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Orquesta y Coro de Jesús María, experiencias más allá de la música {ESPECIAL}

  • El proyecto cultural se ha convertido en un estilo de vida de los habitantes
  • Música para disminuir los índices de delincuencia y violencia por la ociosidad y la falta de oportunidades, así como para estimular el talento local al desarrollo de sus habilidades

Todas las fotos: Claudia Castro

 

Desde hace 39 años Venezuela cuenta con un sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles fundado por José Antonio Abreu, al que se le llamó “el milagro venezolano”, pues se logró sistematizar la instrucción y la práctica colectiva e individual de la música, a través de orquestas sinfónicas y coros, estos como instrumentos de organización social y de desarrollo humanístico, mejorando el entorno social hasta en áreas de población vulnerable. Ahora con más de 400 mil niños que integran el Sistema es reconocido con numerosos premios internacionales como el de la UNESCO y la Organización de los Estados Americanos, además de ser replicado en más de 30 países.

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En México este sistema fue tomado como base para la creación del Sistema Nacional de Fomento Musical que depende del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el cual busca promover a través de la música, el desarrollo integral de niños y jóvenes para contribuir a la recomposición del tejido social. Mediante capacitación, asesoría y desarrollo de proyectos de enseñanza musical, el sistema ofrece becas y recursos a los estados y municipios que presenten sus proyectos estudiados, ya sea para la creación de orquestas juveniles o de coros infantiles.

Así fue que la Dirección de Cultura y la presidencia municipal de Jesús María se fijaron la meta de crear una orquesta y coro estudiantil de niños y jóvenes oriundos de comunidades alejadas de la cabecera, con el fin de disminuir los índices de delincuencia y violencia por la ociosidad y la falta de oportunidades, mismo que estimula el talento local al desarrollo de sus habilidades.

 

A tres meses de haber iniciado los ensayos de ambas agrupaciones, en el instituto Jesús María A.C. ubicado en la cabecera municipal a la entrada del municipio, La Jornada Aguascalientes visitó a estos jóvenes talentos, que además de contar su experiencia con la música demostraron que el dinero no es el límite para lograr sus metas.

Chicahuales

Al llegar a su casa, en la comunidad de Chicahuales I, Carolina Sánchez Piña nos recibió con su gato en brazos, portando su uniforme deportivo de la Secundaria Técnica Número 10 y acompañada de su madre, Leticia Piña Romo; enfatizó su gusto por la música gracias a sus dos hermanos mayores quienes desde muy jóvenes tocan la guitarra, “ellos son mi ejemplo a seguir y quienes me ayudan con la buena música”.

Aunque Carolina buscaba tocar el violín, en el casting le mostraron la viola, instrumento con el que se quedó en la orquesta, para conocer su sonido y su historia, “desde hace mucho quería tocar algún instrumento de orquesta pero pues por recursos mis papás no podían pagarme una escuela”, una vez que su madre se percatara de la convocatoria no dudó en intentar ser parte del proyecto, “fue bonito quedarme porque para mí la música es reconfortante y además muy interesante de aprender”.

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Confesó que la primera vez que tocó la viola sintió nervios, pues no tenía ningún conocimiento de cómo tocarla, pero al ensayar constantemente con maestros profesionales, comenzó a tener mayor confianza en sí misma y a sentir más fácil las piezas con ayuda de su maestra.

Su madre aseguró que el gusto por la música lo heredaron de sus abuelos, tanto maternos como paternos, “a nosotros siempre nos enseñaron lo importante que es la música, sólo que en aquellos tiempos no había oportunidades como ésta para vivir de ella, yo estoy muy contenta con las autoridades por el esfuerzo que hicieron para tener esta orquesta porque así nos facilitó a los papás para que nuestros hijos pudieran aprender un instrumento”, y es que a pesar de las constantes peticiones que le hacía Carolina por meterla a una escuela de música, la economía familiar no lo permitía, sin embargo, con la propuesta de la orquesta y coro estudiantil de Jesús María sólo tienen que invertir en el transporte de Chicahuales a la cabecera municipal.

Durante estos meses de trabajo musical, Carolina muestra un cambio en su disciplina, “mis tardes son más divertidas porque antes sólo veía televisión o estaba en la computadora”, según su madre en la secundaria ha demostrado que la música es un instrumento no sólo para deleitar por el sonido sino para concentrarse más en sus clases, hacerla más responsable y ordenar sus tiempos, “al principio la veía que se estresaba porque es pesado, va a la secundaria, regresa a comer ve qué adelanta de la tarea y se va a música, ya regresa noche y pues a seguirle con la tarea; ya ahorita ella solita se acomodó”.

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Desde hace 15 años esta familia se estableció en la localidad de Chicahuales, pues el padre compró un terreno para construir su casa, “siempre pensamos que Jesús María sería más tranquilo que la ciudad y pues aquí hemos hecho el trabajo de salir adelante”. A pesar de no contar con grandes recursos económicos, Carolina dijo estar orgullosa de su familia y de cómo han salido adelante a pesar de ciertos obstáculos.

–¿Qué es para ti tocar un instrumento de orquesta?

–“Es muy emocionante tocarlo, he ido a unos conciertos de orquesta donde todos se sientan y disfrutan, se concentran y les sale bien por el estudio que han tenido, yo quisiera también estar una vez sentada en un escenario, tocando ya profesionalmente”.

Margaritas

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Entre casas deshabitadas y un lote baldío, Leonardo Macías Pérez nos abrió la puerta de su hogar con algo de timidez, su madre (emocionada) nos invitó a pasar disculpándose del reducido espacio que era su sala (pequeña casa, pero con un ambiente hogareño muy especial), su padre, Juan Manuel Macías Ruíz, inició la charla agradeciendo que por fin en Jesús María se percataran de que la cultura y las artes son el instrumento base para mejorar la situación social, “esto les ayuda mucho a los chicos porque se van dando cuenta de la disciplina, el orden y la responsabilidad que deben tener como próximos ciudadanos”.

Aunque Leonardo es un adolescente de pocas palabras mostró su entusiasmo por la trompeta, instrumento al que desde muy niño observaba por su figura y sonido, “al principio me costó trabajo porque pues yo nunca había agarrado un instrumento, ahorita ya voy aventajadillo con las prácticas que hacemos, ya se me quitan los nervios cada vez que toco”, al igual que Carolina, este joven cambió su ritmo de vida al entrar a la orquesta, dividiendo sus tiempos entre la escuela y la música, “a veces me canso mucho pero tampoco puedo descuidar la secu, nunca falto con mis tareas, porque eso también nos enseñan en la escuela de música, a no dejar pendientes”.

Además de enseñarles a tocar el instrumento, se les indica cómo leer las partituras, teniendo hasta la fecha, piezas ensayadas como Minuet, El niño del tambor, Jingles Bells y la Segunda Marcha de Haendel. A pesar de que los grupos son variados en edad y género, Leonardo señala que, en el caso de la trompeta, todos se integraron desde el primer ensayo, “muchos estamos ahí porque queremos llegar a ser grandes, yo seguiré preparándome para poder entrar a la OSA”.

Su madre asegura observar un cambio muy visible en Leonardo, “es más seguro de sí mismo, ya no pierde el tiempo en la computadora y me entrega mejores calificaciones, estoy muy contenta porque es una manera de darles algo más como herencia”, considerando la cultura y la música es vital para cambiar una sociedad, por lo que celebran el atinado programa por parte del municipio , “ya se está sembrando una buena semilla, lejos de que se descuide a la juventud, se les empuja a mejorar y evitar la delincuencia y la ociosidad”.

Con un padre mecánico y una madre ama de casa, Leonardo agradeció el esfuerzo que hacen día a día para poderlo llevar a la cabecera todos los días por las tardes, “hay veces que le batallamos pero siempre mi papá tiene una manera de llevarme, se los agradezco porque no quiero dejar la música”.

Gracias a Dios

Sobre la carretera hacia Calvillo, en el crucero Gracias a Dios se encuentra un pequeño local blanco que acoge a la familia Esparza Martínez, conformada por un papá, una mamá, dos gemelos de diez años y un niño de nueve años; todos los días esta familia trabaja arduamente para salir adelante con los gastos comunes, teniendo una característica especial que todos son músicos.

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El padre de esta familia, Cruz Esparza Jiménez, además de ser el zapatero de la zona, es el organizador de los coros de las iglesias y amenizador de muchas de las fiestas de las comunidades cercanas, todo junto a sus tres hijos y hermano, “desde que los traía en el portabebé se les veía el gusto por la música porque en lugar de ponerse estresados y llorar por el escándalo de las fiestas, estaban bien despiertos escuchando todo”; al percatarse de la convocatoria para la orquesta y coro del municipio, sus hijos le pidieron que los llevaran a hacer el casting, quedándose los gemelos para instrumentos y el menor para coro.

Siendo muy corto en palabras y en tono de voz, el menor de los hermanos dijo que seguirá buscando que lo pasen a la trompeta, aprovechando los descansos de las clases para pedirle al maestro de trompeta tips para aprender el instrumento, “desde el kínder me pedía que le comprara una trompeta de banda de guerra, le compre una chiquita y ahí lo veíamos por todos lados con su trompetita toque y toque”.

Uno de los gemelos, Emmanuel Esparza Martínez eligió el clarinete a pesar de que no conocía su manera de tocarlo, “cuando estaba chiquito me gustaba mucho la batería pero se acabaron los platillos y ya no hubo dinero para comprar otros así que busqué otros instrumentos”, desarrollando su habilidad con los instrumentos de viento y cuerdas como la guitarra, a la cual se enseñó sólo con observar a su padre y a su tío.

Cruz estudió dos años en la Escuela Diocesana de Música Sacra en donde creó varios coros en las comunidades de Tapias Viejas y Milpillas, sus hijos han participado en algunos festivales cantando y tocando algunos instrumentos, inclusive hace dos años se presentaron en la Feria de los Chicahuales en la Plaza del Mueble, “la música para nosotros es felicidad”.

Para Ángel Eduardo Esparza Martínez el trombón es un instrumento difícil porque es de vara y mucho de su uso es “al tanteo” pero es un reto para él lograr aprender a usarlo a la perfección, “el sonido, la forma, todo me gusta del trombón, la primera vez que lo toqué sentí nervios y poquita desesperación porque no sabía cómo usarlo pero ahorita ya voy avanzando”.

Además de sus ensayos comunes en la escuela (de lunes a viernes) estos tres hermanos ensayan los sábados y domingos en casa gracias ya que por el trabajo de su padre cuentan con varios instrumentos como flautas, violín, guitarras, un bajo sexto, entre otros; como su hogar se encuentra alejado de la cabecera municipal, los niños casi no tienen contacto más que con personas cercanas a la comunidad y sus compañeros de escuela, por ello se enfatizó en que este proyecto, además de todo lo que se ha dicho de la música, funciona como diversión e interacción entre la población de todas las localidades de Jesús María.

La dificultad en materia de recursos económicos es frecuente, pero el padre aseguró que aunque tenga que trabajar las 24 horas del día no dejará de llevar a sus hijos a música, a la familia Esparza Martínez le cuesta 25 pesos por cada uno el transporte, sumando un total de 375 a la semana y mil 500 pesos al mes, “hay veces que ya no sé ni cómo hacerle porque se me juntan con otros gastos diarios pero vale la pena porque esto de alguna manera es lo que les puedo dejar de herencia, el día de mañana quién sabe si esté yo o su mamá para mantenerlos”, interrumpiendo a su padre, Emmanuel exclamó estar planeando hacer un grupo musical para tocar en lugares y sacar dinero para ayudar a sus papás.

“Hay algo que he escuchado de otras personas que coincido: si un niño es pobre de material, con la música (en este caso la orquesta y el coro) lo conviertes en rico espiritual, porque la música abre el camino de cualquier ser humano”.

La Cañada

Ya más cerca a la cabecera municipal, llegamos a una tienda de abarrotes con unión a una casa habitación, el hogar de Yesenia Calzada Rodríguez, una jovencita de trece años muy introvertida, de voz tenue y con mirada tímida; sin tener conocimiento de música ni de algún instrumento orquestal, ella buscó ser parte de la orquesta en el violín.

Su padre, Francisco Calzada, reconoce que tuvieron que cambiar ciertas cosas en casa para llevarla y recogerla, pues Yesenia le ayudaba más tiempo en la tienda y ahora entre él y su esposa la atienden, sin embargo, agradecieron la oportunidad que le dieron a su hija pues con las clases ha logrado ser más segura, tener más confianza al hablar con las personas y a elevar sus calificaciones.

La timidez de Yesenia le costó que en clases tuviera más trabajo para el aprendizaje del instrumento, pues habla y pregunta poco, “me costó un poco de trabajo adaptarme pero mis maestros son muy pacientes y mis compañeros también me ayudan”, convirtiendo una clase musical en enseñanza vestida de diversión.

Nervios, emoción y felicidad fueron las palabras que la joven habitante de La Cañada, Jesús María, respondió al cuestionarle qué era la música para ella, resaltando que no dejará de ensayar hasta que no se equivoque y pueda convertirse en una violinista profesional.

Cabecera municipal

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Entre la tranquilidad de las localidades alejadas, llegamos a la movida cabecera municipal en la zona centro, a un local de ropa infantil donde nos encontramos a Marilú Narváez Gómez, una niña de no más de 1.40 metros de altura, tez blanca y cabello castaño claro, con una sonrisa nerviosa muy marcada; acompañada de su madre y hermanos menores que también hicieron casting para el coro, pero no fueron seleccionados.

A pesar de su edad y estatura, buscó como instrumento el violonchelo, mejor conocido como chelo, instrumento de la familia del violín pero con un tamaño mucho mayor a él, “a mí me gusta el violín, la viola y el chelo pero de los tres me quedo con el chelo porque su sonido es único”, mediante experimentos musicales, esta niña logró aprender a tocarlo con mayor rapidez a sus compañeros, donde se destacan dos secciones: los mayores de edad y las niñas y adolescentes.

Antes de estar en la orquesta tomaba clases de inglés y ballet, actividad que no deseaba mucho pero que a falta de escuela de música, encontró un acercamiento con ella a través de la música clásica hecha danza, “es que no hay otros lugares donde den clases de música en Jesús María por eso mi mamá me metió a danza pero me gusta más el aprender un instrumento”.

Para la madre, Angélica Gómez Tiscareño, esta fue su oportunidad de darle lo que tanto pedía su hija, coincidiendo con otros padres de familia sobre que la música puede ayudar a que sus hijos tengan un mejor futuro y a su vez que el municipio cambie en materia de seguridad y la violencia, “hemos vivido siempre aquí y hemos visto sus altos y bajos del municipio, sí hace falta que a través de la cultura y la música hagan un cambio en la gente porque a veces llegamos a ser muy fríos y nos olvidamos que estamos en una sociedad donde todos deberíamos de ayudar en lugar de afectarnos”.

Marilú subrayó estar más que animada pues durante las reuniones familiares escucha a otros primos que quieren aprender igual que ella para formar un grupo y dedicarse a la música, “sé que estamos chicos todavía pero si empezamos desde ahorita podemos llegar a ser grandes”, agradeciéndole a sus padres el apoyo que se le ha brindado ya que dijo conocer otros excompañeros de la orquesta que sus padres dejaron de llevarlos a las clases a pesar de que ellos no querían dejarlas.

Voces a favor

Hicimos un pequeño sondeo con los vecinos de la cabecera sobre el proyecto y sus expectativas, donde se destacaron los siguientes comentarios:

Comerciante de piñatas, 57 años de edad: “Está bien padre esto de la orquesta y el coro porque nuestros niños y jóvenes crecerán más y así no tendremos tantos vagos haciendo maldades, yo que hubiera querido tener eso en mis tiempos de morrillo.”

Vendedora de gorditas, 49 años: “los vimos en el aniversario y nos quedamos con el ojo cuadrado, muchos de esos muchachitos son de familia como la de nosotros, sin recursos y que algunos incluso han llegado a robar por hambre, pero me da gusto que estén haciendo algo de provecho.”

Transeúnte, 37 años: “ya todos en Chicahuales nos enteramos de este proyecto y nos pareció excelente porque sabemos que le darán otra cara al municipio que nos lo tenían tan abandonado, y es que no sólo cambian las vidas de los niños y jovencitos que están en él, sino de todos nosotros que los veremos y que presumiremos que tenemos una orquesta y un coro.”

Los maestros

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Aunque cada uno de los docentes del proyecto cuenta con su particular estrategia de enseñanza, todos parten de dos bases, la primera es ganarse la confianza de los estudiantes y la segunda, mantener una convivencia e interacción entre el grupo, “trataremos de mantener ensayos sorpresas en grupo, por secciones y uno general, para que no sólo se hagan individualistas, sino que aprendan a trabajar en equipo”, enseñando a la par valores como el respeto, la disciplina, la humildad, el compañerismo y la puntualidad.

Todos tienen la expectativa de que con el cambio de gobierno no se pierda el proyecto pues más allá de resaltar y presumir el nombre del alcalde actual o del director de Cultura, la Orquesta y Coro estudiantil es ahora un estilo de vida y una forma de salir adelante para cientos de familias del municipio.


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Itzel Acero

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