Opinión

Cuello blanco, mente negra / Análisis de lo cotidiano

El escandaloso asunto del fraude de Ficrea ha reabierto una vieja herida que nunca ha terminado de cicatrizar, el daño a la confianza. El fraude cometido por una o varias personas que tienen el dinero de otros en sus manos ya ha dejado de provocar asombro desde hace muchos años. Ya se ha vuelto cotidiano. En el mejor de los casos produce rabia, desaliento y frustración. La Quina fue enviado a la cárcel de la cual salió viejo y enfermo sólo para morir, pero sus millones quedaron intocados. Le sucede en el cargo Romero Deschamps y la historia se repite, el señor vive como rey y sus hijos se encargan de desafiar al mundo ostentando su riqueza en medios sociales. Elba Esther la eterna líder magisterial, Granier el gobernador de Tabasco, Mario Villanueva exgobernador de Quintana Roo, los hermanos exgobernadores de Coahuila y muchos, pero muchísimos más han sido criticados, expuestos y algunos hasta han ido a parar a la cárcel. Pobre consuelo, porque sus fortunas siguen intocables. Para mayor confirmación del caso, recientemente Raúl Salinas de Gortari ha sido perdonado, salió de la cárcel y además se le regresará la fortuna que hizo manejando Conasupo. El defraudador es el delincuente con el mayor grado de impunidad que existe en este país. Tal vez también lo sea en otras naciones, pero estamos hablando de nosotros. La eminente criminóloga argentina-mexicana Hilda Marchiori en su libro Personalidad del Delincuente dedica un amplio capítulo al defraudador. A ella en particular le ha incomodado mucho este maleante, precisamente por su elevado grado de intocabilidad. Lo describe como inteligente, en ocasiones superdotado, hábil para reunir información, seductor, convincente, sagaz, líder y sumamente adaptable. El timador suele vivir en sociedad haciendo un papel muy aceptado, acostumbran ser amistosos, buenos anfitriones, con facilidad para mezclarse en diferentes clases sociales y hasta generosos. Cuando realiza alguna obra de caridad, éstas son grandiosas, usan sus abundantes recursos para donar un hospital o equiparlo, un orfanatorio, un parque y el requisito es que siempre tienen que hacerlo rodeados de prensa y fotógrafos (Elba Esther estuvo a punto de regalar 100 hummers). Se trata de que las buenas acciones se vean. Necesita imperiosamente mostrarse como rico porque su carencia esencial es esa, la intolerancia a ser vistos como pobre. Usa su inteligencia como arma de poder y sienten que todo aquel que no tenga su misma capacidad intelectual, merece ser abusado. “Por menso, para que aprenda, para que se le quite lo tarugo”. Cuando el líder o funcionario procede del arroyo, se enriquece obscenamente porque considera que “la sociedad se lo debe” a él que logró salir de la miseria y demostrarle al mundo que es mejor que todos. Cuando viene de familias ya ricas, entonces está convencido de que se lo merece, precisamente porque le viene de linaje. “Todos mis antepasados han sido ricos, entonces yo también tengo que serlo. A como dé lugar”, y por lo mismo no existe el sentido de culpa. El defraudador es amoral, nunca siente arrepentimiento por lo que hace ya que lo considera justo y lógico. Su personalidad es una variedad de psicopatía. ¿Cuál es el mensaje para mí, mi familia y mis seres queridos? Aléjate de los defraudadores, aprende cuando hayas sido engañado, huye de las promesas de enriquecimiento fácil y rápido. Sé generoso sin ostentación y disfruta de tu riqueza verdadera, la que no tiene que ver con el dinero, el amor, tu salud, tu trabajo. Y tendrás paz.

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Héctor Grijalva

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