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Volver a experimentar la fiebre del amor es un deseo que muere al morir la persona

  • Entrevista a Aline Pettersson sobre A la intemperie
  • La posibilidad del amor, es uno de los temas centrales en la novela

Un hombre maduro descubre que su existencia es rutinaria, previsible, carente de sorpresas e incluso de emociones, cuando siempre creyó que su vida estaba muy hecha y era plenamente satisfactoria, colmada de prestigio profesional, seguridad económica, amantes, amigos, eso que algunos llaman buen vivir y otros, hastío. Así podríamos resumir el inicio de la más reciente novela de la escritora mexicana Aline Pettersson (Cd. de México), A la intemperie (Alfaguara, 2014) novela que gira en torno a la figura del escritor Pedro de la Serna, autor consagrado, quien vive solo en medio de sus proyectos, de sus libros, con una gran cantidad de amigos que lo rodean y quién tiene en su hija a su mejor confidente. Sin embargo, los estragos de la edad están empezando a mermar sus capacidades físicas y mentales, justo en el momento en el que la vida la ofrece una nueva oportunidad de enamorarse de Nora, un periodista de cultura, a quien Pedro le lleva una buena cantidad de años. Justo la diferencia de edades, la vida solitaria de Pedro, más los primeros síntomas del deterioro físico, es lo que le hace dudar al autor de entregarse a esta nueva relación.

Novela contada a partir de tres voces narrativas distintas que se yuxtaponen contándonos la historia interna de Pedro, sus miedo, sus angustias, sus triunfos, esos que lo llenan de una gloria efímera, que la primera voz nos va detallando paso a paso. Una autora irónica y crítica con Pedro es la voz primigenia que nos va contando la historia de Pedro, que a su vez está trabajando en una nueva novela, en donde pretende contarnos sobre la sensibilidad del arquitecto Javier Acuña. Metanarrativa por decirlo así, que nos cuenta en el fondo los sentimientos más profundos, más escondidos de los personajes, convirtiéndose así en una indagación sobre la sensibilidad humana, sobre el egoísmo también, sobre la profunda desazón que nos trae la edad y la cercanía con la muerte.

Historia en la que el principio de la decadencia física se asoma a pesar de que el amo también parece llegar a la vida de Pedro, Algo que le interesa indagar a la autora, quién se pregunta si es posible encontrar el amor cuando la vida parece llegar a su final.

Platicamos con Aline Pettersson, autora del libro infantil El papalote y el nopal, libro ganador del Premio Jurado Infantil de la Feria del libro de Caracas en 1986, y de las novelas Casi en silencio, Los colores ocultos y el Hombre equivocado, entre varios libros más que conforman su extensa bibliografía, en la que también se incluyen varios libros de poesía.

Javier Moro Hernández (JMH): Las ideas que dan pie a su novela: el amor, el miedo a envejecer, a la pérdida de la potencia sexual. Son sentimientos comunes, que, sin embargo, sí lo pensamos detenidamente nos diferencian de los demás, pues cada uno los siente, los vive de manera diferente.

Aline Pettersson (AP): Durante años he reflexionado y escrito sobre lo que le preocupa al ser humano durante su vida: amor, desamor, comunicación con el Otro, el paso mismo del tiempo con sus consecuencias alrededor del vigor, la presencia física, la capacidad mental. Y cada quien lo vive a su manera, aunque, finalmente, las conclusiones van a ser semejantes.

JMH: Quería retomar el tema sobre las diferentes dimensiones narrativas que se manejan en la novela: por ejemplo, accedemos al diario de la autora y al mismo tiempo leemos la novela que la autora está escribiendo, cuyo personaje central es el escritor Pedro de la Serna y también podemos acceder a la novela de que Pedro está escribiendo sobre el arquitecto. Son tres niveles narrativos que se leen de una manera con una sencillez aparente, porque debió requerir mucho esfuerzo por parte de usted. Es compleja la estructura de la novela y quería que nos contara sobre ese proceso narrativo.

AP: Puedo decir que el grueso de las novelas que he publicado no es precisamente “grueso”, sino, más bien delgadito. Por razones que desconozco, mi escritura tiende a lo breve. Y a mí me gusta jugar con los espacios narrativos, darle la rapidez que en otro persona quizá sería la descripción, por ejemplo, de un asalto, de una larga pero intensa escena de amor, de un complot. Lo que yo suele hacer a veces es mezclar diversas voces narrativas, diversos temas, diversos espacios. Pero es claro que no me interesa ser hermética, yo quiero compartir con otros mi trabajo de escritura.

JMH: En ese sentido, la construcción narrativa que logra a través del diario de la autora también me parece esencial, pues podemos acceder al proceso de escritura, a la cocina de la escritura, algo que no es imposible como lectores, por un lado, y que nos permite el proceso complejo de la escritura

AP: Sí, supongo que en muchos casos, y, desde luego en el mío, el proceso de escribir es similar, digamos, al proceso de tallar la madera y darle la forma, acabado, en que quizá el comprador de la pieza no se detenga a pensar: sierra, garlopa, martillo, lija, barniz. Si le gusta la comprará y ya. Lo mismo sucede, creo yo, con la literatura, la pintura, etcétera. Se lee, y ya, como si fuera de generación espontánea, pero claramente no es así. Y asomarse detrás de las bambalinas es acercarse el escritor y el lector.

JMH: La posibilidad del amor, es uno de los temas centrales en la novela, ya que vemos que Pedro de la Serna puede encontrar el amor a sus 71 años, a pesar de que haya sido una persona más bien egoísta a lo largo de su vida. Pero esa posibilidad se ve matizada por el miedo a la edad y sus consecuencias físicas, al miedo de no rendir como hombre, algo que al final de cuentas le llenaba de orgullo a Pedro. Amor y miedo son dos caras de la misma moneda en su novela.

AP: Me parece que el tiempo transforma a cada uno y nos lleva a ver la vida de diferentes maneras, por una parte, a ver las cosas de otra forma y, por la otra, de tratar de detenerlo, al menos fantasiosamente. Y también volver a experimentar la fiebre del amor es un deseo que muere quizá al morir la persona.

JMH: Otro tema es justo proceso de escritura, es decir, existe el diario de la autora, en donde vemos las dudas, las preguntas que se va haciendo sobre su personaje, pero también podemos ver a Pedro que sufre y se alegra por el ensayo que está escribiendo. Creo que unos de los subtemas más importantes que aborda la novela es la escritura. No sé si está usted de acuerdo y quería preguntarle sobre este tema: Preguntarse sobre la escritura, sobre su proceso, sobre su importancia

AP: Cada quien nace con ciertas aficiones o ciertas características, o ciertas disposiciones que no siempre se conservan, pero de lo que sí estoy segura es que los seres humanos nacemos con una capacidad creativa que tanto familia como escuela suelen desalentar y muchas veces matar. Pero la necesidad que todos tenemos de buscar respuestas a las preguntas de la vida se resuelve de mejor manera a través del elemento creativo con el que llegamos al mundo que, para mí, fue la escritura.

JMH: Sobre el proceso de escribir esta novela, cómo decidió agregarle el diario de la narradora al final, en fin, como ha llevado a buen puerto este proceso de escritura.

AP: Inicialmente la novela no tenía el diario y yo, cuando la leí después de haberle puesto punto final, sentí que algo le faltaba. Entonces intercalé un diario escrito ex profeso que, desde luego no es mío sino de la narradora de A la intemperie, pero que refleja, como usted dice, la cocina de la escritura.


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Javier Moro Hernández

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