y culturalmente a millones de jóvenes argentinos por medio de la inclusión social y la generación de oportunidades, acompañó a las masas sindicalistas debilitadas que carecían de voz y las fortaleció, encabezó una ideología política progresista y transformadora que el país no vivía desde el Peronismo (en su primera etapa), no dio paso atrás en las diversas alzadas corporativas y sectoriales, paró en seco a Bush y al ALCA, fortalecería la relación entre gobiernos sudamericanos con el Mercosur (en su mayoría gobiernos progresistas y de izquierda).

Con su proyecto político y su capacidad de convocar, Néstor rescató a la política en toda su expresión, enseñó a los jóvenes el camino para la transformación basándose en militancia y compromiso de patria, reinventó una forma de hacer nación que se profundizó con el liderazgo de Cristina Fernández. “De todas estas cosas, tal vez lo más importante es que le hemos devuelto a los argentinos la patria que les habían arrebatado, la identidad, la pertenencia que te hace sentir orgulloso”, comentaría Cristina al mencionarlo en su aniversario luctuoso.

Recuerdo la mañana de su muerte, estaba en mi pequeño departamento de la Calle Tucumán en el barrio del Abasto, ese día miércoles había que quedarse en casa para contestar el censo poblacional, había vivido el Bicentenario argentino y gran parte del proyecto Kirchnerista, esa mañana del 27 de Octubre de 2010 mi compañera de ruta prende el televisor y me dice con una triste y honda sorpresa, murió Néstor. No sé por qué no fui a la Plaza de Mayo esa noche en donde había miles de personas despidiéndolo, ahora todavía aquí me lo pregunto. Me pregunto por qué ese día no fui a la plaza a decirle ¡gracias! a quien en definitiva me volvió un militante, con Néstor me hice un militante y desde ahí soy soldado del pingüino.

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