Opinión

Repensar el federalismo / Borrador de futuro

Un poco de historia.

Cuando se construían los cimientos del federalismo en México, en 1823, se evidenciaba un profundo desgaste del centralismo que imperaba, el cual, se decía, no se hacía cargo de los problemas de los gobernados y se traducían en despotismo y arbitrariedad.

Prisciliano Sánchez, citado por Jesús Reyes Heroles, defendía con bastante lucidez que:

El sistema federado divide la nación en estados pequeños e independientes entre sí para todo aquello que les conviene, a fin de ocurrir a sus necesidades políticas y domésticas; más inmediatamente, a menor costo, con mejor conocimiento y con mayor interés que el que pueda tomar por ellos una providencia lejana y extraña cuya autoridad las más veces obra ignorante, o mal informada, y de consiguiente sin tino ni justicia. Pero esta independencia recíproca de los estados en nada debilita la fuerza nacional, porque en ella, en virtud de la federación, rueda siempre sobre un solo eje, y se mueve por un resorte central y común (…) respecto a su gobierno interior se han pronunciado estados soberanos, porque quieren ejercer éste sin subordinación a otra autoridad. Se independen mutuamente para administrarse y regirse por sí mismas, puesto que nadie mejor que ellas pueden hacerlo con más interés, con mayor economía, ni con mejor acierto, y para esto tienen un derecho incontestable.

En esta discusión, Fray Servando Teresa de Mier objeta infiriendo que este impulso al federalismo no es más que una imitación de lo sucedido en Norteamérica, que viene a desunir lo unido. En las Américas los estados separados e independientes se federaron para unirse contra la opresión de Inglaterra; por lo tanto, el contexto resultaría distinto y el impulso al federalismo poco pertinente. En su relato, Reyes Heroles señala que para Fray Servando la apuesta no era por el centralismo, sino por un federalismo pero moderado; asimismo, cita:

Las diputaciones provinciales constituían cuerpos artificiales de demagogos y aspirantes (…) en las más de las provincias apenas hay hombres aptos para enviar al Congreso general; ¡y quieren tenerlos para Congresos provinciales, poderes ejecutivos y judiciales, ayuntamientos etc.,etc.! No alcanzan las provincias a pagar sus Diputados al Congreso central, ¡y quieren echarse a cuestas todo el tren y el peso enorme de los empleados de una soberanía!

Siglo XXI

Evidentemente estas discusiones le dan sentido a la realidad que nos incumbe. El federalismo y sus finos propósitos se han fracturado. La instancia municipal, que por lo demás es la piedra angular de nuestra institucionalidad, ha fallado. Esta instancia más que cumplir su rol de institución más cercana a los problemas y necesidades de la ciudadanía, los ha profundizado. Mal manejo de los recursos públicos, corrupción, inseguridad son problemas que ya no sólo no satisfacen las necesidades del ciudadano, ahora merman su calidad vida.

Lo más grave. Pareciera que el poder de un alcalde es tan grande que ahora le permite decidir sobre el derecho a la vida del otro, del ciudadano que convive, piensa y se indigna.

Esto no sucede en los 2,457 municipios, no. No estamos generalizando. Pero basta con que la vida de 43 personas se vulnere, para indignarnos y cuestionar la institucionalidad que actualmente legitima a alcaldes corruptos, sin ética.

Quienes pensaron y discutieron el federalismo en el Siglo XIX no estaban equivocados. Querían una institucionalidad que propiciara la convivencia social, la prosperidad. Prisciliano Sánchez y su convicción plena por el federalismo, así como Fray Servando y sus advertencias son un ejemplo de lo anterior. Ahora el tiempo es otro. Nuestras instituciones exigen una etapa de creación, de resurgimiento.

Es necesario repensar el federalismo, repensar la constitución, pensar en reglas del juego deliberadas por ciudadanos y para ciudadanos del Siglo XXI. Las instituciones locales, siendo la seguridad el ejemplo más claro, ha fracasado.

Por último, quisiera rechazar enérgicamente cualquier acto de violencia, los cambios no se producen por esa vía. Indignarnos, sí. Manifestarnos, sí. Exigir justicia, sí. Pero además, tenemos el compromiso generacional de repensar el país, repensar las reglas de convivencia que como ciudadanos necesitamos, repensar las instituciones que queremos heredar a nuestras futuras generaciones.

 

Twitter: @ruelas_ignacio

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Ignacio Ruelas Ávila

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